Capítulo 6

1469 Words
Mercy me trajo a casa y agradecí que mi madre todavía no volviera de casa de los abuelos, el sábado, daba clases en una fundación a adultos que no sabían leer y escribir ella nunca quiso dejar de trabajar, era maestra de primer grado y lo hacia porque le apasionaba la docencia, no porque lo necesitara y cuando yo era pequeña, odiaba que pasara más tiempo con los niños del colegio que conmigo, pero cuando fui creciendo, me di cuenta de lo importante que era para ella tener un trabajo que le diera satisfacciones personales, más allá de ser madre y ama de casa. Subí directamente a mi habitación, necesitaba darme una ducha y cambiarme de ropa, sentía el traje de baño pegado a la piel y una gran irritación en mis genitales por la sal y la arena. Apenas entre en el baño y me desvestí, me miré al espejo y me sentía fatal, tenía el cabello alborotado y las mejillas rojas, otra vez había olvidado colocarme bloqueador solar. Tenía tantos grumos de arena pegados a la piel que se confundían con las pecas de mi espalda y de mi pecho, intenté sacudirme un poco antes de meterme bajo la regadera, pero al sacudir mis senos mis pezones se pusieron duros y se me hincharon de la nada. Seguí sacudiéndolos para que volvieran a la normalidad, pero nada pasaba. Al contrario, parecían hincharse más y la fricción que ejercían mis dedos sobre ellos me hacían sentir un ligero escalofrío en la espalda que recorría mi columna vertebral. Llevé una mano a cada uno de ellos y comencé a presionarlos un poco, masajeándolos, en un principio pensé que haciendo eso lograría que se deshincharan, pero solo conseguí que el escalofrío se volviera más intenso y placentero. Me metí bajo la ducha y el agua empezó a deslizarse por mi cuerpo, yo no podía parar de acariciar mis senos, era algo nuevo para mí. Usé mis manos para frotar mi cuerpo, intentando que toda la arena se fuera con el agua, y abrí mis labios vaginales para aliviar un poco la rozadura que había hecho la sal en mi entrepierna y sentí que un extraño flujo viscoso salía de mi v****a; usé mis dedos para lavar entre mis pliegues y ante cada roce mi cuerpo comenzó a reaccionar. Era una sensación extraña, una mezcla de emociones invadieron todo mi cuerpo, era tan placentero que no podía dejar de hacerlo, cerré los ojos y dejé que mis dedos continuaran deslizándose entre mis labios, mi vulva palpitaba cada vez más rápido. Tuve que apretar mis piernas para contener la fuerte sacudida que sentí cuando el placer llegó al límite máximo que mi cuerpo podía soportar e inexplicablemente, mi boca pronunció su nombre…Carlos Ese hombre maravilloso que me había salvado de morir ahogada, se había mudado a vivir en mis pensamientos y descubrí que mi despertar s****l, había llegado. Ahora entendía perfectamente lo que Mercy sentía cuando se tocaba pensando en el profesor y pensé en lo maravilloso que sería que mi primera vez, fuera con un hombre como Carlos. Terminé de ducharme y me puse una camiseta sin ropa interior debajo, quería seguir explorando mi cuerpo, hasta ahora había descubierto la forma de tocarme de una manera casi inconsciente, o por coincidencia y quería, necesitaba experimentar cada sensación que pudiera sentir ante el roce de mis manos. Le puse seguro a la puerta, no quería que mi madre me descubriera masturbándome, me recosté sobre la cama y me quité la camiseta, estaba lista para conocer mi cuerpo y todo el placer que podía sentir, cerré mis ojos, pensé en Carlos y puse mis manos a la obra. Apenas logré ponerme la camiseta antes de quedarme dormida después de varios orgasmos, no podía creer lo adictivo que podía ser auto complacerse, lo dejé hasta que mi cuerpo ya no pudo más. Cuando abrí los ojos ya había oscurecido, tenía una manta encima así que supuse que estaba tan agotada que no escuché a mi madre y abrió con su llave, para ver que estuviera bien. Sentí un poco de vergüenza al recordar que estaba denuda bajo la camiseta y también cuando me llevé la mano a la cara y sentí un suave pero peculiar aroma en mis dedos, producto e mis fluidos. Esperaba que mi mamá no lo hubiera notado, porque me moriría de la vergüenza. Revisé el móvil y tenía varios mensajes y llamadas perdidas de Mercy, seguramente estaba preocupada por mí y yo había puesto el teléfono en silencio para que nada interrumpiera mi encuentro con la sexualidad. Lucy «Lo siento mucho nena, me quedé dormida. ¿Todo bien? ¿No se dio cuenta tu mamá de que saliste?» Mercy «¡Ay Cariño! Qué bueno que contestas, estaba muy preocupada por ti, te marqué y no contestaste, y en tu casa parecía no haber nadie que me dijera que estabas bien» Lucy «Amiga, es el día de descanso de la señora del servicio y mi hermano cuando se va de fiesta, puede volver tres días después, ya lo sabes, me quedé profundamente dormida, hasta mi mamá tuvo que usar su llave para entrar en mi cuarto porque no la escuché.» Mercy «Me alegro de que estés bien, afortunadamente nadie se dio cuenta de nada, mañana es nuestro último día libre, el lunes iremos al colegio así que será mejor que descanses» Lucy «Tengo algo que contarte, pero mañana no hay manera de que nos veamos, mamá estará en casa todo el día y si le digo que voy contigo, me encerrará en el armario para que no salga.» Mercy «Lo sé, creo que va a pasar mucho tiempo para que las cosas vuelvan a ser como antes» Lucy «¡Vamos! Solo tenemos que demostrarles a todos que ya no somos unas niñas, que hemos madurado» Mercy «Se dice muy fácil, pero la mala suerte nos persigue, ya ves, solo íbamos a surfear un rato y estuviste a punto de morir» Lucy «Yo estoy feliz de que eso pasara, de lo contrario, no hubiera conocido a Carlos» Mercy «Amiga, no te ilusiones mucho, es un hombre mayor, no creo que se interese en una jovencita» Lucy «Yo podría decirte lo mismo de tu profesor y llevas dos años tocándote en su honor, ¿Por qué no podría yo hacer lo mismo?» Mercy «¡Lucía Ferrer! Repite eso que acabas de escribir y no le pongas la culpa al auto corrector del móvil» Lucy «Te lo diré mañana, muero de hambre, bajaré a ver que hizo mi madre de cenar, ¡Chao Cariño!» Sabía que dejar a Mercy con la duda no era buena idea, cientos de mensajes y llamadas perdidas me esperaban, pero estaba disfrutando esta vez, ser yo la protagonista y no la mejor amiga, aunque eso no me molestaba, y sabía que a ella tampoco, nosotras éramos como nuestras madres, que incluso, se casaron el mismo día para disfrutar juntas del día más feliz de sus vidas. Me lavé las manos y el rostro y me puse un pijama para bajar a la cocina, olía delicioso, al estofado especial de mi madre, cuando entré estaba lavando los platos. —¡Hola mamá! — dije, le di un beso en la mejilla y me alejé antes de que me abrazara y me diera uno de esos abrazos asfixiantes que solía darnos a mi hermano y a mí. —¿Todo bien cariño? Estuve llamando a tu habitación, tuve que entrar porque no respondías y tampoco contestabas el móvil. —Estoy bien. Solo estaba cansada, y supongo que por eso no te escuché, espero no haberte asustado. —Sí, me asustaste un poco, ¿Estás segura de que no quieres hablar de algo conmigo? Me asusté porque pensé que se había enterado del incidente en la playa. —Sí, estoy segura que no tengo nada que decir ¿Tú tienes algo que decir? —Sabes que puedes confiar en mí ¿Verdad? Y que me puedes contar todo lo que te pase. —Mamá me estás asustando ¿Pasa algo que yo no sepa? —No cariño, solo quiero recordarte que siempre estaré aquí para ti. ¡PARA LO QUE SEA! — recalcó la última frase — Nena, si tienes dudas sobre la sexualidad… —No mamá, no te preocupes, no tengo ninguna duda— Me puse nerviosa, tomé unas galletas y un vaso de leche y hui de la cocina, para evitar que siguiera la conversación por ese rumbo. Volví a mi habitación, me avergoncé porque supuse que mi mamá se dio cuenta de lo que había hecho, pero no era algo de lo que quería hablar con ella, vi todas las llamadas perdidas y mensajes de Mercy y lo apagué, esa noche solo quería pensar en él.
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