capitulo 09

1271 Words
Al llegar, encontré a mi madre con la mirada perdida, visiblemente angustiada. Corrió hacia mí y se refugió en mis brazos con un suspiro de alivio. La mujer que nos había saludado con una reverencia permanecía en la habitación, esperando nuestras palabras. Cerré la puerta tras de mí, buscando la máxima privacidad posible. _Oh, querido, ¿qué haremos?. mi madre sollozó entre lágrimas. _Madre, no comprendo nada. Por favor, explícame qué ha ocurrido, le pedí, tomando asiento en una de las sillas del despacho. _Tu padre, incluso después de muerto, nos acarrea problemas, suspiró mi madre, su mirada cargada de preocupación se posó en la mujer embarazada que permanecía de pie, emanando un aire de superioridad. _ marques de Lancaster, le pido disculpas por presentarme de manera tan inesperada en vuestra casa, pero no me ha quedado otra opción, el hijo que llevo en mi vientre es de vuestro padre lo dijo con voz fría e inquebrantable revelaba una determinación Sus palabras se clavaron en lo más profundo de mi ser. _No habría acudido hasta aquí si tu padre no hubiera fallecido, declaró con frialdad que me dejó sin aliento_ solo he venido aquí para reclamar lo que nos pertenece, se que el hijo que espero es ilegítimo pero se merece el mismo trato que mis hermanos al ser un Lancaster así lo habría deseado el ya fallecido Márques Me mantuve en silencio, observando a la mujer frente a mí con una mezcla de incredulidad y desprecio. Su confesión me golpeó como un rayo, dejando al descubierto una verdad que nunca imaginé. Era la amante de mi padre y ahora afirmaba estar esperando a su hijo. No podía creer lo que estaba escuchando. Había existido una historia entre ella y mi padre, una relación que se había ocultado a los ojos de todos y mi madre al parecer estaba al tanto de todo. Yo sabía que mi padre tenía un amorío, pero nunca creí que fuera tan serio. Mis padres y mi madre habían sido parte de un triángulo emocional que ahora acarreaba consecuencias. _Mery, repetí su nombre con una voz fría y distante. Es difícil para mí aceptar lo que dices. Comprendo que estás pasando por una situación difícil y que el bienestar de tu hijo es una prioridad. No puedo negar que estas afirmaciones me han tomado por sorpresa, pero asumo la responsabilidad de asegurarme de que este niño reciba lo que le corresponde. Sin embargo, necesito tiempo para reflexionar y obtener pruebas sobre la veracidad de tus palabras. La mirada fría de la mujer se encontró con la mía mientras absorbía mis palabras. Un silencio tenso llenó la habitación, interrumpido únicamente por los sollozos de Mery. Mi madre, en medio de su angustia, permanecía en silencio, incapaz de negar las acusaciones lanzadas hacia ella. La situación se volvió aún más tensa cuando Mery, con una mezcla de desesperación y rabia, dirigió su voz hacia mi madre _ usted no dira nada!.. ambas sabemos que compartíamos al mismo o hombre estaba al tanto de nuestra idilio que duró años la misma edad que tiene Harriet en este momento. Mis ojos se posaron en mi madre, sentada en silencio, con lágrimas deslizándose por sus mejillas. Su dolor y confusión eran palpables, y pude ver cómo luchaba por asimilar las revelacion. _ va a negar que fue en reiteradas oportunidades a la casa que mando a construir el Márques para mi nuestros hijos a pedir que pusiera fin a mi vínculo con el Márquez. Las lágrimas de Mery eran una mezcla de dolor, indignación y angustia contenida. Miré a mi madre, cuyos ojos estaban llenos de lágrimas reflejaba una mezcla de dolor y culpabilidad. _ ¿Madre no dirás nada? y con voz solemne por fin hablo _ si estaba al tanto del idilio que tenía vuestro padre con esta mujersuela, comenzó hace muchos años en esta misma casa, ella fue una de nuestras doncella, creí que se acabaría el día que la despediría pues era habitual en vuestro padre enredarse en las sábanas de alguna mujer de la servidumbre, pero no fue así el Márquez continuo visitandola hasta construyo una casa en las afueras para continuar en secreto con su infidelidad. en los primeros años nació el primer hijo ilegítimo, su padre le brindola misma educación que a vosotros. todos estos años le duplique a tu padre y a esta mujer que diera por terminada su relación, que la sociedad tarde o Temprano de daría cuenta. pero continuo así por muchos años. En ese momento, todo lo que conocía y creía sobre la relación de mis padres se vio sacudido hasta los cimientos. Le dirigí a Mery una mirada fría y decidida, dejando claro que entendía su posición en ese momento. Sin embargo, le dejé en claro que no podía hacer nada hasta que fuera oficialmente nombrado sucesor de mi padre. Le pedí paciencia y discreción para resolver este enredo, y que se mantuviera alejada de nuestra casa. Mery aceptó mis palabras, pero a cambio de su silencio, hizo una demanda inesperada: quería ver a mi padre en su lecho de muerte antes de marcharse. A pesar de la oposición de mi madre, quien no estaba del todo contenta con mi decisión, no había otra opción en ese momento. Mi padre yacía muerto, y ella solo anhelaba despedirse de él. Mi madre protestó a regañadientes, pero finalmente aceptó mi determinación. Aunque no estaba satisfecha con la situación, entendió que era necesario concederle ese último adiós a Mery. Luego de tres días intensos de duelo A mi padre se le brindó un entierro digno de un marqués. Su ataúd era acarreado en una carroza fúnebre, mientras su familia más cercana caminaba detrás de ella. La nieve comenzaba a caer con cada paso que dábamos, sintiendo el crujir bajo nuestros pies, interrumpido por los sollozos de mi madre y mi hermana. Al llegar, el clérigo, Philippa y la mayoría de nuestros empleados estaban allí para rendirle sus respetos. El clérigo inició su discurso sobre la bondad de mi padre, y poco a poco se dio por terminada la hora final de su vida. Esa misma tarde, mi familia se retiraría a nuestra casa de campo en el condado de Lancaster. Philippa también se marcharía, y no la volvería a ver. Sin embargo, no me sentía preparado para dejarla ir, especialmente ahora que era mi único consuelo. Caminé con determinación hacia sus aposentos mientras ella terminaba de armar su baúl. Entré sin dar aviso y, para mi sorpresa, la encontré solo en ropa interior, mientras la doncella intentaba amarrarle el tedioso corsé. brindarle a mi padre un entierro digno de un marqués, su ataúd fue llevado en una carroza fúnebre, con su familia más cercana siguiendo en silencio. La nieve caía con gracia, marcando cada paso que dábamos, mientras el crujir bajo nuestros pies se entremezcló con los sollozos de mi madre y mi hermana. Al llegar, el clérigo, Philippa y la mayoría de nuestros empleados se encontraban allí para rendir sus respetos. El clérigo comenzó su discurso, elogiando la bondad de mi padre, y gradualmente concluyó la última hora de su vida. Esa misma tarde, mi familia se retiraría a nuestra casa de campo en el condado de Lancaster. Philippa también emprendería su partida, y no la vería de nuevo. No obstante, no me sentía preparado para dejarla ir, especialmente ahora que era mi único consuelo. Con determinación, me encaminé hacia sus aposentos mientras ella finalizaba de armar su baúl. Entré sin previo aviso y, para mi sorpresa, la encontré solo en ropa interior, mientras la doncella intentaba ajustarle el tedioso corsé.
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