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El deseo... la obsesión del marques

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Blurb

En la oscuridad de la noche, emprendí mi arriesgada travesía hacia el otro extremo de la mansión. Con cada paso sigiloso, el suspense se adueñaba de mí. Vestida únicamente con un delicado camisón de algodón blanco, mis pasos se deslizaban sin hacer el menor ruido, como si el suelo mismo conspirara en mi favor.

Cruzaba el pasillo iluminado apenas por la tenue luz de la luna con temor de ser descubierta. Respiré profundamente al llegar sin ser descubierta a las afueras de la puerta de Harriet, giré el pomo de la puerta. Pero para mi sorpresa, mis ojos se encontraron con la figura de Percival, sentado en una silla junto a la cálida luz del fuego. Bebiendo de una copa, su mirada se levantó al notar mi presencia.

El tiempo pareció detenerse mientras nuestras miradas se encontraron. Mi cuerpo se congeló, atrapado entre el miedo. Percival, sorprendido por mi audaz incursión en su santuario privado, dejó escapar un suspiro entre sorprendido e irritado. Se puso de pie y dio unas cuantas zancadas hasta quedar a escasa distancia.

_ Me miró de pies a cabeza, respiró profundo y con voz gélida me dijo _ En la escuela para señoritas, ¿no te enseñaron a no irrumpir en la habitación de un hombre soltero? _ Lo... Lo... Lo _ tartamudeé; me pasaba cuando estaba realmente nerviosa. _ Lamento, no quise hacerlo. Creí que era la habitación de Harriet. _ No te creo_ me dice mientras da un paso más hacia mí con intimidación. _ Conozco a las de tu clase. _ ¿Qué clase de persona cree que soy, mi lord? _ A la primera oportunidad, eres capaz de meterte en la habitación de un hombre para asegurarte un futuro próspero._ Tomando un mechón de mi cabellera y acomodándolo detrás de mi oreja

ardi de coraje al oír sus palabras, levanté mi mano y le di una bofetada_ ¡usted no me conoce!_ le dije apretando mis dientes para no gritarle.

El Tocó su rostro miro enfadado dando un paso más hacia mi, intente abrir la puerta, pero este con fuerza volvió a cerrarla con fuerza haciendo un estruendo ruido

_ dio un fuerte suspiro intentando mantener la calma_ ¿crees que te irás sin pedir disculpas?.

_ no tengo por qué hacerlo _ le dije con voz altanera_ es usted el que me debe una disculpa a mi lord.

_ es usted quien irrumpio en mi habitación estando semi desnuda_ mirando mi camison que no alcanzaba a cubrir mis tobillos y mis pies de escalzo

_ avergonzada por sus palabras cubrí mi cuerpo con mis manos _ déjame ir, le suplique, mi cuerpo comenzó a temblar aún más.

_ este nego con la cabeza, al parecer disfrutaba verme rogar por clemencia_ vamos señorita Berkeley solo disculpese y la dejaré marchar.

Estaba a escasos centímetros de mí, sentía su aliento rozando mi piel ,su presencia me envolvía de manera intimidante. Cada inhalación compartida envuelto en un aroma a alcohol y un matiz misterioso que me desconcertaba. Era una mezcla cautivador.

_por favor mi lord déjame ir_ le suplique en apenas un susurro

Justo antes de que pudiera pronunciar otra palabra, unos pasos decididos resonaron fuera de su habitación. Él me hizo una señal para que guardara silencio, y en ese instante, un golpe fuerte resonó en la puerta, haciendo que mi corazón diera un brinco en mi pecho.

_ ¡Percival!.. ¡ estás ahí! _ era el prometido de harriet._ ¡percival!_ volvió a golpear y movió un poco la perilla.

Percival y yo nos miramos con temor, conscientes de que si alguien más descubría mi presencia allí, sería mi perdición. Él rápidamente tapó mi boca y se deslizó sigilosamente detrás de un biombo. Mi cuerpo quedó pegado a la pared mientras él me protegía con su cuerpo.

_"¡Percival, estás aquí!" se escuchó la voz masculina desde afuera. "Dónde estará... Posiblemente ya se fue a divertir con alguna criada", sus palabras resonaban cada vez más cerca de nuestro escondite. Percival me apretó con más fuerza, mientras mis latidos se aceleraban, rezando para que no nos descubrieran.

Desde mi garganta quiso salir un chillido, pero Percival tomó mi rostro con sus manos y selló sus labios con los míos. En ese instante, el silencio se hizo absoluto y sentí cómo mis piernas comenzaban a flaquear

Ardí de coraje al oír sus palabras, levanté mi mano y le di una bofetada. ¡Usted no me conoce! _ le dije apretando mis dientes para no gritarle.

Él tocó su rostro mirando enfadado, dando un paso más hacia mí. Intenté abrir la puerta, pero él con fuerza volvió a cerrarla con estruendoso ruido.

Dio un fuerte suspiro intentando mantener la calma. ¿Crees que te irás sin pedir disculpas?

_ No tengo por qué hacerlo _ le dije con voz altanera._ Es usted el que me debe una disculpa, mi lord.

_ Es usted quien irrumpió en mi habitación estando semi desnuda_ mirando mi camisón, que no alcanzaba a cubrir mis tobillos y mis pies descalzos.

_ Avergonzada por sus palabras, cubrí mi cuerpo

este nego con la cabeza, al parecer disfrutaba veñorita Berkeley solo disculpese y la dejaré marchar..

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prólogo
Mi padre el baron Reginald Berkeley siempre fue un hombre frío y despiadado al menos con Migo lo fue, me odiaba simplemente por ser mujer. siempre destiló frialdad y despiadada indiferencia, especialmente hacia mí. Su aversión hacia las mujeres me convertía en un objeto de su desprecio, marcándome desde niña con una existencia apartada en nuestra imponente residencia en St. James's, Londres. Las escasas ocasiones en que su sombría figura cruzaba los umbrales de nuestra morada, solo servían para confirmar su hostilidad hacia mí. Su tercer enlace nupcial, que presencié desde la distancia, solo intensificó mi desdén por su figura. Tres matrimonios, todas con jóvenes esposas, cada unión efímera debido a la vanidad desmedida de las mujeres y a la falta de herederos que tanto ansiaba. A los diez años, me vi involucrada en su tercer enlace, aunque no fui invitada. La ventana de mi habitación me permitió ser testigo de la fastuosa celebración que engalanaba nuestro jardín. Sin embargo, la víspera del enlace, mi padre me condujo a su despacho y, con gélida voz, me informó que no deseaba cruzarse conmigo en la casa durante la festividad. Su plan era casarme con la señorita Dorothy Devon, una debutante olvidada, hija de un vizconde. Mi padre aprovechó su posición desesperada para comprometerla, a pesar de su falta de atractivo. Su generosa dote, aumentada a instancias de su padre, la convirtió en un atractivo bocado para potenciales pretendientes. La unión fue sellada tras un breve cortejo, mi padre ansioso por asegurar la suculenta dote de seiscientas libras esterlinas al año, un monto considerable para una mujer de edad avanzada. La mujer obtuvo su título como baronesa Berkeley, albergando la esperanza de proporcionarle al barón el tan ansiado heredero. Lo más intrigante sucedió después del matrimonio, cuando el rostro de la mujer se distorsionó al conocer mi existencia, un secreto que mi padre había ocultado a la sociedad. Incitó a mi padre a enviarme a la "Escuela de Damas de Kensington", donde sería pulida y moldeada en un atractivo prospecto para la sociedad. Así, en un soleado lunes por la mañana, mi padre me condujo de manera poco amable a la Escuela de Damas de Kensington, donde una impecable dama nos guió por las instalaciones, ensalzando las maravillas que ofrecía aquel lugar. Las jóvenes damas que asisten a nuestra distinguida institución son brindadas con una educación integral que abarca una variedad de disciplinas. Estas incluyen clases de música como el piano y el canto, así como actividades creativas como el bordado y la pintura. Además, se imparten lecciones en literatura y costura, fortaleciendo las habilidades artísticas y prácticas de cada alumna. Nuestro enfoque educativo también se extiende a áreas más desafiantes, como la historia, las ciencias sociales, las matemáticas básicas y el idioma francés. Además de estos conocimientos académicos, también proporcionamos instrucción en la gestión del hogar y las habilidades domésticas, preparando a las jóvenes para un futuro de autodeterminación y éxito en su vida cotidiana. Nuestra preocupación no solo radica en el desarrollo intelectual, sino también en la formación de mujeres elegantes y sofisticadas. Se les inculcar el arte de la conversación y la seducción, dotándose de la capacidad de cautivar con su elocuencia y carisma. Los valores fundamentales, como la virtud y la responsabilidad, son parte integral de nuestra enseñanza, preparándolas para encarnar las cualidades apropiadas para el matrimonio y para la vida en sociedad. Desde ese entonces no he regresado ninguna sola vez a casa. Este lugar era sumamente estricto; aprendí a bordar, pintar y tocar el piano con gran habilidad. Sin embargo, no tenía mucho interés en estas actividades, ya que consideraba que no me serían de gran utilidad. Lo que realmente me fascinaba eran las clases de historia y literatura, aunque lamentablemente la biblioteca carecía de una amplia selección de libros en esas áreas. Las institutrices que impartían dichas clases siempre insistían en que no debía destacar más allá de los hombres en términos de conocimiento, ya que eso no resultaba atractivo para el sexo opuesto. Mi estancia aquí no fue en absoluto una tortura; por el contrario, establecí numerosas amistades durante mi tiempo aquí. Harriet era una de esas personas encantadoras que parecían irradiar inteligencia y gracia en cada uno de sus gestos. Su crianza y distinguido linaje la habían preparado para un matrimonio arreglado con un caballero llamado Lord Archibald Aston, quien tenía diez años más que ella. Aunque sabía muy poco sobre él, la simple existencia de Harriet como prometida de Lord Archibald despertaba mi curiosidad y me llevaba a especular sobre la naturaleza de su relación. Como todas las semana Harriet recibía correspondencia de su familia y está vez no fue la excepción. Harriet salto de alegría al leer la carta muy emocionada se dispuso a leerla en voz alta Querida hija: Me complace sobremanera escribirte esta carta para compartir unas maravillosas noticias. Siguiendo tu sugerencia en tu carta anterior, he decidido tomar la iniciativa de visitar en persona a la baronesa Berkeley. Mi objetivo era persuadir para que nos permitiera pasar las festividades en nuestra residencia, en compañía de su hija, Lady Philipa. La baronesa se mostró encantada al saber que tú y Lady Philipa son buenas amigas, y no dudó en aceptar nuestra solicitud. ¡Imagino lo emocionada que estará Lady Philipa al enterarse de esta grata noticia! Por favor, transmítele mis saludos y estas buenas nuevas. Estoy segura de que disfrutaremos de unas festividades inolvidables. Con todo mi cariño, Tu madre, la Marquesa de Lancaster Al leer la carta en voz alta, ambas nos llenamos de felicidad por la noticia. Me inundó la emoción de poder pasar la temporada navideña con su distinguida familia. Era la primera vez en mi vida que tendría el privilegio de ser parte de una celebración tan especial, ya que nunca antes había tenido la oportunidad de celebrar la Navidad en familia. Si tan solo hubiera sabido que desde el momento en que puse un pie en esa mansión, mi vida tomaría un giro que nunca imaginé... Y todo ello, gracias a Percival, el hombre que estaba destinado a convertirse en el futuro Marqués de Lancaster... Si en aquel entonces hubiera vislumbrado que mi estancia en esa casa sería el punto de quiebre que cambiaría el curso de mi vida para siempre...

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