Tomé su barbilla con gentileza y ella dejó escapar un suspiro. Susurré con desesperación _No deseo a ninguna otra dama, solo anhelo su presencia en mi vida. Señorita Philippa, no sé qué ha hecho conmigo, pero le aseguro que no tengo ojos para ninguna mujer que no sea usted. Cada minuto lejos suyo se convierte en agonía. Le ruego que acepte ser mi esposa, o me veré obligado a reclamarla como mía. Sin aguardar respuesta, mis labios buscaron los suyos en un beso desesperado y exigente, una fusión de almas interrumpida solo por la necesidad de aire. _Mi lord, le mentiría si dijera que nunca he pensado en usted, pues lo hago a diario. La forma en que besa y acaricia es una completa tortura. Anhelo correr a sus brazos, pero no permitiré que ningún hombre controle mi destino. Deseo ser una muje

