El silencio entre ambos se hizo incómodo, ninguno de los dos pronunciaba palabra alguna. Mi padre regresó, abriendo la puerta de par en par. _Estás inmensamente feliz por tus imprudencias, dijo, agitando el papel en su mano. Lo miré atónita, sin entender lo que quería decir. _¡Te casarás dentro de diez días!, sentenció antes de salir de la sala, dejándonos solos. _Felicidades por hacerme sentir un estúpido todo este tiempo e ilusionarme con casarme contigo, me dijo con total frialdad. _Lo lamento, pero ambos sabemos que de mí no sientes ningún afecto, le respondí en un susurro apenas audible. _¿A qué te refieres con que no siento afecto por ti? preguntó, confundido. _Le sonreí. Señor Welles, tarde o temprano todo se sabe. Jamás has sentido un mínimo afecto hacia mí, no como lo sient

