No obstante, no podía dejar de notar que su prometido era tan serio y agrio como chupar un limón, pero en su calidad de buena amiga, Harriet insistía en que estaba profundamente enamorada de él.
estábamos charlando tan agusto Harriet contándome acerca de su vida y su familia que por un momento había olvidado todo lo sucedido con persival.
La velada llegó a su fin de forma inesperada cuando mi padre, mi madrastra y un joven apuesto hicieron su entrada, al pequeño saloncito sin ser anunciados, nos pusimos de pie inmediatamente para saludar con una pequeña venía.
Mi padre me saludó con una expresión de estimación, algo raro viniendo de él. Era evidente que estaba tratando de parecer un buen padre, aunque su actuación no podía ocultar la verdad.
_Las presentaciones formales se llevaron a cabo, y mi padre declaró: Philippa, te presento al Lord Wallace, quien se quedará con nosotros durante toda la temporada.
Lord Wallace tomó mi mano y la besó con elegancia. Llámame Artur, por favor.
Luego, mi padre se dirigió a Harriet con un tono igualmente fingido. Harriet, es un honor tenerte en nuestra casa. Si lo deseas, puedes quedarte a cenar.
_Harriet respondió con gracia, señor Berkeley, me temo que debo declinar su amable invitación. me esperan en cansa pasa cenar el nuevo marqués detesta que nos ausentemos sin dar aviso con antelación.
Mi padre asintió. _Es una pena. Bien, las dejaremos disfrutar de su agradable velada y nos retiraremos a refrescarnos. philippa hija nos vemos para cenar. dejándonos nuevamente a solas.
_ poppit, yo también deberías marcharme, me temo que me he quedado más del tiempo adecuado, me agra mucho ver qué estás mucho mejor. todos nos hemos preocupado al leer tu carta está mañana. con desir que hasta el marqués se veoo preocupado y el no es de ser tan expresivo, dice soltando una pequeña risita.
mi estómago se retorció y mis manos comenzaron a sudar al oír que hablaba de persival, de solo pensar en el volvía sentirme enferma nuevamente.
_ Lamento si os preocupe está mañana, pero me sentía indispuesta.
_ lo importante es que ya te sientes mejor.
Mientras se disponía a salir de la pequeña sala, notó un ramo de peonías y tulipanes expuesto con elegancia en un jarrón de cristal. _Veo que mi hermano está profundamente interesado en ti, comentó con una sonrisa, y extendió su mano para recoger la pequeña nota de Percival que había quedado cerca del jarrón. Estaba a punto de abrirla; el nerviosismo se apoderó de mí, pero no lo hizo.
mi doncella al ver mi rostro palidecer hablo con rapidez.
_ Mi lady el carruaje la espera
_Simplemente piénsalo, ustedes dos serían una pareja maravillosa, sugirió con entusiasmo, antes de salir del pequeño saloncito.
Siguiendo las instrucciones de mi padre, esa noche me vestí con mi atuendo más elegante, ya que tendríamos invitados en casa. Antes de salir de mi habitación, tomé precauciones y oculté las dos cartas que había recibido de Percival. Como era costumbre, sabía que mi madrastra revisaría minuciosamente cada rincón de mi cuarto en busca de cualquier información que pudiera reportar al barón.
Descendí las escaleras y al entrar al salón, me encontré con nuestro invitado, quien charlaba animadamente con mi madrastra. No había rastro de mi padre. Cuando me vieron, interrumpieron su conversación y sus rostros reflejaron nerviosismo, como si fueran cómplices de algo.
_Phillipa, es un placer volver a verta, me saludó con amabilidad. Esperábamos a mi padre, quien aún se encontraba en su despacho.
Artur resultó ser una compañía muy amena. Me habló sobre su vida, revelando que era un hombre acaudalado proveniente de una familia de comerciantes en Escocia. Me contó que había conocido al barón en unos de sus viajes y que mi padre, con gran amabilidad, lo había invitado a pasar una temporada en Londres en busca de su futura esposa.
Cuando mi padre finalmente se unió a nosotros y pasamos a cenar
Era extraño, como si estuviera con un completo desconocido. Actuaba de manera amable y considerada, pero su amabilidad no me engañaba. Sabía que algo no cuadraba.
La temporada de presentación en sociedad estaba a solo dos semanas de comenzar. Harriet y su familia serían los primeros en celebrar un baile, tras la rigurosa presentación de las debutantes de este año. Mi madrastra, animada por la ocasión, comentó que teníamos una cita con la modista al día siguiente, ya que no podía permitir que me presentara con ropa pasada de moda. Acepté la propuesta con gusto, pues nadie rechazaría una visita a la modista.
La cena continuó siendo un espectáculo para mis ojos. Nunca antes había visto a mi familia comportarse de manera tan hipócrita, guardando las apariencias y tratándome con amabilidad. Incluso pasamos al saloncito para beber y charlar, una costumbre que jamás habíamos practicado, al menos no en el poco tiempo que compartí con ellos.
-Mi querida Philippa, ¿tocarías algo para nosotros? —mi padre hizo la petición con gran amabilidad.
No podía negarme a su petición, así que me senté frente al fortepiano y comencé a tocar una melodía sencilla mientras cantaba en francés. Artur se acercó y escuchó atentamente mi mini concierto; al terminar, aplaudió.
—Philippa, usted tiene una voz de un ángel —respondió con amabilidad.
—Solo lo dice para halagarme, pero ambos sabemos que no soy la mejor intérprete que ha escuchado.
—En eso tiene usted razón —respondió con una risita que trató de ocultar.
—Puede reírse si lo desea —dije, y ambos reímos.
—¿Me permite? —preguntó Artur.
—Por supuesto —respondí. Se sentó a mi lado y comenzó a tocar una melodía mientras yo seguía cantando. En ocasiones, miraba a mi padre, que estaba sentado a poca distancia y se veía sin duda complacido mientras Artur y yo ofrecimos un concierto.
La velada resultó amena; el señor Artur se mostró encantador, y la forma en que narraba sus historias era envolvente. Por un momento, olvidé mis problemas. Al finalizar la velada, me escoltó hasta las puertas de mi aposento y se despidió de mí regalando una peonía. Al verla, mi corazón comenzó a latir desenfrenado, sin duda extraída del ramo de flores que me obsequió Perciva.
por persival:
Aquella noche, anhelaba la cena con una impaciencia desbordante, casi al borde de la locura, esperando fervientemente escuchar las noticias que Harriet tenía para compartir sobre su visita a la casa de Philippa. Mis emociones se desataban, ávidas por conocer el estado de mi amada. No tuve que soportar la espera por mucho tiempo, ya que Harriet no demoró en revelar:
.