Cualquiera en su sano juicio si nos hubiera observado hubiera pensado que me estaba lastimando, pero por extraño que suene, me gustaba, me gustaba que fuera rudo y despiadado, pero yo sabía que si lo hacía de esa manera era porque él sabía lo que hacía. -Sí, papi -respondo sintiendo su gran polla dentro de mí. -Dile a papi cuanto te gusta. -M-me -da una fuerte embestida que me detiene el habla-, me gusta que-que me folles, papi. -¿Quieres que papi lo haga más suave o más fuerte? -Co-como papi quiera-ah -diciendo esto, vuelve a embestirme de manera lenta pero con fuerza en sus caderas. -Oh princesa, eres tan estrecha, tan apretada. Siento como la presión de la cola ayuda hacerme sentir más placer, y agradezco por haber aceptado a usar esto. -Quiero que sobes tu feminidad mientras si

