Capítulo tres

1426 Words
12 Julio 2013. EMMA. Los fuertes golpes en la puerta no paran, es más, se intensifican, y con ellos mi mal humor. ¿Sabéis que día es hoy? Si. Hoy me caso. Genial. Aplausos. Confeti. Felicidad. —¡Emma! ¡Abre la maldita puerta! —¡No! —¡Abre o la mando echar abajo!—amenaza Eleonora. De mala gana salgo de mi cama y arrastro los pies hasta la dichosa puerta. Cuando la abro, dos mujeres cargadas de maquillaje y mil cachivaches entran seguidas por Eleonora y mi vestido. Si, Eleonora guardó mi vestido tras ver el trágico final de los dos anteriores. —¡Hoy es su gran día!¡Debe estar muy emocionada!— grita la pelirroja de trenzas mientras comienza a sacar todo su instrumental. —Oh, si. No cabe en mi tanta emoción. En cualquier momento me pondré a llorar.—ironizo al máximo ganándome una mirada de odio de mi adorada madrastra. Veo como pone el vestido sobre la cama y me meto al baño a darme una ducha a ver si con suerte me ahogo o me resbalo. Cuando salgo me siento en mi tocador y la chica rubia empieza a maquillarme mientras que la pelirroja quita el esmalte n***o de mis uñas para cambiarlo por una manicura francesa. —¿Qué tenía de malo el n***o?—me quejo. —No es apropiado para una ceremonia, señorita. Bufo molesta y me dejo hacer. Recogen mi pelo en una trenza que va de un lado a otro de mi cabeza y la llenan de estupidas flores. —¡Llegaron las damas de honor! Agradezco a Dios que mis cuatro amigas aparezcan por la puerta. Llevan un vestido color rosa palo que no les favorece para nada, mucho menos a Alexa que es pálida cual papel. Aún así la que es guapa es guapa. Su pelo va recogido en una trenza de espiga a un lado y todas llevan las mismas flores que yo en su trenza. —j***r. Pareces un florero.—Nina toquetea las flores de mi pelo. —Tu tampoco es que te quedes atrás. —¿Y esta mierda de vestido?¿Qué eres, La Cenicienta?—exclama Alexa mientras lo trae para ayudarme a ponérmelo. —Parece el vestido de una princesa cursi.—afirma Noah. Hago caso omiso a sus palabras y me lo pongo. Es demasiado ostentoso y me es casi imposible moverme con el, pero tiene un secreto escondido, y es que puedo desabrochar la falda larga y queda en una mas ligera. Punto a su favor. —Emma, no tienes por qué hacer esto... Sabes que Oliver te espera en España.—me recuerdan. —Necesito terminar mis estudios. Si no nunca me libraré de ella. —¿Y de Petter si?¡Es una locura!—Nina se lleva las manos a la cabeza. —Ya veré como me libro de él después—concluyo— ¿Qué opináis, muy ridícula? Doy una vuelta sobre mi misma tras calzarme unos tacones cómodos y ellas me miran atentas. En realidad, odio esto. De hecho, me gustaría casarme y formar una familia. Es unos años y con alguien de mi edad y que me quiera. No con un viejo de cien años. —Estas...—Noah me mira de arriba hacía abajo. —Jodidamente...—sigue Alexa. —Ñoña, cursi y divina.—finaliza Nina. Todas reímos. Es cierto, no estoy mal, pero no es para nada mi estilo, yo llevaría algo mas sencillo y menos adornado. —Debería ser delito llevar tanto tul en una falda— añade Alexa con una mueca adornando su cara. —Ahora hay que poner esta cosa— dice Noah examinando el largo velo—. Por última vez. ¿Estas segura? Suspiro frustrada y asiento —Ponedme esa cosa en la cabeza ya, antes de que la queme. Empiezo a pensar que soy un poco pirómana. Con mucho cuidado las tres me colocan el velo y nos abrazamos. Maldita sea mi suerte. La melodía nupcial empieza a sonar y mis ganas de vomitar aumentan. Aprieto fuerte el brazo de mi tío Harry, el cual, me da una sonrisa tranquilizadora y aprieta mi mano de forma paternal. Poca gente de mi familia esta de acuerdo con esto y el no es la excepción, me ofreció pagar mis estudios si no lo hacía, pero debía proteger lo que mi padre tanto tardo en construir. Eleonora ganaba la partida. Mi boda se celebraba en el jardín de una de las casas de mi difunto padre. Todo estaba decorado en tonos blancos y salmón. Demasiado adornado, se nota que mamá había puesto empeño en esto. Estupido viejo. Estupido dinero. Estupidos todos. Las grandes telas blancas se abrieron y empecé a caminar dirección al altar. Cuanto mas cerca estaba, mas ganas de salir corriendo tenia. No quería esto, no podía ni siquiera imaginar mi vida al lado de este hombre. Realmente, quería irme de aquí. Mi tio me soltó la mano cuando llegamos al lado de Petter y le lanzó una mirada de advertencia que asustaría hasta a un mafioso. Como adoraba a este hombre. Aunque su hija Nattalie era bastante fastidiosa. Mi futuro marido me miró de arriba a abajo como si fuera un pastelito que va a devorar y mis bellos se erizaron ante el temor que sacudió mi cuerpo. Necesito salir de aquí. La ceremonia empezó, el juez comenzó a hablar cualquier cosa sobre la unión y el amor a la que no presté ni la mínima atención. Petter intentó coger mi mano varias veces, a lo que, yo, respondía apartándola bruscamente. Que se entere el mundo que no estoy aquí por gusto. —Petter Coleman, ¿acepta a Emma Madison Clayton como legitima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte os separe?— miré por primera vez a Petter con suplica esperando que tuviera piedad de mi. —Si, acepto.—sonrió triunfante y miró a mi madre. Juro que los mataría a todos en este momento. El juez miró hacia mi y se preparó para hacer la pregunta que tanto me angustiaba. Mi mente se debatía entre lo que yo quería y lo que mi madre me imponía. —Y usted, Emma Madison Clayton, ¿acepta a Petter Coleman como legitimo esposo, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte os separe? Un silencio incomodo se formó en la sala cuando miré al juez en estado de shock. No podía hacer esto. Pronto empezaron los cuchicheos. Petter apretó mi mano con demasiada fuerza y me miró. —Contesta.—susurró amenazante. Aparté mi mirada de el y miré a sus hijos que me observaban curiosos, a mamá que me miraba con advertencia y por ultimo a Deborah que me miraba con incredulidad. Me giré y mire a mis amigas mientras negaba con la cabeza. Señal que, entendieron a la perfección y sonrieron mostrando sus dientes mientras salían de su fila de asientos. —¡Emma!—insistió el juez —¿Aceptas a Petter como legitimo esposo?—salí de mi trance y me solté del agarre de Petter. Suspiré profundamente. Y analicé la situación una vez mas. Lo que iba a hacer me costaría bastante caro. —No, no acepto.—un jadeo general llenó la sala. Dicho esto, me gire y vi a todo el mundo boquiabierto, cosa que me hizo reír. Esta si no la esperaban, ¿verdad? Me percaté de que mi madre avanzaba hacía mi furiosa. Su rostro se distorsionaba por la ira. Su tacones resonaban fuertemente contra el suelo y sus manos estaban cerradas en puños. Corre por tu vida, Emma. A sus ordenes conciencia. Como pude, agarré mi vestido, bajé de mis tacones y salí corriendo tirando el velo encima de mamá, recibiendo un gran grito de su parte que me hizo reir. —¡Corre, Emma! ¡Salva tu trasero!— gritó Nina y corrió a recoger mis zapatos tirados en el suelo para posteriormente elevarlos en el aire para darme ánimos, al igual que, mis otras dos amigas, las cuales, no paraban de reír y decir que corriera mas rápido. Con este vestido es un poco complicado queridas. Escuché los gritos de Petter y mi madre a lo lejos y aceleré el ritmo. Por nada del mundo dejaría que me alcanzasen. Ahora si sería libre.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD