46. Es la dueña

1054 Words

La lluvia golpeaba suavemente los ventanales de la casa de Ekaterina, envolviendo el ambiente en una quietud cálida y húmeda. Las luces tenues del salón se reflejaban sobre el parquet barnizado, y el aroma a madera y flores secas flotaba en el aire. Norman estaba sentado en el borde del sofá, con los codos apoyados sobre las rodillas, observándola mientras ella se acercaba con una copa de vino en cada mano. —Gracias —murmuró él, tomando la copa sin apartar la mirada de sus ojos. Ekaterina se sentó a horcajadas sobre él, con la falda subiéndole lentamente por los muslos. Sus cuerpos se tocaron, y una corriente invisible pareció tensar el aire entre ellos. Apoyó la copa sobre la mesa sin romper el contacto visual, y luego llevó las manos a su rostro, acariciando con las yemas de los dedos

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