—Nunca he comido algo tan delicioso, podría comer esto todos los días — Edward empezó a reír, porque no sabía si lo decía por el pescado que había capturado ella misma con una lanza artesanal, o porque momentos antes de eso, Alana había aprendido a jugar con sus manos y boca haciendo que él descargara toda su esencia sobre su rostro, aunque a ella la sorprendió termino gustándole y volviendo a hacerlo, ya con mucha más práctica. —Eres muy graciosa o yo soy muy pervertido— Alana dejo lo que estaba haciendo, se sentó con las piernas abiertas sobre el regazo de Edward, chocando la intimidad de ambos a lo que él solo atina a tomarla de la cintura y ella le daba un mordisco a un mango que él había encontrado para ella, aquella fruta tenía que ser chupada para sacar todo su jugo, ella lo mir

