—Por favor se lo suplico no le diga a mi padre como nos encontró— Es la súplica de Alana ante el capitán del barco que los acababa de rescatar, era de madrugada y sus cuerpos no se cansaban de disfrutarse uno al otro, habían dormido horas comido algo y vuelto a amarse como despidiéndose de la isla, pero sin prever que las luces de la embarcación y helicópteros que estaban los enfocaron mientras Edward la estaba poseyendo con la espalda contras las luces rápidamente tapo su cuerpo para luego les pasaran algo que ponerse. —No se preocupe, lo único que sabrá su padre es que la encontramos. —Ella era abrazada por el hombre que en cuatro días se había vuelto el dueño de su corazón y su cuerpo. —Vamos a estar bien preciosa tranquila— Besando su cabello y abrazándola mientras se abrigaban

