—Sujétese bien— Ella no iba a perder tiempo, pego su rostro a su espalda al igual que sus pechos, él resoplaba por la sensación, aunque también tuviera puesto el salvavidas sabía perfectamente que ella estaba ahí pegando todo su cuerpo al de él.
—Creo que así estoy más que cómoda—Con una sonrisa en la cara de satisfacción absoluta y mucho más cuando él para asegurarse de que se sujetara, tomo de sus manos sintiendo como su cuerpo recibió una descarga eléctrica extraña que también ella la experimento, trato de soltarse, pero él la presiono más fuerte como si su instinto lo superase.
Luego de esa sensación, las risas y gritones de emoción no se detuvieron, se sentía como si fueran dos amigos divirtiéndose con esa sensación de subir y bajar, el agua cayendo sobre ellos hasta que se dieron cuenta de que había algo de brisa algo extraño, puesto que según el meteorólogo habría sol por unas horas más.
—Gracias por ser mi chofer personal, me sentí muy a gusto con usted como almohada, lástima que las nubes se pusieron grises. Pero mañana necesitaré otro paseo como este, tu espalda es muy reconfortante— Y se marchó contorneando sus caderas rumbo a su camarote, se le había ido el apetito, decidió tomar una sienta sin pensar que la tormenta se avecinaba.
HORAS DESPUÉS
—¡Qué carajos! La señorita GOLD,
—Corra por ella mientras trato de controlar el timón, la tormenta hace que todo sea inestable, al lado hay un bote cuando saque a la señorita de aquí llévela hasta el bote, siempre tiene una guarnición de emergencia, ¡Vaya de una vez!
Marcial sabía que una tormenta de esta magnitud no traería nada bueno, sabía que solo dos personas podían subir a ese bote, puesto que la otra persona debería maniobrar el yate para que no se desestabilice y los haga en vez de estar a salvo los termine hundiendo. Mientras Alana no despertaba, había tenido jaquecas y tomo unas pastillas para dormir, por más que Edward la zarandeaba para qué despertara era inútil, ni una tormenta con amenaza de tornado era capaz de hacer que abra los ojos, luego vio el frasco de pastillas para dormir en el suelo, no le quedo de otra la cargo como pudo sin importar que estaba ella en ropa interior, tomo algo con que cubrirla, aunque el piso bajo sus pies se tambaleaba y empezó a empaparse, tratando de analizar la situación, era su deber protegerla así tuviera que poner su vida en riesgo.
—¡Maldita sea Alana! ¿Por qué justo hoy tenías que hacer esto? ¡Marcial! —Gritaba desesperado con el pequeño demonio en brazos aquel que lo había estado tentando toda la tarde.
—No se preocupe por mí, súbala al bote de una vez, esta tormenta debe estar superando los 250 kilómetros por hora, categoría 3 le pondría yo. No sé si el bote resistirá más tiempo estar sostenido, no piense en mí sáquela de aquí — Marcial trataba de no pensar en lo que le iba a pasar, por su mente pasaba su esposa, su sonrisa y su pequeño, las lágrimas se combinaban con la tormenta, sabía que no habría salida, pero si podría salvar a dos personas lo haría, además que Alana no los dejaría desamparados.
Edward no tuvo opción como pudo dejo a Alana sobre el bote para luego soltar sus cuerdos, cuando estuvo a punto de saltar, la manera que empujaba el bote lo lanzo al agua, a pocos metros de este, subió a él y termino de desatar las cuerdas, cuando se estaba alejando Alana empezó a despertar justo en el momento en que se alejaban.
—¿Qué está pasando? — Su cara de horror se apareció de un momento a otro, paso de pensar que era un sueño la lluvia sobre su rostro a darse cuenta de que era real, se vio alejándose del yate y entro en pánico—¿Dónde está Marcial? ¡Marcial! —Gritaba de manera desesperada, la angustia se apoderaba de ella.
—¡Basta Alana! Él me convenció para que nos salváramos, no puedes hacer nada, no seas loca en querer saltar cuando te puedes hundir por la tormenta.
—No puedo dejar que a Marcial le pase algo, él tiene esposa e hijo, ¡Marcial, Marcial! — Estaba desesperada, no quería dejarlo ahí a su suerte, pero se iba alejando del yate y su corazón se partía en pedazos mientras Edward trata de alejarse más, de verdad lamentaba como se habían dado las cosas, pero no había salida, no había marcha atrás el destino está puesto.
Ella solo se abrazó a sí misma, sin dejar de llorar, de recordar la vez que conocía su familia, a su pequeño Derek y su esposa Amalia, lamentaba que por querer salvarla a ella ellos terminaran sufriendo, no podía creer como paso de una bonita tarde coqueteando con su guardaespaldas a esta desgracia que se apoderó de su vida, veía los rayos que caía cerca del bote, veía el yate tambalearse, por momentos veía alguna sombre que podría ser él, pero sabía tal cual le había dicho Edward que no podía hacer nada y a su suerte estaba echada.
—¿Qué haremos ahora? Vamos a morir en medio de la nada, el sacrificio de Marcial será en vano.
—Cúbrete con el forro del bote, solo tendremos que ver hasta dónde nos lleva la tormenta, no voy a cerrar los ojos, no te pido que descanses porque sería en vano, solo trata de calmarte y no ser pesimista, Marcial no lo hubiera querido así, seguramente tu padre tiene GPS en el yate y te buscara por los alrededores, solo debemos esperar. —Trataba de ser ecuánime, trataba de guardar la calma, pero no cuando dudaba que los pudiera encontrar, puesto que la marea era tan fuerte que no sabía hasta donde los haría llegar, tal vez encallar cerca de unas rocas y terminar ahogándose, o naufragar en alguna isla desconocida.
HORAS DESPUÉS EMPRESAS GOLD
—¿Cómo demonios no previeron una tormenta tipo 3? ¿Por qué carajos los tengo bajo mi cargo?
—Lo sentimos señor, ya estamos verificando la información del GPS del yate donde está la señorita—Temblando por como su jefe lanzo todo lo que tenía sobre escritorio de la rabia, no era angustia, era rabia que no saliera las cosas como las planeaba y que su hija más que serlo era una inversión a futuro y no estaba dispuesta a perderla.