—Le dije que no era cosa del otro mundo, pero sabe más bien creo que usted me engaño, sabe muy bien lo que hace, creo que le diré a mi padre que lo vuelva a contratar como mi cuida espaldas personal — Como si Edward tuviera ganas de volver a serlo, esparcir bloqueador sobre su desnuda espalda había sido un suplicio, sudar era poco lo que su cuerpo había sentido, la suave piel, la tersa y delicada piel de la hermosa Alana, lo estaba volviendo loco, tuvo que excusarse y cambiarse de ropa por su otro cabio para estas ocasiones con el inclemente sol cayendo sobre sus cabezas, igual de afectada aunque tratando de disimular estaba ella, no sabía cómo se había resistido para no girarse y comérselo a besos, para no arrancarle esa camisa y meter sus manos en su pecho velludo, la manera en que sus manos acariciaron su espalda eran una tortura, la manera en que su pecho se contraía y su centro latía eran demasiado, para ella quien se dijo asi misma que era suficiente, cuando uno de los dedos de Edward rozo accidentalmente le borde de uno de sus pechos, fue el clic que necesitaba para tratar de controlarse, unos minutos más y otra hubiera sido la historia.
—Señorita, ya debería almorzar en el congelador tiene todo listo — Era el buen hombre de Marcial, quien siempre se preocupaba por ella, para ella Marcial era como el tío que nunca tuvo, su padre siempre fue un hombre frío e hijo único así que no había familia donde ella se pudiera refugiar, ni siquiera cuando paso de niña a mujer con su primer periodo contó con alguna tía o prima, solo las mujeres del servicio sirvieron de apoyo.
Luego de comer algo del congelador, busco la manera inconsciente de atraer la atención de atractivo guardaespaldas, llevándole uno de los almuerzos que le habían dejado que consistía en pollo a la plancha y ensalada cesar todo a temperatura exacta y el pollo calentado en el microondas.
—No era necesario en realidad — Tratando de obviar el hecho que ella traía una camiseta casi pegada al cuerpo que dejaba ver que no traía nada en la parte de arriba, ya que los pezones se dejaban ver tras la tela por lo erguidos que estaban, le pareció raro, puesto que no había brisa fría, sin imaginar que para Alana verlo con un pantalón corto y camiseta era demasiado, tuvo que contar hasta diez para calmar a su corazón, solo sonrió y le ofreció lo mismo a Marcial.
—No exageres que esto ya estaba preparado, yo solo tuve que presionar un clic para que esté listo, mientras ustedes almuerzan yo me daré un baño o pasearé en moto, aun no me decido en realidad —Una que estaba estacionada en la parte de atrás del yate junto al barco salvavidas que siempre acompañaban.
—Entonces le busco su chaleco salvavidas —Dejando el plato de su almuerzo a un lado, pero Alana lo detuvo con una mano como si le dijera ALTO.
—No es necesario, soy excelente nadadora y si pasa un imprevisto te tengo a ti como salvavidas y con gusto podría ahogarme. — Y se dio la vuelta sin quedarse a escuchar ese murmullo casi inentendible de “Sería un gusto”
Necesitaba ese baño, necesitaba ese chapuzón, necesitaba calmar los calores de su cuerpo, aquellos que poco a poco la estaban dominando, aunque nadaba cuál sirena, su mente y sus ojos estaban en un puesto fijo, en el quien tampoco perdía la vista de ella, esa manera en que se sumergía en el mar, esa manera en que su hermoso cuerpo se desenvolvía como si danzara dentro del mar,
—Deberías disimular un poco ¿No crees? — Era Marcial, para quien era evidente el interés que ambos se tenían y no dudaba que en algún momento Alana o el mismo Edward cruzarían esa línea invisible que los separaba.
—No sé a qué te refieres, yo solo estoy cumpliendo con mi trabajo que es estar pendiente de ella hasta el día de mañana, solo eso nada más que eso. — Volviendo a fijar su mirada en ella, quien para disimular que también lo estaba viendo empezó a saludar para luego volver a sumergirse, cuando de pronto una idea recorrió su mente, ella estaba altamente calificada para manejar las motos de agua, pero eso era algo que Edward desconocía.
—La señorita Alana, puede parecer engreída y caprichosa, pero tiene un corazón de oro, me ayudo cuando no debía y siempre le voy a estar agradecido infinitamente.
—¿A que te refieres con eso? — Sintiendo en su interior una curiosidad por saber más de ella, muchas veces dicen que la curiosidad mato al gato o era al ratón.
—Mi esposa está enferma y necesitaba costear una operación que me era imposible y ella de manera desprendida me apoyo muy en contra de la opinión de su padre, la señorita tiene su propio fortuna herencia de su difunta madre, por eso su padre no pudo hacer nada y me quiso despedir, pero ella se negó y por primera se impuso a su padre, mostrando el carácter que pocas veces deja mostrar.
—Su padre es un hombre muy severo y de esos que ven las clases como requisito ¿O me equivoco?
—Mucho más que eso, ese señor es el diablo en persona, la única que no lo ve así es su hija, ella adora a su padre y siempre lo ha obedecido, pero en raras ocasiones se pone en contra, supe que la señorita está en la universidad, su padre no quiera, él quería que su hija se prepare para ser esposa lo cual me parece algo tonto, la señorita es muy inteligente y su talento sería desperdiciado, aun así está estudiando y su padre no le quedo de otra que aceptar todo porque está estudiando cosas de modas o ropa no recuerdo bien, el talento de la difunta señora Gold, es lo que ella ha heredado.
Dicen que las apariencias engañan se repetía él una y otra vez hasta que la sirena salió del mar, se acercó a él y aunque lo salpico un poco por el agua, mirarla era hipnotizante.
—Voy a dar un paseo en moto, pero eso si me da algo de temor a veces las corrientes pueden ser traicioneras, por eso necesito que usted sea mi piloto, ¿Sabe manejar esos vehículos?
—Si— Un orgulloso si acompañado de un brillo libidinosos en sus ojos que gracias a las gafas pudo ocultar. No hubo protestas de que eso no estaba dentro de sus funciones, nadie se quejó y Marcial solo sonreía.
—Dicen que más rápido cae un hablador de un cojo.