PARTE 04

1190 Words
EN MEDIO DEL MAR   Edward entro por un segundo al baño del yate algo estrecho en realidad, lo que necesitaba en realidad era un baño de agua helada, estar cerca de esa mocosa como la había nombrado, todo en ella gritaba deseo, aunque no había querido no tuvo escapatoria, verla tomando sol de esa manera, con los tan pequeños, pero perfectos senos al aire, pero el detonante de su frustración era verlos con los pezones tan erguidos, se había imaginado sobre ella pasando su lengua por cada uno de ellos, dándole la misma atención, besando su abdomen hasta llegar a su centro, era alucinaciones que no debía tener, era un trabajo, un maldito trabajo más como se repetía cada diez segundos, tenía que convencerse de que después dentro de cuarenta horas que faltaba de viaje tenía que resistir ese deseo que crecía en el sin imaginar que ella se sentía casi de la misma manera, pero con el ego por las nubes sabiendo que lo estaba desestabilizando, lo estaba alterando tal como quería.     —Vamos Edward, no seas aguafiestas, no quiero quemarme la espalda, imagina voy a parecer un cangrejo y me puede dar hasta insolación si no me protejo bien, imagina si eso pasa que dirán de tus servicios — Logrando así captar la atención de Edward que minutos antes se había reincorporado tratando por todos los medios de fijar su mirada en el mar y no en ese cuerpo de muñeca que lo incitaba a romper todas sus reglas.     » ¡Edward, cualquiera pensaría que me tienes miedo! —Para luego girarse rápidamente para que tenga acceso a su espalda, aunque era una mujer virgen, eso no quería decir que no sabía cómo seducir a un hombre o llevarlo a los extremos, lo que más le gustara era jugar a desearse, jugar y hacerlos querer más para al final simplemente dejarlos con las ganas, ninguno había hecho que quiera romper esa barrera, pero con su guardaespaldas todo era diferente, aunque cada movimiento que Alana hacía era fríamente calculado, dentro de ella quería abalanzarse sobre él, enredar sus piernas y que él la poseyera como nunca dejo que otro lo hiciera, ese hombre había hecho que todo dentro de ella temblara como gelatina, nunca había sentido tal necesidad de que unas manos la recorrieran por completo, había imaginado a ese sexi hombre, besando de manera delicada cada parte de su cuerpo, había imaginado poder meter alguna de sus dedos sobre su boca, jugando con su mente, definitivamente se iba a volver loca si no cumplía por lo menos alguna de esas fantasías.     —Está bien señorita, solo porque la reputación de mi agencia está en juego —Para eso se quitó la chaqueta que traía puesta, se quitó la corbata, Alana sentía que eso era como un striptease directamente para ella, como no ver lo marcado que tenía los músculos de los brazos, pudo ver algunos bellos en su pecho al quitarse la corbata al soltar uno de los botones del cuello, se subió las mangas hasta la altura de los codos y se acercó a ella, Alana que se había mostrado muy osada jugando con su amor al trabajo sin pensar que lograría su objetivo, trago grueso no podía creer tendría esas manos sobre su cuerpo y no iba a ser una fantasía más como las tantas que ese hombre provocaba en ella.     EN EMPRESAS GOLD     —Señorita Domínguez, dígale al Sánchez que venga a mi oficina. — Soltando el intercomunicador, minutos después se apareció un hombre de unos cuarenta años, vestido de traje y camisa celeste con corbata negra, uniforme característico del personal de seguridad que resguardaba a empresas GOLD.     —Buenos tardes, señor, aquí le traigo el informe de las primeras cuatro horas del viaje de la señorita Gold — Sánchez a pesar de su edad, se conservaba muy bien gracias a las horas extremas que gastaba en el gimnasio por las peleas clandestinas en las que participaba, era un hombre que no aparentaba su edad, por lo cual tenía un magnetismo con las mujeres, pero la única que deseaba nunca había volteado a verlo y sentía que sabía por qué, la diferencia de clases, por un momento pensó que ese viaje que ella había hecho pudo haber sido la oportunidad perfecta para poder hacerle ver que él podía ser idóneo para ella solo era cuestión de tiempo que sus negocios extras rindieran frutos, pero su endemoniado jefe tenía otros planes para él, muchas veces pensó que tal vez el padre de Alana sospechaba de las intenciones que el tenía para con ella y por eso no lo había querido mandar como su seguridad.     Mauricio revisó cada detalle, las coordenadas que dictaba el GPS del yate, así como el clima de la zona, no tenía fotografías, ya que su personal estaba enfocado en otra cosa, pero nunca dejaría del todo sola a su hija, por eso el yate tenía un GPS incorporado que le indicaba su rumbo y si había algo que causara algún incidente no planeado, no había cámaras de seguridad, ya que ese yate también lo usaba a veces él para sus negocios de los cuales no debía haber pruebas que más adelante lo pudieran perjudicar, pensó comprarle su propio yate a su hija, pero no la quería poner como pretextos algo como eso para andar siempre queriendo de caprichosa viajar, por muchos años había tratado a su hija con mano dura, pero por cómo iba creciendo fue soltando la rienda, todo tenía un fin, quería que su hija al final complaciera a su padre como buena y agradecida hija que era, la quería casada con el hombre que él había planeado para ella, con el hombre que serviría a sus planes.     —Bueno Sánchez, puedes retirarte y encargarte de que el cargamento llegue a Cuba tal cual lo he planeado, al primer error vuela cabezas si es necesario.     —Señor pensé que yo me encargaría de monitorear el viaje de la señorita Alana.     —Yo a ti te necesito en el puerto, no como niñera de mi hija, de su seguridad me encargo yo, hay nivele Sánchez no lo olvides, hay niveles, no me creas tan idiota para no darme cuenta de que andas fantaseando con ella como imbécil que si no te he sacado de mi empresa es porque haces un buen trabajo sumándole que mi hija jamás se fijaría en un simple guardaespaldas, así que quítatela de la cabeza o se me olvidara que tan buen empleado eres.     Cunando Sánchez se marchó con todo el honor pisoteado, con la rabia de ser menospreciado por la mujer dueña de sus pensamientos, todo eso sumado a que anoche había perdido una de las peleas donde estuvo en juego mucho dinero, le dejo un mensaje a la única mujer capaz de sacarlo de ese estado, una mujer que vivía para complacerlo sabiendo que jamás podría hacer que en su corazón hubiera un espacio para ella.     —Solo tengo unos minutos, te veo en la azotea del edificio en cinco minutos, no tardes Ania que el viejo ese me ha hecho sacar de mis casillas.
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