PARTE 03

1224 Words
—Si papá, estoy bien voy a zarpar y no creo que encuentre señal en medio del mar mediterráneo, mmm mi guardaespaldas un señor con traje y bigotes, si tiene cabello o no ¿Qué importa? Ya papá nos vemos en dos días.   Mientras guardaba la ropa que había traído y miraba a lado de la cama el vestido con que su padre la había visto salir, muy pocas veces hacia eso, pero necesita respirar y salir del yugo de su padre, no entendí como es que el había accedido a dejarla dos días sola en medio del mar, pero agradecía enormemente a quien había hecho el milagro, si imaginar que todo eso era parte del plan de su padre para que tarde o temprano ella accediera a un futuro compromiso con la familia Lexington   …   —Edward me haces un favor, puedes aplicarme bronceador en la espalda es que como comprenderás no llego— Cuando salió de su cabina y se dejó ver en todo su esplendor, nadie podía negar ni siquiera el caballeroso de Marcial que Alana Gold tenía un cuerpo de infarto, deliberadamente cubierto con ese pequeño traje de dos piezas color rojo pasión uno de los tantos que había traído, pero ese en particular era de los que más le gustaba por ser el más pequeño de todos, uno que su padre ni en su lecho de muerte aprobaría.   —Disculpe señorita, pero eso no está dentro de mis funciones — Tratando de disimular como es que todo su cuerpo había reaccionado al ver a tan hermosa mujer y más con ese puchero que hizo ella con los labios, no pudo dejar de fijar su mirada en ellos, por un momento imaginaba succionando esos pequeños labios y tocando su cuerpo, acariciando la parte trasera de esta como si fuera masa de pan o pizza.   —Que aburrido que eres Edward, bueno si no puedes o no quieres, haré lo único que se me ocurre. — Dándole la espalda a Edward.   —Señorita voy a vigilar desde… — No pudo terminar la frase, cuando Alana desabrocho la parte de arriba del bikini dejando sus pechos al descubierto., Marcial se tapó los ojos automáticamente y Edward tuvo que sostenerse de las barandas de las escaleras que daban a la parte de arriba donde está el capitán del yate.   —Marcial, pareces un crio como los que están en mi universidad, la desnudez es algo normal que la sociedad debería ir aceptando dentro de lo mal llamado normalidad, además sabes que las pocas veces que vengo a este yate hago esto siempre en cuando no este mi padre, ahora voy a tener que broncearme primero la parte delantera, ya que mi querido guardaespaldas no puedo, aunque solo son sus escrúpulos, ni que no hubiera tocado a una mujer antes, porque por esas pequeñas arrugas que puede observar — Acercándose y soñándolas con el pequeño dedo meñique que más parecía el de una muñequita.   —Yo no tengo arrugas señorita — Tratando de acomodar el cuello de su camisa, que sentía que lo estaba ahorcando, como no sentirse así que tenía ante sus ojos a una hermosa mujer con el torso totalmente desnudo, tocando su rostro a modo de burla.   —Mira esta que está cerca a tu ojo derecho, me parece que, si es una arruga o como le dicen ustedes los viejos, patas de gallo, perdón me confundí — Se dio la vuelta meneando las caderas como si de un desfile de Victorias secret se tratase.   —Marcial, la señorita Gold, ¿Suele portarse así de esta manera? — Sin perder de vista cada movimiento, cada paso o gesto que ella hacía con toda la intención de llamar su atención. Ella había decidido algo y era jugar con su guardaespaldas lo que restaba de viaje, mientras veía ese hermoso mar azul frente a sus ojos.   —Solo cuando está sola, las pocas veces que ha venido así se suele portar, porque cuando lo hace con su padre, él no la deja tranquila ni un segundo, siempre está viendo que hace o que no hace, de qué manera se comporta frente a loso socios de su padre, para serle sincero a veces pienso que para el señor Gold Alana solo es un adorno, pero no me haga caso, solo soy un capitán de yate que agradecer como no se imagina este empleo y así mantengo a mi esposa enferma y mi pequeño hijo de tres años.   Y reposaba su vista sobre el horizonte donde no se veía solo agua en muchos kilómetros.   EN EMPRESAS GOLD   —Señor ya se coordinó la cena con el señor Lexington padre a la que asistirá también el hijo — Y cortaba el intercomunicador complacido por iniciar los pasos para asegurar que su legado no muera con él, sabía que el viejo Lexington era un viejo ambicioso y oportunista y vería esta oportunidad como su boleto dorado, ante lo que la sociedad la había negado un lugar, hace muchos años el padre de este había estafado a muchos empresarios por lo tanto su apellido estaba ligado a esos actos por lo cual la sociedad lo tenía vetado de cualquier evento social, su nombre era señal de repudio y desprecio por más que esté lo había tratado de enmendar, pero con un matrimonio entre Lexington y Gold él se encargaría que todos lo aceptaran, podía haber muchos candidatos idóneos, pero él necesitaba a alguien con hambre de poder, con sed de revancha y los Lexington era perfecto para aquello.   —Señor disculpe que lo interrumpa, aquí le traigo los últimos informes trimestrales tal cual usted lo pidió — Mauricio cuando la vio no puedo dejar de sentir  como su m*****o  actuaba por sí solo, desde que vio por  primera vez a Ania quedo impactado por el cuerpo que tenía, por sus impotentes labios color carmesí natural  y sobre todo por ese redondo trasero que ya era suyo hace varios meses, se movió de su escritorio sin levantarse de su silla para darle espacio a su nuevo capricho  , dando palmadas en su pierna derecha, ya su voluptuosa secretaria, de caderas anchas y pesos enormes sabía que significaba.   —Ahora me vas a mostrar punto por punto, que significan estas estadísticas tal cual te enseñé la semana pasada cariño — Dejando que ella se sentara en su pierna no sin antes presionar el botón que aseguraba la puerta de su oficina, no quería que nadie se interpusiera entre él y su secretaria personal, una que había aprendido muy bien sus métodos de trabajo, una que complacía cada uno de sus perversos deseos, sin protestar e incluso sin importar que estos pudieran llegar a ser para muchos degradantes y hasta humillantes.   Una hora después la Ania se estaba dando un pequeño lavado en el baño privado que su jefe tenía para este tipo de menesteres, ella solo se miraba al espejo sintiendo náuseas de ella misma, pero sabía que por su familia haría lo que sea así sea acostarse con un viejo depravado que lo única que causaba en ellas son las ganas de vomitarle en la cara tantas verdades.   —Algún día, cerdo asqueroso lograré que tu verdadero rostro sea descubierto en especial por tu niña bonita, esa que no tiene idea la clase de monstruo que tiene como padre.  
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