Iskander
Después de colgar la llamada con Melek, me levanto de mi asiento y me dirijo a la sala de juntas donde ya todos esperan por mí.
Entro y comienzo a hablar sobre los futuros proyectos que están llegando a la constructora y el material que quiero implementar, proveedores y costos.
Mirando el reloj en mi muñeca, me doy cuenta que ya han pasado un par de horas y decido dar por terminada la reunión.
—Señores, esto todo por el momento, pueden retirarse—culmino y veo como cada una de las personas reunidas aquí van dejando la sala, quedándome solo.
Aprovecho el espacio para sacar el móvil de mi saco y nuevamente marco el número de Melek, pero está vez por medio de videollamada
—Aşkım—saluda a la cámara y veo como se frota con su mano libre los ojos, mi sonrisa se ensancha y pregunto:
—¿Te desperté?, meleğim—la noche anterior y parte de la madrugada la mantuve despierta con ciertas actividades y no le di tiempo a descansar.
—Descuida, de hecho me alegra que lo hicieras, tengo que desempacar mi equipaje y preparar mi recámara—dice mientras se levanta y camina por el pasillo hasta abrir una puerta que supongo será su habitación.
—¿Me harás un room tour ahora?—bromeo y ella solo niega en respuesta.
—Lo siento señor Aksoy, prometo hacerlo la próxima vez, hoy tengo que salir a hacer las compras o moriré de inanición aquí—se ríe y a mí no me hace nada de gracia el recordar que está sola en un país que apenas conoce.
—Melek, no bromees con eso—la reprendo—.Contrataré a alguien que te ayude y te cuide mientras estés allá.—al parecer no le hizo gracia mi comentario pues en un segundo su risa deja de escucharse y me mira con el ceño fruncido.
—¡Te lo prohíbo Iskander! Ni siquiera mi padre se atrevió a tanto—no me da tiempo a replicar y continúa—: amor, tienes que confiar en mí, estaré bien—suaviza su gesto.—Por favor entiéndeme.
—Está bien, lo siento—soy sincero—pero entiéndeme tú a mí, estás sola en un país que no conoces, te amo y no quiero que nada malo te suceda.
Hablamos durante unos minutos más y nos despedimos prometiendo hablar más tarde cuando ella regrese de hacer sus compras.
Salgo de la sala de juntas y voy a mí oficina a continuar con el trabajo pendiente.
Trato de concentrarme en los papeles que tengo entre mis manos pero mi mente solo está en Melek, dejo los papeles y me recargo en mi asiento cerrando los ojos y flashes de la noche anterior llegan a mí.
Recordar como se estremecía con cada caricia, cada beso que nos dimos y la pasión con la que se entregó a mí, me pone duro al instante.
—Carajo, después de eso ¿cómo voy a soportar estar sin ella cinco años?—frustrado paso mis manos por mi rostro y me levanto para ir al baño que tengo aquí en la oficina, debo tomar una ducha o el bulto entre mis piernas que se torna doloroso no me dejará trabajar.
Melek
Después de colgar la llamada con Iskander, decidí tomar una ducha rápida para salir al supermercado a comprar alimentos básicos para mi alacena, también uno que otro producto de aseo personal que me hace falta.
Todavía no anochece y el clima es bastante agradable por lo que elegí ponerme un vestido rosa pálido con tirantes delgados y unas sandalias a juego, dejé mi cabello suelto y mi rostro al natural.
Me doy un vistazo rápido al espejo comprobando mi aspecto y quedando conforme con el resultado, salgo de casa en busca del supermercado.
No me toma mucho tiempo llegar a uno, se encuentra a solo tres calles de mi casa, papá pensó en todo al comprar el apartamento para mí.
Buscando no demorar demasiado en las compras, entro y tomo un canasto para ir poniendo los productos que necesito, que en realidad no son demasiados así que no me toma mucho tiempo.
...
Después de organizar la cocina y guardar los productos en su lugar, me dispongo a preparar la cena, estoy hambrienta así que me preparo un sándwich y un licuado de fresas, algo rápido y sin mucho esfuerzo.
Con el plato y vaso en la mano me dirijo a la mesa para empezar a comer cuando estoy por sentarme escucho como mi móvil anuncia un nuevo mensaje, dejo mi cena sobre la mesa y voy por el aparato al sofá donde dejé mi bolso cuando regresé a casa, lo tomo y veo que es un mensaje de Iskander.
"¿Ya cenaste?" Sonrío mientras regreso a la mesa donde mi cena espera por mí, abro la cámara y le hago una foto a mi sándwich para enviársela.
"Estoy en eso ¿Y tú?" Le doy la primera mordida mientras espero su respuesta la cual llega cuando estoy por terminar.
"Cené en casa de tus padres y aprovechándome de su amabilidad logré colarme en tu habitación y tomé esto". Escupo la bebida al ver la imagen que ha enviado y siento mi cara arder por la vergüenza.
Un conjunto de diminuta lencería que había comprado especialmente para él, pero que no pude mostrarle.
"Eres un pervertido, ¡Regresa eso a su lugar Iskander!" La respuesta de él es casi inmediata.
"Demasiado tarde querida, hace una hora que salí de ahí...esto me lo quedo yo". No puedo enojarme, después de todo, la compré para él.
***
Ha pasado una semana desde que llegué a Italia y todo va viento en popa, he tenido el tiempo para salir a conocer un poco más la ciudad, he recorrido las calles de Roma y he podido ubicar los lugares más cercanos a mi apartamento.
Mañana por fin comienzan mis clases en la universidad y debo confesar que me siento muy nerviosa y emocionada a partes iguales, esto significa mucho para mí, deseo convertirme en la mejor arquitecta y estoy segura que lo voy a lograr.
─Mañana será un gran día─murmuro y me voy a la cama, cerrando los ojos al instante me dejo llevar por los brazos de Morfeo.
...
Y el día tan esperado llegó. Me encuentro en la universidad buscando el aula correspondiente para tomar mi primera clase, al ir distraída con la hoja que me indica el aula no me doy cuenta del enorme cuerpo que se encuentra frente a mi e inevitablemente termino tropezando con él.
Cierro los ojos y ahogo un grito de dolor, pues mi espalda choca estrepitosamente en el concreto.
Una chica que estaba a pocos metros de distancia corre a auxiliarme
─¡Por Dios chica! ¿Te encuentras bien?─me pregunta mientras me da la mano para levantarme, la cual acepto rápidamente y veo que la persona con la que tropecé sigue en el suelo.
─Yo estoy bien, tengo que ayudar al chico con el que tropecé─ le digo y me voy acercando para ofrecerle mi mano al desconocido.─Lo siento tanto, iba distraída mirando el horario que no me fijé por donde cam...─ no termino la frase cuando veo el rostro del tipo, me doy cuenta que también me reconoció en el momento en que los dos decimos al unisono: ¿¡Otra vez tú!?