Melek
Lo que me faltaba, volver a encontrarme con el tipo desagradable del aeropuerto.
—¿Qué haces aquí?—inquiero ante la mirada del desconocido que por alguna razón, me hace sentir incómoda.
—¿No sabes dónde estamos, es que a caso eres ciega?—dice levantando las manos y comienza a girar señalando el lugar.—Esto es una universidad, estudio aquí—vuelve a colocarse frente a mí.—,solo no te cruces en mi camino y todo estará bien—culmina dándose media vuelta para irse.
—Idiota.
No me preocupo en ocultar mi desagrado, el tipo realmente es nefasto.
—Realmente lo es. Por tu bien hazle caso—me había olvidado por completo de la chica que me ayudó y el tono de su advertencia no pasa desapercibido.—Por cierto, Gianna Rossi—me tiende su mano y la acepto de inmediato.
—Gusto en conocerte Gianna, yo soy Melek Yilmaz. Gracias por lo de hace un momento, tomaré tu consejo—digo y suelto su mano para empezar a caminar.
—Descuida, creo que vamos a la misma clase, sígueme conozco está universidad como la palma de mi mano—asiento en respuesta y sigo sus pasos hasta entrar al salón.
Tomamos asiento en la primera fila y esperamos a que el profesor llegue para empezar su clase.
Gianna no ha parado de hablar desde que nos sentamos, me agrada esta chica, creo que ahora tengo una amiga y por suerte también estudia lo mismo que yo.
Seguimos conversando cuando veo entrar al desconocido y en ese punto nuestras miradas se encuentran pongo los ojos en blanco y como si el destino me odiara entra el profesor detrás de él y le ordena que tome asiento justo a mi lado.
Durante el tiempo que duró la clase, estuve incómoda sintiendo la pesada mirada del tipo del que solo sé su apellido porque el profesor lo llamo algunas veces para que prestara atención a lo que decía y siendo honesta no me interesa saber nada más. Hay algo en él que me genera desconfianza.
La clase llega a su fin y cuando estoy guardando todo en mi bolso, siento que alguien toca mi hombro, me giro para ver de quién se trata y lo que veo no me gusta para nada.
—Me parece que hemos empezado con el pie izquierdo y dado que seremos compañeros de clase... es necesario pedirte disculpas por mi comportamiento—estira su mano y continúa—: Soy Enzo Lombardi—sigue con la mano estirada esperando a que la tome, cuando comprende que no pienso hacerlo la retira y la lleva a su nuca rascándose el área.—¡Público difícil eh!, ¿Al menos puedo saber tu nombre cara? —bromea pero a mí no me hace gracia, ruedo los ojos y trato de rodearlo para salir del aula pero él lo impide.
—Señor Lombardi, no hay nada que perdonar y mi nombre me lo reservo, confórmese con saber mi apellido y nada más—respondo con el ceño fruncido—¿Podrías hacerte a un lado por favor?—no responde, solo me mira con una sádica sonrisa en su rostro y sigue bloqueando la salida, esto ya me está cansando—¡Si no te mueves, voy a gritar por ayuda! No me interesa llevarme bien contigo ni hoy ni nunca, espero que lo entiendas—culmino y lo empujo con fuerza logrando que se haga a un lado. ¡Dios! que tipo tan nefasto.
Solo quiero largarme y relajar mi mente, el tipo realmente es molesto.
—¡Melek, espera!—me paro en seco al escuchar mi nombre y me giro para ver de quién se trata está vez, sonrío al darme cuenta que es Gianna.—¿Te parece si caminamos juntas?—inquiere mientras se acerca a mí y envuelve su brazo alrededor del mío.
—Está bien—seguimos caminando al tiempo que conversamos para conocernos un poco más.
...
Enzo
—¿Qué miran?—grito completamente furioso a los estúpidos chismosos que me miran con lástima—¿No tienen nada más que hacer? ¡Consigan una maldita vida y dejen de andar de chismosos!—exclamo saliendo del aula.
Esa mujer... ¡Esa maldita mujer! no sabe con quién se metió.
Con mi corazón latiendo con fuerza dentro de mí pecho, camino con un objetivo muy claro; buscarla y hacer que se trague sus palabras.
Nadie le dice que no al gran Enzo Lombardi.
Juré que nadie me iba a pisotear y eso algo que no pienso permitir, menos a una extranjera que recién llega a mi país.
Pero esos ojos, esos... benditos ojos me dejaron intrigado.
No había sentido nada parecido desde...
—Olvídalo Enzo—me repito una y otra vez, pero es imposible.
Ya una vez hice todo para conseguir lo que quería, está vez no será diferente.
...
Iskander
Después de terminar mis ejercicios, salgo del gimnasio y me dirijo al baño para tomar una ducha.
Entro en el baño para abrir la llave de la tina y llenarla mientras me desvisto.
Estoy terminando y escucho mi móvil anunciar una llamada, tomo una toalla, la envuelvo alrededor de mi cintura y salgo del baño en busca del aparato. Cuando lo encuentro, veo que es una videollamada entrante de Melek y la tomo de inmediato.
—Meleğim—saludo y una sonrisa pícara abarca mi cara cuando la veo pasar saliva, al mismo tiempo que su mejillas adquieren un tono rojo carmesí por ver mi torso desnudo.
Es fascinante que todavía se ponga nerviosa después de haber recorrido cada rincón de su cuerpo y ella del mío.
—¡Wow! y-yo lo siento no sabía que estabas saliendo del baño—se traba al hablar y yo solo puedo soltar una carcajada al verla nerviosa.
—Mi precioso e inocente ángel, no hay nada que no hayas visto ya.—Le hago saber con una sonrisa pícara.
—Lo sé, pero ya pasó un tiempo y t-te extraño, Iskander—solloza de pronto y oculta su rostro tras sus manos.
¡Maldición!
No me gusta verla así. Solo ha pasado una semana desde que se fue y aunque las llamadas y mensajes no han faltado, no se siente igual.
—Askim, mírame—le ordeno con suavidad, pero ella niega aún con las manos en su rostro.—Por favor nena, no me hagas esto. Mírame ahora o no habrá nada que me detenga para ir a buscarte y traerte de regreso, dime qué pasa—le advierto con tono serio.
—Lo siento, me encanta la idea de que vengas a buscarme pero no puedo, sabes que he querido hacer esto desde que tengo memoria—secando sus lágrimas me mira y continúa—: no tuve el mejor inicio en la universidad, pero estoy bien, solo quería verte para decirte que te amo y que te echo mucho de menos.
—También lo hago cielo, ¿Quieres contarme por qué no tuviste un buen inicio?—le pregunto más calmado.
—Diferencias culturales, sumándole que no domino el idioma—se encoje de hombros—pero no todo fue malo, conocí a una chica y creo que podríamos llegar a ser muy buenas amigas—sonríe dulcemente y su rostro se ilumina al mencionar a su nueva amiga.
—Eso es bueno, ¿Sólo conociste a chicas o también chicos?—inquiero arqueando una ceja y ella suelta una ligera carcajada.
—¿Está celoso señor Aksoy?—replica imitando mí gesto.
—¿Debería estarlo señorita Yilmaz?
—Para nada, tú eres el único hombre en mi vida y el último, lo juro—responde llevándose una mano al pecho y yo no puedo evitar sonreír.
—Y tú eres la única en la mía, después de ti no habrá nadie, esto es para toda la vida mi amor, lo juro.