Capítulo XII: Descubrimientos

1901 Words
Melek Hace tres días que desperté y sigo sin saber quién soy, sigo sin tener aunque sea una mínima pista de lo que pasó conmigo. —Me alegra encontrarla despierta señorita, ¿Cómo se siente?—pregunta el médico mientras se acerca a la camilla. —¿Cómo se sentiría usted si no recordara quién es?—replico con otra pregunta, sé que estoy siendo grosera pero la situación me rebasa. —Entiendo que esto no es fácil para usted, pero, créame cuando le sigo que haremos todo lo que esté en nuestras manos para ayudarla a recuperar sus recuerdos—afirma y me dirige una mirada de comprensión, lo que me hace poner los ojos en blanco. —¿Alguna vez a perdido la memoria doctor?—le pregunto y él niega rápidamente, está a punto de contestar pero no le doy tiempo. —Entonces no puede entender cómo me siento, no puede hacerlo porque, no le hace falta una parte importante de su vida no...—mis palabras se convierten en sollozos y mis ojos comienzan a humedecerse—no siente un vacío aquí—señalo mi pecho y siento la humedad correr por mis mejillas—. Ni siquiera soy capaz de recordar algo tan importante y simple a la vez como lo es mi nombre—afirmo y me acomodo en la camilla dándole la espalda. —Estoy aquí para ayudarla señorita y precisamente hay alguien que puede darle las respuestas que yo no soy capaz de darle—al escuchar eso, me giro nuevamente hacia él. —¿Quién es? —Su prometido. —¿Escuché bien? no lo creo, seguramente a las enfermeras se les fue la mano con el sedante y estoy comenzando a delirar—pienso, me pellizco el brazo para comprobar mi argumento y nada, todo sigue igual. —¿Se encuentra bien señorita?—inquiere el doctor preocupado al ver como sobo mi brazo. —Es obvio que no estoy bien doctor De Luca— comento al leer su apellido en la pequeña placa perfectamente alineada en su bata blanca—. Todavía no sé ni mi nombre y ahora resulta que estoy comprometida, esto es demasiado para mí—desvío la mirada al sentir nuevamente las lágrimas formándose en mis ojos. —Bueno, yo sí sé su nombre señorita—vuelvo a mirarlo con los ojos aguados—, ¿Quiere escucharlo?—inquiere con las cejas arqueadas, el gesto por primera vez me hace sonreír desde que desperté. —S...sí, me encantaría escucharlo—asiento limpiándome las lágrimas. —Según los documentos que presentó el señor Lombardi, su nombre es Melody Ferrer... Pensé que al conocer mi nombre sentiría alguna emoción, sin embargo, no sentí absolutamente nada. Me obligo a fingir una sonrisa ante la atenta mirada del doctor De Luca. —Vaya, es un lindo nombre—murmuro y por alguna razón no lo siento mío—. ¿Quién es el señor Lombardi?—inquiero confundida. —Soy yo cara... De pronto, un hombre irrumpe en la habitación con un ramo de rosas rojas tapando su rostro, inmediatamente mi piel se eriza y un escalofrío recorre mi columna vertebral al escuchar su voz. Iskander Estoy concentrado leyendo unos informes cuando tocan la puerta de mi oficina. —Adelante—digo sin preocuparme en alzar la vista pues se que es mi asistente. —Señor Aksoy hay un hombre que dice tener algo urgente que hablar con usted—me informa Ana a penas entra a la oficina. —¿Te dijo su nombre?—respondo aún sin levantar la vista de los papeles. —No señor, dice que usted sabe muy bien de quién se trata. —Siempre tan dramático Gurkan—digo en un murmullo apenas audible. —¿Dijo algo señor? —E-eh no, déjalo pasar Ana y por favor que nadie nos interrumpa—le ordeno y escucho la puerta cerrarse para algunos segundos después volver a abrirse. —Günaydın... En el momento que escucho su voz, levanto la vista hacia él. Tenía mucho tiempo sin verlo y aunque la situación no es la mejor, me alegra ver que ha estado bien. Después de devolverle el saludo y dejar los papeles que tenía en mis manos, Gurkan finalmente habla: —Tengo noticias señor, ¿Puedo?—señala una de las sillas frente a él. —Adelante—respondo de inmediato—. ¿Te apetece algo de beber?—pregunto en su dirección cuando se ha sentado. —Gracias, pero no tengo mucho tiempo, trataré de ser lo más breve posible—afirma al tiempo que pone su portafolio sobre el escritorio y comienza a sacar unos papeles empujándolos hacia mí. —Aquí está la información que confirma sus sospechas, señor Aksoy—comienza a decir y mi corazón da un brinco —. La señorita Yilmaz no murió esa noche. —¿Estás seguro de lo que me estás diciendo Gurkan?—inquiero con cautela, no deseo hacerme falsas ilusiones, necesito estar seguro. —Me duele que desconfíes de mí, Iskander—replica chasqueando la lengua y se recarga en el escritorio señalando con su índice una de las hojas que me entregó.—Aquí puedes ver qué no hay ningún reporte de personas fallecidas esa noche y según lo que tú me contaste, el oficial te dijo que no hubo sobrevivientes al accidente—afirma separándose del escritorio y recargándose en el respaldo de su asiento. —¿Y lo que yo vi esa noche?, ¿Fue una mentira?—le digo y me llevo las manos al rostro ahogando un grito de frustración. —No me malinterpretes, todo fue real, el accidente si ocurrió, pero contrario a lo que tú creías, no fue Melek quien falleció esa noche, si no su amiga; Gianna Rossi—de su portafolio saca más evidencia y me la entrega—, este es el informe del forense, el cuerpo o lo que quedó de el... le pertenecía a Gianna Rossi no a Melek Yilmaz—¡Por Dios!, controlo las arcadas que me dan al ver las fotografías que me ha entregado, esto es...horrible. Pobre mujer... —¿Y que hay del otro auto?—si no hubo más fallecidos eso quiere decir que el chófer del camión también sobrevivió. —Según mis fuentes, cuando los paramédicos llegaron al lugar, encontraron al chófer muy malherido y con severas quemaduras en gran parte de su cuerpo, el hombre continúa en el hospital recuperándose—informa y me pasa las fotografías donde puedo ver el daño que recibió el hombre, les soy un vistazo rápido y las dejo caer sobre el escritorio. —¿Y que hay de Melek? —Me di a la tarea de buscar en cada hospital, tanto de los pueblos cercanos y la ciudad, algún ingreso con el nombre de Melek Yilmaz pero en todos recibí la misma respuesta no... —No hay ningún paciente con ese nombre—completo la frase por él.—¡Maldición! ¿Por qué el oficial me ocultó esto? ¿Por qué nos hizo creer a Osman y a mí que no hubo sobrevivientes esa noche?—exclamo levantándome del asiento. Me agacho ocultando mi rostro entre mis manos, algo en mi no estaba conforme con la información que me dio Alessandro, pero creí que se debía al dolor de creer muerta a mi ángel. —Tengo otra tarea para ti Gurkan y espero que la cumplas en tiempo récord como lo hiciste con esta—le digo al incorporarme. —A tus órdenes Iskander, siempre a tus órdenes. —Necesito que investigues al oficial Alessandro, él fue quien estuvo al frente del caso—lo veo hacer notas en su agenda. —¿Eso es todo?—inquiere levantándose de su asiento y alisando su traje. —Por el momento sí—respondo mirando la hora en mi reloj. Asiente y se dirige a la salida pero yo lo detengo antes de que toque la manija de la puerta. —Gurkan—se vuelve hacia mí—gracias... por todo—le digo y una media sonrisa se forma en su cara. —Sabes como me gusta que me agradezcas—me guiña un ojo y finalmente sale de mi oficina. Olvidaba que no hace su trabajo gratis y mi gratitud lleva varios ceros de por medio. ... Enzo Abro la puerta de la habitación ocultando mi sonrisa de total satisfacción detrás del ramo de rosas. —Soy yo cara—exclamo y bajo el ramo de rosas para dejar al descubierto mi rostro. Trato de ocultar el impacto que me produce verla en ese estado. Su cuerpo está cubierto de vendajes, su rostro hinchado y amoratado. Es difícil para mí, no dejarme llevar por la repulsión que siento de verla así, pero debo mantener mi compostura. Dio! luce terriblemente mal, en estos tres meses que pasó en coma no puse mucha atención en su aspecto, las veces que vine a verla realmente no le presté atención, solo cumplía con mi papel de prometido sufrido un par de horas para después salir corriendo de aquí, no me apetecía perder mi tiempo en un mueble. Me acerco a su cama con pasos lentos y cuidadosos, ignorando su cara de sorpresa y las palabras desaprobatorias del doctor diciéndome que habíamos quedado en que él me llamaría cuando ella estuviera lista para recibirme. —De eso ya pasaron tres días doctor, ya no podía estar lejos de mi mujer sabiendo que ha despertado—replico y le entrego las rosas a Melek—. Estas son para ti, las rosas rojas son tus favoritas, cara—miento con una sonrisa que no me cabe en el rostro, ella las toma vacilante y las acerca a su rostro inhalando su aroma. Miro sus ojos, buscando cualquier rastro de reconocimiento o recuerdo, pero solo encuentro confusión y vulnerabilidad. Mi ego crece ante la idea de aprovecharme de su fragilidad. —G...Gracias—dice y noto la timidez en su voz. Acerco mi rostro al suyo para besar sus labios, pero ella lo gira hacia un lado y termino besando su mejilla. —Lo siento, en estos momentos no puedo corresponderte como tú lo deseas—se excusa y yo tengo que tragarme el enojo para no hacer o decir algo imprudente. —Está bien cariño, no pasa nada. —La señorita tiene muchas preguntas que solo usted puede responder señor Enzo, los dejaré un momento a solas para que puedan hablar, solo recuerde tener cuidado en como dice las cosas, el mínimo detalle podría alterarla—el doctor se acerca a Melek del lado contrario a dónde yo me encuentro y posa su mano sobre la de ella—. Si me necesita, solo tiene que presionar este botón y vendré de inmediato. Finalmente, el doctor sale de la habitación dejándonos completamente solos a Melek y a mí. Ella no se atreve a decir nada y yo la miro con detenimiento, calculando cuál será mi siguiente movimiento. Me mira con ojos vidriosos, tratando de encontrar alguna conexión en su memoria. Puedo ver la confusión y el miedo en su rostro, y eso solo aumenta mi dicha, sé muy bien lo que voy a decirle. Tengo en mis manos tu pasado Melek y no descansaré hasta tenerte a también a ti.
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