Siento sus labios sobre los míos y abro los ojos de golpe. Despierto de mi maravilloso sueño donde retozaba con Oliver en el lago de Napa. Su bonita cara y su mirada de puro amor es lo primero que veo. Me dedica una sonrisa. —¿Sabes que llevar a tu hijo dentro es agotador? Déjame dormir —protesto y entierro la cara en la almohada. Oliver se ríe. —Es mediodía, nena. —Abro los ojos de golpe. Le miro totalmente despierta y despabilada—. Si aún sigues teniendo sueño después de comer, podrás hacerlo en el jet. —¿Jet? —Asiente—. ¿Adónde vamos? —Nos vamos a Napa. —Acaricia mi pelo. En ese momento me doy cuenta de algo: del ajetreo que se oye fuera de nuestra habitación—. Venga, nena, nuestro nuevo hogar nos espera. —Pe... pero... —Ya está todo organizado. Los detalles que
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