La paciencia no es lo mío. Desde que ayer salió la publicación de Jessa en f*******:, lo puso todo patas arribas. Estoy estresada. Lo he pasado por alto y he preferido evitar el enfrentamiento con ella. ¿Para qué? No merece la pena. Respiro hondo y me digo que ya queda menos. Acaricio a mi pequeño bebé. Mi pequeñín está ahí dentro ajeno de todo. Ojalá pudiera proteger a Carol de todo también. El coche se detiene y casi salto hacia afuera sin esperar que me abran la puerta ni nada. Son apenas las ocho de la mañana y hay poca gente por la calle, pero reina un delicioso olor a café, pan y bollería que quita el sentido. Sin embargo, no me detengo, pues mi meta es otra. —Buenos días, señorita Meunier —me saluda el conserje. Asiento con la cabeza, pero mi enfoque está pues

