Gianna.
Después de ese horrible incidente no sabía que hacer, mi cara se caía de la vergüenza me dispuse a subir hasta mi lugar de trabajo, no sabía del lugar donde se encontraba aquel hombre al que le había ensuciado su traje. Me dispuse a subir por el ascensor esperando no encontrarlo, o peor aún que no haya subido su queja afectando mi hoja de vida, ya no había nada que hacer por lo cual me resigné a un llamado de atención, no podía creerlo ya que era mi primer día, cerré los ojos y toma fuerzas para seguir. Al llegar al piso 32, en general estaba en silencio, miré hacia todos lados tratando de comprender lo que había sucedido; pero lo único que note era una cara de preocupación que venía de ellas.
Caminé hasta mi cubículo, me senté sin imaginar lo que vendría sobre mí, no pasó mucho tiempo para que la puerta de presidencia se abriera, mi cuerpo quedó congelado, mi mirada perdida y mi corazón se aceleró. No podía creer que aquel hombre al que le había arrojado mi comida sobre su traje fuera de la presidencia o tuviera algo que ver con la persona de allí.
Sabía que mi trabajo había terminado, lo bueno era que ya había cambiado su traje, no obstante, su cara no era la mejor, camino directo hasta mi cubículo quedándose parado frente de mí sin decir palabra alguna; tan solo cruzó los brazos y ponía su mirada perdida en mí.
—Lo siento mucho señor, no fue mi intención haber ensuciado su traje, había llegado con tiempo y pensé que era una buena idea ir a comer algo. Sé que usted me va a despedir por haber abandonado mi lugar de trabajo, antes de eso le comento que estoy emocionada por trabajar en este lugar —le expliqué mientras que él no paraba de mirarme mal.
—Por favor síganme, tengo varios puntos para usted. —Claramente este era mi fin.
Lo seguí hasta su oficina, estando allí con su mano me indicó que me sentara, sin cuestionar me senté allí.
—Ahora recuerdo muy bien su desagradable cara, lo que no entiendo es ¿Cómo llegó a trabajar en esta empresa?, no puedo creer que usted sea la nueva secretaría de presidencia, porque creo que usted es la menos indicada. Yo le recomiendo que pase su carta de renuncia y se marche. Ya que usted no es capaz de mirar por donde camina, no me imagino lo que pueda llegar hacer con los documentos tan importantes que salen y entran en esta oficina —Me habla de manera odiosa y petulante, pero debido a los errores que cometí es ¿correcto? —. Soy el dueño, soy Damián Torres.
Lo único que podía hacer era quedarme callada, no tenía más que hacer sí no pedirle disculpas.
—Además supongo que ya revisó todas las carpetas que se encontraban sobre su escritorio, porque las necesito de inmediato sobre mi escritorio, no siendo más se puede retirar; —doy media vuelta y de nuevo su voz me detiene—, espere un momento que aún hay algo más, le informo que la factura de mi traje será descontada de su sueldo. —Era lo que me faltaba para comenzar en esta empresa.
—No señor, aún no las he revisado, supuse que usted me iba a indicar al detalle de que debería hacer con ellas, pero después de lo que me acaba de decir me ha dejado claro que no piensa guiarme con nada, con su permiso me retiro —le dije conteniendo todo lo que estaba en mi interior.
—No es una niña pequeña a la que hay que decirle que debe hacer ¿o sí? le aseguro que si no renuncia, haré que lo haga.
Salí de su oficina hecha una fiera, no podía creer que el hombre que me hizo sentir tan mal en aquel incidente del carro, hoy fuera mi jefe, un hombre abusivo, soberbio y sin corazón, él era frío y no tenía compasión por nada; me senté frente a unas cuantas carpetas, sabía que era trabajo como para un mes, pero él lo quería de inmediato, más que abusivo era ilógico. Ahora sí necesitaba de mi torta de chocolate, ya que mis nervios y ansiedad estaban por los cielos. Cerré los ojos y me recosté sobre el escritorio, donde no hubiera sido por la falta de dinero que había en la casa ya hubiera renunciado y más sabiendo la clase de persona que tenía por jefe.
El día fue pasando y debido al enorme trabajo que tenía sobre mí no pude tomar mi hora de almuerzo, así que seguí de largo hasta la hora de salida. Él salió con destino a su casa, volteo su cara hacia donde yo me encontraba, me miró para luego decir.
—Supongo que ya terminó, porque mañana a primera hora necesito esas carpetas sobre mi escritorio para una junta muy importante, espero que mañana las tenga terminadas, o sino sabrá que sucede con su trabajo —dijo en tono de burla para luego dirigirse hasta el ascensor e irse.
Nada podría ser peor, me encontraba sin almuerzo, sin la cena y debía quedarme despierta hasta muy tarde para poder terminar con todas estas carpetas, el sueño cada vez lo tenía más encima, pero como pude tomé aliento para seguir despierta, es la hora en que no he recibido ni una sola llamada por parte de Mark. Seguramente sigue enojado conmigo, y debe de pensar que me encuentro en la casa, todo esto me ha servido para darme de cuenta la clase de persona que es, mis padres deben de estar pensando que me encuentro con él, por eso no he llegado a la casa; pero cuando lo encuentre me tendrá que escuchar. No soy juguete de nadie si no le he hecho reclamo alguno no es porque sea una tonta, solo he sido paciente con él, ya que estaba acostumbrado a vivir tranquilamente y que yo fuera quien tenía que responder por los gastos, no tanto los míos sino los de él. Claramente se había convertido en una carga para mí. Sintiéndose con derechos sobre mí.
Finalmente había terminado, mis párpados agotados ya querían cerrarse, acomodé las carpetas sobre la enorme mesa de presidencia ya eran casi las dos de la mañana, era bastante tarde como para encontrar un lugar abierto para comer algo.
Recogí mi bolso de mano y me dispuse a ir hasta el ascensor, lo tomé y bajé hasta el primer piso, me despedí de los guardas de seguridad para luego tomar un taxi e ir a casa.