Gianna.
Suena la alarma, debido a la mala noche que pase no quiero ni levantarme, pero debo dejar mis malas energías en la cama y llevar mi cuerpo a la ducha, doy vuelta para levantarme y preciso lleve la mirada directo a la foto que se encuentra sobre la mesa de noche donde estoy junto a Mark. «Desgraciado, yo aquí llorando por él y él seguramente se debe encontrar muy feliz con otra mujer», estaba pensando diferente sobre él, pero lo que hizo anoche fue la gota que regó de la copa.
Voltee el cuadro boca abajo, me levanté de la cama para ir a darme un buen baño, debía de estar despierta, atenta y muy concentrada en mi primer día de trabajo.
Salí de la habitación para luego bajar a través de las escaleras mientras que me observa mi familia desde el comedor, somos muy unidos, excepto por mi hermano quien es el único que sigue enojado conmigo.
—Buenos días familia.
—Buenos días hija —dijo papá
—Hola mi amor —habla mamá con una sonrisa en su cara.
—También te saludo a ti Roko, entiende que fuiste tú quien se equivocó.
—Porque mejor no te callas traicionera, como es posible que mi propia hermana se haya encargado de haber arruinado mi relación con Roxanna, no tenías ni el más mínimo derecho en reclamar por algo que no tenía nada que ver contigo, a ella la amo inmensamente, no tengo la culpa de tu mala relación con tu novio —me dijo para ofenderme, claramente está bastante enojado conmigo.
—Primero que todo yo soy libre de decir lo que pienso, y si para ustedes dos eso estaba bien, pues lo lamento por su baja moral. Ahora, no metas mi relación con Mark, que mal o bien estamos bien, no te compares conmigo con tus cosas, sabes que es lo que hiciste mal y ya —le dije mientras que me sentaba frente de él haciéndole mala cara.
—Eso es lo que tu piensas, pero la realidad es otra, entre ella y yo hay mucho amor.
—Que puede saber un muchacho con tu corta edad de lo que se trata el amor, no seas iluso porque tú para ella solo eres su pasatiempo, si piensas que una señora con el poder que tiene, sin hablar de la cantidad de dinero que le ingresa a diario se puede fijar en un muchacho que lo único que tiene son sueños por realizar.
—Lo mejor es que me marché de esta casa, adiós a todos, con su permiso iré a mi habitación por unas cosas personales y nunca más volveré.
Todos nos miramos, la verdad me afecta es que él no pueda ver que quiero lo mejor para él y que nadie juegue y se aproveche de él.
Después de aquella discusión, me despedí de mis padres y salí a la puerta, ni siquiera ganas de desayunar tenía; la falta que hacía mi auto era demasiada el día tornaba un tanto opaco y en pocos minutos estaría cayendo una fuerte tormenta, por lo cual los taxis pasaban llenos y deprisa, mi paciencia se agotaba por cada minuto que pasaba, apreté fuerte mis manos y respire profundo.
Solo espero que mi nuevo jefe no sea un gruñón y entienda porque llegaré tarde.
La lluvia era tan fuerte que las calles se encontraban congestionadas, inicia mi desespero al solo pensar en que llegaré tarde en mi primer día de trabajo, después de varios minutos por fin llegué a la empresa, salí lo más antes posible del taxi e ingresé dentro del edificio Torres. Saludé amablemente a los recepcionistas para luego ingresar en uno de los ascensores.
Llegué hasta mi nuevo lugar de trabajo, el cual se encontraba en el piso 32, «en esta empresa vas a surgir Gianna», respiré profundo para luego salir de allí con destino a mi cubículo de recepción, él teléfono sonó con insistencia que no permitió que me terminara de organizar.
—Buenos días, habla Gianna, soy la secretaria de presidencia, ¿en qué le puedo ayudar? —dije un tanto nerviosa.
—Hasta que por fin te dignaste a contestar, acaso no quieres pasar del primer día —me dijo de una manera insolente, y tras del hecho elevado de tono.
—¿Con quién tengo el gusto de hablar?, además le informo que no he llegado tarde a mi puesto asignado, de lo contrario he llegado cuatro minutos antes, pero dígame en que le ayudó —le conteste lo más cordial posible sin dejar que saliera mi furia.
—Mejor hablamos allá —dijo para luego terminar la llamada, sin decir más nada.
Quede sorprendida por aquella curiosa charla, sabía que por el tono de voz y como me habló se trataba de algún socio, proveedor o quizá un cliente malhumorado, en fin, el día continuaba y las personas llegaban cada uno a ocupar su puesto de manera monótona, iban llegaban a ocupar un puesto sin sonreír ni hablar entre ellos, gran diferencia a como lo solíamos hacer en la empresa de Roxanna, me senté y esperé que llegara la señora y él señor Torres para recibir indicaciones de que deseaban que comenzará a hacer.
Debido a que aún no llegaba nadie a brindarme información sobre mis oficios acomode un par de carpetas, mientras que con disimulo observe a las demás compañeras notando que ellas se encontraban tecleando en sus computadoras a toda marcha mientras que hablaban a través de sus audífonos, lo que medio lograba escucharles era que se encargaban unas de las ventas, pero yo aún seguía en espera de instrucciones por parte de presidencia, así que opte por salir un poco de mi cubículo e ir por un café.
Pero por desgracia en los pisos no había nada de cafetería, me indicaron que lo podía conseguir en el primer piso, así que fui directo al ascensor para ir.
El ascensor indicó que ya había llegado al primer piso, pedí un capuchino y una torta para llevar, así podía esperar que llegaran los señores Torres, di vuelta y yendo caminando un tanto distraída observando hacia los lados estrelle con un hombre, sobre el cual derrame la torta empalagando su fino traje, sin hablar del capuchino que se había regado todo desde la altura del pecho hasta la rodilla.
Me sentía de lo peor, porque sabía que quienes entraban en este edificio eran personas demasiado importantes, lo cual quería decir que una sola queja suya estaría en peligro de que me echaran de mi empleo.
—Lo siento mucho señor, me distraje por un segundo y ya cuando me di cuenta estaba sobre usted, permítame limpiarlo todo el desastre que he provocado. —Con la cara abajo tome un par de toallitas para limpiarle el traje, lo cual era de poca ayuda debido a que todo había quedado impregnado del chocolate y mojado por el capuchino, me sentía terrible, todo había sido por estar distraída, cuya distracción me costaría mi trabajo.
Levanté mi mirada y lo vi, era él... ¿De verdad me tenía que pasar esto ahora?
—¿Ahora trabaja aquí? —Él habla con alevosía. Mirándola de arriba a abajo.
—Sí, pero eso no es asunto suyo —le respondí. ¿De verdad tenía que encontrarlo en todo lugar?
—Mire no más que incompetente y distraída es, por estar comiendo dejó su puesto solo, según los términos del contrato sabrá que se le viene encima —dijo mientras me miraba como si yo fuera una hormiga u otra cosa diminuta. Abrí los ojos y allí me di cuenta que él tenía algo que ver en esta empresa.
De inmediato caí en cuenta de lo que acabo de hacer, así que intenté remediar las cosas.
—Lo lamento mucho señor, de inmediato le llevaré su traje a la lavandería, se me cae la cara de la vergüenza, no sé como compensarle este accidente —le dije mientras que me miraba de la manera más horrible que me habían visto en toda mi vida.
—No logro creer que usted no tenga vergüenza, usted es una conchuda e irresponsable —sus palabras hirientes me hacían sentir de la manera peor posible—. Además, usted no tiene cómo pagar este fino traje, ya que con todo lo que me tiró encima no logró descartar que fue manchado causándole un daño irreversible. Pero de esto si se dará cuenta en su desprendible de nómina, no vaya a creer que esta insolencia la iré a pasar por alto, las cosas no quedarán así no más, le aseguro que no la va a librar.
Dio vuelta y caminó hasta el ascensor, mientras que yo me quedé parada estática sin saber que debía hacer, aun así tomé el ascensor y fui de regreso a mi puesto.
Recordé como me besó y lo abusivo que fue al besarme mientras que yo estaba en muy mal estado no se lo pienso perdonar, es más le pienso cobrar el mal momento que me ha hecho pasar.