+JACK+
El motor del coche rugió bajo mis pies cuando Macha pisó el acelerador. La noche en Londres se cernía sobre nosotros, y las luces de la ciudad pasaban rápido a través de las ventanillas, como si el mundo mismo quisiera apartarse de nuestro camino. Me apoyé contra el asiento, dejando que mi cabeza cayera hacia atrás. Emily. Solo pensar en ella me hacía apretar los dientes.
—¿Y qué tal con la psicóloga? —preguntó Macha sin apartar los ojos de la carretera. Siempre directo al grano, como debía ser. Esa era una de las razones por las que lo mantenía cerca.
Macha es mi amigo y mano derecha, aunque no seamos sangre, somos uno solo.
Me reí. No pude evitarlo. Todo esto parecía ridículo. Yo, Jack Thyne, el hombre al que todos temen, perdiendo la cabeza por una mujer que, en otro momento, habría conseguido con solo chasquear los dedos. Pero esta vez era diferente.
—Más sexy de lo que me imaginaba —dije, sin ocultar la satisfacción en mi voz—. Esa mujer... es la jodida perfección. Un cuerpo de ensueño: noventa, sesenta, noventa. Ojos azules como el maldito océano, profundos, como si pudieran tragarte entero. Cabello castaño, aunque debería ser rubia. Me pregunto si no le gusta su color natural, pero, ¿quién soy yo para quejarme? Cada detalle la hace única.
Macha soltó una risa breve, pero no dejó de mirar al frente.
—Así que, ¿quieres seguir viéndola? —preguntó, sin mostrar sorpresa. Sabía cómo funcionaba mi mente.
Claro que quiero, no puedo, mi mente no deja de imaginarla, de querer tenerla, de desear poseerla completa y de que sus labios salga mi nombre una y otra vez.
—No es una cuestión de querer, Macha —dije en tono serio, mi mirada fija en las luces de la ciudad—. Voy a seguir viéndola. No hay alternativa.
Macha no respondió de inmediato, como si estuviera esperando que continuara.
—No soy tan viejo, ¿lo recuerdas? 35 —dije, más para mí que para él—. Soy un hombre con poder, dinero, mujeres, lo que quiera. Todo a mis pies, ¿cierto?
—Cierto —respondió Macha sin vacilar.
—Mi padre murió y me dejó el control. Me lo gané. Cada maldito centímetro de este imperio es mío porque me lo merezco. Nadie me lo regaló. Y ahora, aquí estoy, en Londres, atendiendo unos asuntos de negocios... hasta que esa mujer apareció en mi radar.
Soy de Rusia, tengo muchos nombres y apellidos, utilizo el que más me convenga y en este caso soy Jack… En las sombras me llaman el sin-nombres.
Mi mente volvió al momento en el que la vi por primera vez en esa revista. No era cualquier mujer. No era solo otra cara bonita que pasaría una noche en mi cama y luego desaparecería como tantas otras. No. Emily Parker era diferente. Su cara en esa portada me atrapó, me flechó, y en ese instante supe que tenía que tenerla. Pero no de la manera habitual.
—Esta vez, no quiero comprarla, ni obligarla —continué, sintiendo una punzada de irritación en el estómago—. Mis hombres investigaron, y ella tiene suficiente dinero. No necesita el mío. Así que tuve que ser más... creativo.
Macha arqueó una ceja, pero no dijo nada.
—Me hice pasar por un paciente —me reí, recordando la cara de Emily cuando entré en su oficina. No me creyó ni un segundo. Es lista, demasiado lista para su propio bien—. Me inventé esa mierda de que necesitaba ayuda para mi vida s****l, como si no pudiera satisfacer a ninguna mujer. Pero claro, ella no compró ni una palabra. Lo sé. Puedo tener a cualquier mujer que quiera, Macha. Ya lo sabes. Pero Emily... ella es diferente. No quiero comprarla ni usar la fuerza. Quiero conquistarla.
Macha negó con la cabeza, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando.
—¿Te has encaprichado? —preguntó, finalmente, con un tono de advertencia en su voz—. Sabes lo que pasa cuando te encaprichas con algo. Te obsesionas, Jack. Y esta mujer... no es una cualquiera. Todos hablan de ella.
Me incliné hacia adelante, mirándolo fijamente.
—No es un capricho —espeté, con una frialdad que hizo que sus manos se tensaran en el volante—. Esta vez, no. Quiero dominarla, hacerla mía de una manera en que ni ella misma pueda resistirse. No la quiero como a las otras. Ella es más. Mucho más. Y voy a averiguar todo sobre ella. Con quién sale, a quién llama, qué desea. Cada jodido detalle, Macha.
Macha permaneció en silencio durante unos segundos, antes de lanzar una advertencia en voz baja:
—Ella será tu perdición, Jack. Esa mujer no es fácil. Y según el detective, estaba a punto de casarse hace cinco años. Pero todo se vino abajo porque su prometido se acostó con otra. Y cuando lo descubrió, casi lo mata. Esa historia salió en todos los malditos periódicos.
No pude evitar sonreír. Una mujer con fuego. Eso solo la hacía más irresistible. Había algo en ella que me llamaba más allá de su belleza. Su fuerza. Su capacidad para levantarse después de caer. Eso era lo que quería conquistar.
—No me importa lo difícil que sea —respondí—. Voy a tenerla, y lo haré a mi manera. No importa cuánto tiempo, tome. Mañana regresaré. Y mientras tanto, uno de mis hombres la seguirá. No voy a dejar que esta oportunidad se me escape.
El coche se detuvo frente a mi Penthouse, y Macha apagó el motor. Me quedé sentado por un momento, mirando a la nada.
—¿Esto es una obsesión? —me pregunté en voz baja—. Quizás. Pero no me importa. Después de verla hoy... no quiero dejar de verla.
Pensé que solo era un capricho pasajero, una más en mi larga lista de conquistas. Pero esto era diferente. Emily Parker me había hecho desear algo más. No quería simplemente poseerla. Quería tenerla bajo mi control, dominar cada uno de sus pensamientos hasta que no pudiera ver a otro hombre sin pensar en mí.
—Esto no va a ser fácil, Jack —advirtió Macha mientras abría la puerta del coche—. Esa mujer es complicada. Y tú, ya tienes suficientes problemas encima.
Sonreí, una sonrisa fría y calculadora.
—Los problemas nunca me han detenido antes, Macha. No va a ser diferente esta vez.
Salí del coche y subí a mi Penthouse, pero incluso mientras cruzaba las puertas de mi hogar, mi mente seguía en Emily. Esa mujer iba a ser mía, de una forma u otra.
Me serví un vaso de whisky y me acerqué a la ventana, observando las luces de la ciudad.
Londres. Fría, imponente. Justo como me gustaba. Pero incluso esta ciudad, con toda su grandeza, no podía llenar el vacío que sentía en mi interior. Necesitaba algo más. Necesitaba a Emily.
—Mañana volveré a verla —murmuré para mí mismo, tomando un sorbo del whisky—. Y esta vez, me aseguraré de que me vea de otra manera.
No sabía si esto se llamaba obsesión, pero lo que sí sabía es que no iba a descansar hasta que esa mujer fuera mía.
Y cuando eso sucediera... no habría vuelta atrás.
Na-ah, nadie puede entender este sentimiento, no obstante ni yo lo comprendo, ya que siempre he sido un maldito hombre sin sentimientos, siempre he obtenido lo que quiero y cuando quiero, el mundo se mueve con un puto dedo, el dinero y el poder lo es todo. Pero, perooooo esa mujer era diferente, no sé, pero su rostro me pedía piedad. Por primera vez estoy actuando diferente, quiero que ella se enamore de mí.