Introducción
+EMILY+
Cinco años. Cinco malditos años. A veces, siento que han pasado siglos desde que lo dejé todo atrás. Parece que fue ayer.
Estaba comprometida, lista para construir una vida, y luego me encontré sola, traicionada, vacía. Desde entonces, las cosas no han sido lo mismo. Las relaciones íntimas dejaron de ser lo que era, y el amor... bueno, eso es una palabra que hace tiempo decidí borrar de mi vocabulario. Me dedico a mi trabajo. Soy terapeuta, sexóloga, la ironía más grande del universo. Ayudo a otras personas a reconectar con su deseo, mientras yo... bueno, yo sigo sumida en este interminable silencio.
Londres es fría, y a veces me siento igual. Aquí no hay lugar para errores. Aquí sobrevives o te comen viva. Y en cuanto al amor... no existe. No después de lo que pasó.
*
Michaela me llama mientras me visto para el trabajo. Su risa siempre me saca una sonrisa, a pesar de mis cínicas resoluciones sobre la vida.
—Cariño, te estoy diciendo, esta noche vamos a salir. ¡Tienes que deshacerte de esos fantasmas! —Su voz es tan burbujeante como siempre. A veces me pregunto cómo puede vivir con esa ligereza en el pecho.
—No estoy segura —me miro en el espejo, observando mi reflejo con una mezcla de autocrítica y resignación. Tengo 30 años, soltera, y la única intimidad que he experimentado en años ha sido entre mis propias sábanas. No sé si tengo ganas de fingir que soy alguien más por una noche.
—¡Emily! —protesta Michaela—. Si yo tuviera tu cuerpo, saldría todas las noches. ¿Qué te pasa? Eres un bombón y te estás desperdiciando en esa oficina llena de gente rota. ¿Cuándo vas a darte cuenta de que necesitas algo más?
—Soy terapeuta de..., Michaela —le respondo con una risa sarcástica mientras termino de abrocharme la blusa—. Estoy bastante consciente de lo que necesitan los demás. ¿Qué te hace pensar que no lo sé sobre mí misma?
—Oh, cariño —su tono se suaviza—. Sabes lo que necesitas. Solo tienes miedo de buscarlo.
Sus palabras me golpean más fuerte de lo que quiero admitir. Y es verdad, ¿no? A veces, el miedo a salir lastimada de nuevo es más grande que las ganas de volver a sentir algo. Pero no lo digo. En su lugar, suspiro y le prometo que consideraré lo de salir esa noche. Eso parece satisfacerla... por ahora
Bueno, ya no debo discutir sobre eso, es mejor que me apresure o mis pacientes pensarán que ellos no son tan importantes como deberían de ser.
Ash, para muchos esta profesión es algo fuera de lugar, algo que ofende a la religión y otras cosas. Sí, no nos toman en serio, tanto así que somos un pecado capital, la inmoralidad misma, el loquero y mucho más. Bueno, hace mucho que eso me dejó de afectar, en este momento lo que me ofende es que no pueda ayudar a un paciente, me pone de malas, sin embargo, siempre encuentro el camino para conectarme con él o ella y así ayudarle.
+++
Llegar a la clínica siempre me hace sentir en control, como si en este lugar pudiera manejar todo lo que está roto. Aquí, la gente viene a mí para arreglar lo que no pueden solucionar por sí mismos. Es irónico, considerando que ni siquiera puedo arreglar mi propio caos interno. Pero al menos aquí tengo un propósito.
Cuando me siento en mi escritorio, reviso mi lista de pacientes para el día. Y es ahí donde lo veo por primera vez: Jack Thyne.
El nombre no me dice mucho, pero hay algo en él que hace que mi pecho se contraiga. Tal vez sea la falta de información. A diferencia de otros pacientes, su ficha está prácticamente vacía. No hay historia clínica, no hay antecedentes, solo una nota breve: "Urgente. Recomendada por terceros."
—Qué demonios... —murmuro, leyendo la ficha por segunda vez. Nunca me gusta ver tan poca información sobre alguien. Me pone nerviosa. Pero dejo pasar la inquietud. No es la primera vez que algo así sucede. A veces, la gente viene con demasiada vergüenza para revelar todo desde el principio.
Meto la ficha en la carpeta y me preparo mentalmente para la sesión. Mi día está a punto de comenzar.
+
Diez minutos después de la hora pautada, la puerta de mi oficina se abre con un crujido suave. Levanto la vista y lo veo.
Y entonces el aire se va de la habitación.
Jack Thyne. Alto, vestido de n***o, con una presencia que inunda el espacio como una tormenta oscura. Hay algo en él que inmediatamente me inquieta, como si una parte de mí supiera que este hombre es peligroso de una manera que no puedo explicar. Sus ojos, oscuros como el abismo, me atraviesan, y por un momento me siento expuesta, vulnerable, como si pudiera ver más allá de mi fachada de profesionalismo.
Camina hacia mí con una lentitud que parece calculada, y su mirada nunca se aparta de la mía. Es como si todo en él fuera un reto, como si estuviera esperando que yo cayera en su juego. Pero no caeré.
—Señor Thyne —digo con la voz más firme que puedo reunir—. Por favor, tome asiento.
Él no responde de inmediato. En su lugar, me mira durante un segundo más, un segundo que parece durar una eternidad, y luego, con una media sonrisa que me eriza la piel, se sienta frente a mí, en ese sillón cómodo y relajante.
—Doctora Taylor —dice al fin, y su voz es tan profunda y suave como había imaginado—. Me han dicho que usted puede ayudarme.
Hay algo en su tono que no me gusta. No es solo la forma en que habla, sino cómo lo hace. Cada palabra está cargada de un subtexto que no puedo descifrar. Es como si estuviera probándome, esperando a ver qué tan lejos estoy dispuesta a llegar.
—Eso depende de lo que necesites —respondo, manteniéndome profesional. No soy nueva en esto. He lidiado con todo tipo de hombres, algunos arrogantes, otros heridos, pero ninguno como él. Este hombre no muestra sus cartas. Es un enigma envuelto en misterio.
—Lo que necesito... —Su sonrisa se ensancha un poco, y entonces se inclina hacia adelante—. No es algo que pueda discutir con cualquiera.
La tensión en la habitación aumenta. Siento que estoy siendo arrastrada a un juego del que no sé las reglas. Pero me mantengo firme. He trabajado con hombres difíciles antes. Puedo con esto.
—Aquí no hay juicios, Jack —respondo, usando su nombre por primera vez, lo cual parece hacer que sus ojos brillen con una intensidad inquietante—. Lo que me digas queda entre nosotros.
El silencio se instala de nuevo. Jack se reclina y me mira como si estuviera decidiendo cuánta verdad contarme. Finalmente, después de lo que parecen siglos, habla.
—Digamos que... tengo ciertos pensamientos que están interfiriendo con mi vida —dice lentamente, su voz baja y cargada de insinuación—. Y esos pensamientos no son algo que pueda controlar fácilmente.
Sus palabras son simples, pero el peso detrás de ellas me golpea como una corriente eléctrica. Sé a dónde va esto, pero no puedo permitir que me afecte. Soy su terapeuta. No su... lo que sea que piense que soy.
—¿Podrías ser más específico? —pregunto, manteniéndome en control a pesar de que algo en mi interior ya empieza a tambalearse.
Su sonrisa se vuelve peligrosa, y por primera vez, me doy cuenta de que este hombre no está aquí para ser curado. Está aquí para jugar. Y me temo que yo soy su objetivo.
—Mis fantasías, doctora —dice en un tono que me hace estremecer—. Son más oscuras de lo que imaginas.
Por un momento, me quedo sin palabras. El aire en la habitación se siente pesado, cargado de algo que no puedo explicar. Mis dedos juegan inconscientemente con el bolígrafo sobre mi escritorio, un intento desesperado de mantener mi compostura. Él está jugando conmigo. No hay dudas. Lo veo en la forma en que sus labios apenas se curvan en esa media sonrisa peligrosa, en la manera en que me mira como si supiera exactamente cómo reacciono ante cada palabra suya.
Pero lo que más me molesta es que está funcionando.
—Fantasías oscuras, dices —repito sus palabras como si intentara restarles peso. Pero sé exactamente lo que quiere decir, y no puedo permitirme caer en su juego.
¡Técnicamente es mi paciente!
Él no responde de inmediato. Me estudia, con esos ojos oscuros e impenetrables que parecen devorar cada detalle de mi expresión. Siento que me estoy desnudando ante él, sin siquiera moverme.
—Creo que estamos siendo demasiado vagos, Jack —intento llevar la conversación a un terreno más profesional—. Necesito que seas más claro. ¿Qué tipo de pensamientos te están afectando? ¿Por qué los consideras oscuros?