Llegamos a una casa sencilla pero muy acogedora, se siente el amor en ella, Adaia va directo a su habitación y yo la sigo, deja todo sobre su cama y empieza a desvestirse, inmediatamente salgo de su habitación, no es algo que deba o quiera ver; aprovechando los minutos de soledad empiezo a rondar la casa y a detallarla con detenimiento, buscando pistas, o algo que me diga porque esta chica es tan especial, hay fotografías por todos lados, de ella y supongo que su madre, al parecer son solo ellas dos, quiero saber su historia, pero no tengo a quien preguntarle, sigo rondando por la casa hasta que la escucho sollozar, corro deprisa a su habitación, no está, entro en el baño y la veo, esta bajo la ducha, las manos extendidas sobre la pared y su cabeza mirando hacia abajo, el cuarto de baño esta lleno de vapor, por Dios santo debe estarle quemando la piel, que se supone que está haciendo, se que no puede verme pero si sentirme, así que hablo, quizás me escuche como un susurro dentro de su cabeza.
—Detente Adaia, todo estará bien, no estas sola— No se que mas pueda decirle, no se que le pasa, no se qué piensa, esta misión a ciegas es un asco.
Parece que me escucho, porque cierra el grifo de agua, el vapor empieza a desvanecerse y esa es mi señal de que debo salir antes de ver lo indebido; estoy en la sala sentado sobre el sofá cuando sale de su habitación, lleva el cabello envuelto en una toalla y se vistió con un chándal como 3 tallas mas grande que su cuerpo, se ve graciosa y tierna a la vez, ¿Quién es esta chica y porque lloraba?, cuando la vi por primera vez sentí su fuerza, su poder, pero aquí veo lo frágil que puede llegar a ser; entra en la cocina y coloca leche sobre una olla, luego agrega un polvo color café y remueve por unos minutos, sirve el liquido humeante sobre una taza e inhala su olor extasiada, sonríe con la taza entre sus manos y los ojos cerrados, hace un momento lloraba y ahora sonríe por una bebida, aunque si huele realmente exquisito, como quisiera que pudiera verme, poder hablarle, tratar de entender que sucede con ella, que pasa por su cabeza, parece una chica frágil, pero fuerte a la vez, y esos ojos, ¿Qué significan esos ojos, tan peculiares?, como dijo Miguel el mismo príncipe de las tinieblas la necesita, ¿Por qué, para qué?, esto de ser un ángel joven es complicado, no tengo contactos en el cielo con quien investigar que es lo que esta pasando.
Adaia se recuesta en el sillón con su taza entre las manos, enciende el televisor y empieza a buscar canales, hasta que encuentra uno de su interés, y así nos quedamos, no se por cuanto tiempo, ella viendo su programa y yo viéndola a ella.
Abren la puerta, es la mujer de las fotos, supongo que su madre, coloca unas bolsas sobre la barra de la cocina y voltea, se me queda mirando, 1,2,3,4,5 segundos infinitos, hasta que Adaia rompe el silencio.
—Hola mami, ¿Qué estas mirando?— Si señora ¿que es lo que mira?, si usted no puede verme.
—Hola mi amor, ¿Cómo estuvo tu día?— le responde mientras camina hacia ella y le planta un beso en la frente.
—Que te digo, igual que siempre, nada nuevo—
—Bueno señorita hágame el favor de ayudar a su madre cansada a ordenar las cosas que compre en la despensa, mientras yo voy a darme una ducha y cambiarme— se gira y me mira de nuevo y con los labios gesticula un S I G U E M E, oh carajo, ella puede verme.
La sigo por un pasillo hasta que entramos en una habitación, cierra la puerta detrás de mí.
—¿Qué haces aquí, que está pasando?— no sé qué decir, estoy en blanco, ¿cómo es que puede verme?, ella parece darse cuenta de mi pregunta interna.
—Si puedo verte porque yo también soy un ángel, pero llevo mis alas escondidas desde hace tanto tiempo que me confundo con los humanos — Ok, la madre de Adaia también es un ángel, oficialmente no entiendo nada, absolutamente nada de lo que esta pasando.
—Hola, mi nombre es Azael—Logro articular— Me enviaron para proteger a Adaia, pero si tu eres su madre y eres un ángel, no entiendo cual es mi papel aquí, allá arriba no me dieron más detalles, ella suspira pesadamente.
—Sabía que llegaría el día, Adaia no sabe que yo soy un ángel, ella ha crecido alejada de la verdad, ¿Qué fue lo que te dijeron exactamente?
—Miguel me encomendó una misión para la cual fui creado, mi misión es proteger y mantener a Adaia oculta de los demonios, no deben herirla o encontrarla.
—Miguel, desgraciado miguel— dice en voz alta, ¿acaba de llamar al arcángel miguel desgraciado?
—Escúchame bien Azael, porque tu vida esta a punto de cambiar para siempre, Miguel es un mentiroso, si fuiste creado para protegerla o no, eso en realidad no lo se, pero no vendrá ningún demonio hacerle daño a Adaia, de eso estoy segura, la verdad es mucho mas profunda que eso, tengo 18 años escondiendo a mi hija, yo se que Dios sabe en donde estamos, pero también sabe que merecíamos vivir tranquilas, y por eso nos dejó en paz, en cambio Miguel, siempre con su sed de venganza y su envidia, tenia que encontrarnos, Adaia es mi hija biológica, y como sabes eso está prohibido, los ángeles no debemos procrear, no debemos amar a nadie mas que no sea Dios padre, pero en mi caso no fue si, me enamore Azael, de quien no debía, y por eso fui desterrada del cielo, pero para Miguel eso no basto, quiere a mi hija; el destino de Adaia es peligroso, peligroso para el cielo y todo aquello que nos han hecho creer desde el día de la creación, el mundo como tu lo conoces no es el correcto, hay una verdad mucho mas profunda y verdadera, eres un ángel muy joven, pero voy a necesitar de tu ayuda, vienen tiempos difíciles Azael, viene una guerra entre el cielo y el infierno.
Me quedo de piedra asimilando cada una de las palabras de esta mujer, una guerra, ¿Por qué Miguel no me hablo de nada de esto?
—¿Por qué dices que se avecina una guerra entre el cielo y el infierno?—Eso es lo que mas me consterna.
—Porque Adaia es mi hija, lo cual debería hacerla mitad ángel, pero también es hija de otro ángel, pero no cualquiera el padre de Adaia es lucifer, el príncipe del infierno.
¡Jesús!, de todas las cosas en el mundo, esperaba todo, menos esto, la primera persona por la que siento una conexión genuina, y viene siendo la hija de lucifer, es que me he quedado sin palabras, que puedo decir ante algo como esto, ni siquiera sabia que era posible que los ángeles tuvieran hijos; creo que tengo demasiado tiempo perdido en mis pensamientos, porque Lucinda, la madre de Adaia me mira inquisitivamente, respiro profundo porque tengo que serenarme, ahora mas que nunca debo estar sereno y atento.
—Esto es más, mucho más complicado de lo que imagine, mi superior me dijo que era una misión difícil y delicada, pero no me dieron mas detalles, ahora veo porque, esta es una misión s*****a—digo sin mas, porque es la verdad, se trata de vivir o morir.
—Azael, si te enviaron aquí es porque Lucifer ya sabe de la existencia de Adaia, y va a venir por ella, no sé con que intenciones, el ángel del que me enamore hace 20 años puede que ya no exista, cada año en el infierno es un milenio, eso cambia a cualquiera, el podía ir y venir a su antojo, entre el infierno y la tierra, pero desde que nos descubrieron padre lo encerró para siempre en el abismo infernal, yo temo por mi hija Azael, Lucifer puede no ser el mismo, la maldad dentro de el puede haberlo consumido, y si la encuentra, no descansara hasta llevársela, necesito que tu me ayudes, que la ayudes a ella, siempre temí que este día llegaría, debo contactar a mis hermanos celestiales y pedirles ayuda, se que ellos hablaran con padre y el hará que Lucifer no pueda encontrarnos, pero te necesito Azael, Adaia te necesita en este momento.
No era necesario que me convenciera de quedarme en esta misión, desde que esa mirada roja se poso sobre mi lo supe, lo haría, haría lo que fuera por ella, incluso morir si eso es necesario, pero preferiría que no lo fuera, escojo vivir, que ambos vivamos, juntos de ser posible, claro que la protegeré, victoria me oculto muchas cosas de esta misión, pero me dijo algo cierto, nací para este momento, este es mi destino.
—Estoy contigo, con ustedes, pero quiero saberlo todo, quiero cada detalle importante, pero antes de esto, debes hablar con ella, debe saberlo, no puedo proteger a alguien que no sabe que esta en peligro, ella no puede seguir haciendo su vida normal, y debemos irnos de aquí, mañana de ser posible, ella llama mucho la atención, necesitamos una ciudad grande, llena de gente diferente, por así decirlo.
Lucinda asiente y sale de la habitación.
Ellas están juntas en la cocina, preparan la cena supongo, Lucinda coloca música y trata de hacerla reír, lo logra por momentos, pero creo que no es genuina, Adaia sonríe para complacerla, siento una tristeza en ella, trata de ocultarla muy en el fondo, pero la siento, siento su fragilidad, como la de los humanos, pero ella no es humana, quizás por estar rodeada de ellos durante 20 años, la observo por un rato, como se mueve en la cocina, abre los cajones, saca cosas, pica algunos ingredientes, parece que tiene calor, porque se recoge su hermoso cabello n***o en una coleta alta, eso me deja el camino libre para admirar sus hombros y su cuellos, su piel es tan pálida que rosa lo transparente, ella es divina, de eso no hay duda alguna; terminan su preparación y llevan todo a la mesa, se sientan a comer y toman sus manos, elevan una pequeña oración al cielo y eso realmente me sorprende, Lucinda aun le agradece y le pide a nuestro padre, a pesar de que la separo de la persona que amaba y la desterró a vivir una vida humana, simple, insignificante, alejada de todos a los que amaba, ver esto solo me hace sentirme aun mas seguro de mi decisión, ellas merecen ser felices y yo voy a protegerlas.
La noche cae y ellas están juntas en el salón con la tele encendida, espero a que Lucinda hable con ella pronto, porque el papel de espía que estoy haciendo empieza a ser un poco incomodo, Adaia ni sabe que existo, pero Lucinda me lanza miradas de vez en cuando y no se que hacer, quizás debería esconderme en alguna habitación, pero eso parece igual de raro, así que prefiero quedarme aquí y ver como interactúan juntas, tratando de descifrar a la chica de mirada roja que yace sentada muy cómodamente en el sofá, Lucinda me mira y me gesticula con los labios — D A N O S U N M O M E N T O— entiendo, van hablar es algo que debe decirle a solas, pero como recientemente he descubierto que soy un cotilla y entrometido, camino hasta el pasillo que conduce a las habitaciones y me escondo detrás de una de las paredes, lejos de su vista pero donde mi oído puede escuchar atentamente, aunque claro esta podría ir a la habitación más alejada de la casa y aun las escucharía, soy un ángel, pero me quedare aquí.
—Adaia cariño hay algo de lo que debo hablarte, siempre me has preguntado esto y hoy por fin llego el día, es momento de hablar sobre tu padre.