La huida

1858 Words
Lucinda. —Para empezar a contarte sobre tu padre primero debo hablarte de mi, no soy una mamá normal cariño, hace 20 años antes de que tú nacieras yo era un ángel, me enamoré y eso para nosotros es un pecado, por eso fui castigada y enviada a vivir entre los humanos. Adaia tiene toda su atención puesta en mi, y me cree lo sé, en el fondo ella siempre supo que éramos diferentes, tomó una respiración profunda y me pongo de pie frente a ella, por primera vez en 20 años vuelvo a extender mis alas, hace tanto quería hacer esto, contarle todo, ser yo misma realmente; mis alas, mis hermosas alas, al dejarlas salir siento que me he quitado un peso de encima, siempre las sentía allí, junto a mi, pero no podía dejarlas salir; mi hija me mira con asombro y emoción, está sonriendo, oh mi pequeña, si está soy yo, tú madre, un ángel. Me siento de nuevo junto a ella, es momento de hablar de su padre. —Esto debe parecerte una locura, y lo es mi amor, ahora que sabes quien soy yo, tenemos que hablar de tu padre, el también era un ángel, el más fuerte de todos. De pronto entra Azael como un huracán en la habitación y nos mira a ambas, se ha hecho visible, ahora Adaia puede verlo, y para comprobarlo a pegado un grito del susto. —¿Tú quien eres, en qué momento has entrado?— le pregunta Adaia. —No es momento para hablar, ya habrá tiempo para eso, Lucinda están aquí, debemos irnos ¡AHORA!— al escuchar esas palabras me coloco de pie al instante, debemos huir. Miro a mi hija y la tomo de las manos. —Cariño, ve a tu habitación y has un bolso con lo esencial, incluido tu pasaporte y documentos importantes, tienes 5 minutos, en el camino te explico todo, pero esto es de vida o muerte. Creo que está en shock porque no me discute nada, solo asiente y corre a su habitación, está en modo automático definitivamente, yo me apresuro hacer lo mismo, tomo un bolso del armario, empaco unas pocas midas de ropa, los artículos de primera necesidad, todos mis documentos, los cuales son falsos cabe destacar, ojalá no sea un problema en el aeropuerto, pasados unos 7 minutos entra Azael a la habitación. —Ya, es momento de salir, o nos van a encontrar. —Ya tengo todo, vamos por Adaia, el auto está justo enfrente. En el pasillo nos encontramos con Adaia lista, es como si mi hija hubiera crecido 10 años, está toda vestida de n***o lo cual hace resaltar su tez tan pálida, lleva unos botines de cuero estilo militar, un jeans oscuro señido a su cuerpo el cual combinó con una camisa negra de mangas cortas una talla más que su cuerpo, y para completar se colocó la chamarra de cuero que le regale en su cumpleaños del año pasado, parece un ángel vengador, lo que siempre quise fue alejarla de todo esto, pero no pude lograrlo, ahora mi niña deberá madurar de golpe. Nos subimos al auto, yo voy conduciendo, nos dirigimos al aeropuerto, a donde vamos es incierto, lo importante es salir de aquí cuanto antes. Adaia. Mi madre es un ángel, siempre supe que me ocultaba cosas, pero esto es surreal, por un momento llegue a pensar que se estaba volviendo loca, hasta que me mostro sus alas, enormes y blancas y tan brillantes, y supe que no estaba loca, por un momento sentí que iba a desmayarme de la impresión, aunque si soy sincera conmigo misma, creo que había estado esperando este momento, no precisamente que me confesara que es un ángel, porque ni al caso, pero si esperaba el momento de que algo sucediera, algo que hiciera que mi vida no fuera tan monótona e insípida, y como mi madre es un ángel, eso me convierte a mi en mitad ángel ¿cierto?, o al menos en alguien celestial, no una humana común, lo cual esta bastante bien y me hace sentir mejor, por otra parte ahora las cosas empiezan a tomar sentido, por esta razón jamas sentí que pertenecía a nada, por eso nunca encaje con los demás, sus conversaciones siempre me parecieron banales, y ni hablar de sus interés, yo me engañe pensando que era un alma vieja, pero esta es la realidad, es que soy distinta, y me gusta, me siento completa por fin, aunque aun necesito saber obre mi padre, ¿sera por esta razón que no esta con nosotras?, quizás no acepto que mi madre es un ángel, por toda la confusión y la rapidez del momento no pude preguntarle nada a mi madre, pero ahora ya estoy mas calmada y tengo millones de preguntas que debe responderme, y la primera de ella es quien carajo es el hombre sentado en la parte trajera del auto, el cual si me preguntan me d un poco de escalofríos, no deja de mirarme fijamente, sus facciones no vislumbrar ningún tipo de emoción, es como un guerrero, eso lo hace parecer un viejo, pero si me fijo en su musculatura y su piel, parece de mi edad, tal vez un poco mas, debe tener unos 25 años quizás. Azael. Ya vamos vía el aeropuerto, estuvieron muy cerca de la casa, un error como ese no puede volver a pasar, aún no se a donde iremos, no sé nada del planeta tierra y sus ciudades, espero que Lucinda tenga algo en mente, lo primero es una ciudad grande, llena de gente entre la cual ocultarnos, lo segundo encontrar un buen lugar para vivir el cual debo reforzar por todos lados, no existen armas contra Los Ángeles, pero si descubrí qué hay sensores de movimientos, alarmas y cámaras de seguridad, los cuales serán muy útiles; en todo el trayecto mientras voy divagando y pensando en el siguiente paso a seguir notó cómo Adaia me observa, debe estarse preguntando quién soy y qué hago aquí, y la verdad es que yo comienzo hacerme la misma pregunta, ¿se abran equivocado al darme esta misión?, parece algo imposible, pero hasta hace unas horas también creía imposible que el diablo tuviera un amorío con un ángel y posterior a eso naciera una hija, pero existe Adaia, así que imposible no es. Llegamos a un lugar inmenso y con una arquitectura preciosa, es el aeropuerto dice Lucinda, saco de la cajuela del auto los bolsos de las chicas y nos disponemos a entrar. —¿Ya tienes pensado adónde iremos?, porque yo no tengo idea de las ciudades, debe ser muy grande y llena de habitantes, un lugar donde podamos escondernos sin llamar la atención— le comentó a Lucinda mientras hacemos la fila para comprar los tickets de vuelo. —Si, pensé en New York, es un país llamado Estados Unidos, es una ciudad muy grande y llena de gente muy excéntrica y original, eso nos ayudará a no llamar la atención. —Perfecto, New York entonces. Al llegar nuestro turno Lucinda compro los tres vuelos en el horario más cercano, nos tocaría esperar 2 horas en el aeropuerto, eso no es nada bueno, ellos están cerca, cuando estábamos en la casa detecté un olor azufre, Lucifer ya empezó a enviar demonios tras nosotros, mentiría si digo que no estoy asustado, en el cielo no me entrenaron como ángel guerrero, de hecho estaba en lista de espera para ángel guardián, antes de que todo esto comenzara. Los aviones son cómodos, no se puede negar, los asientos tienen hasta su propia tv, pero me siento incomodo pasando entre las nubes, estoy volando, pero mis alas permanecen escondidas en mi espalda, Adaia esta sentada junto a mi, el asiento de su madre esta frente a ella, en un principio se negó profundamente a sentarse junto a mi, la entiendo no sabe quien soy yo, y se acaba de enterar de la realidad de su vida, debe tener un millón de preguntas y yo precisamente no soy el indicado para responderlas, pero no pienso desperdiciar esta oportunidad tenemos aproximadamente 10 horas de vuelo, así que voy hablar con ella, tratar de tener una conexión, ella es mi destino y debo descubrir porque razón; pero al parecer mis ganas de hablar deberán esperar, porque si señores se ha dormido, profundamente, de hecho creo que escucho unos pequeños ronquidos de fondo, ella es realmente hermosa, sus facciones están completamente relajadas en un sueño placido, y yo me deleito con esa vista, a pesar de tener una tez tan blanca, sus labios son de un color rosa fuerte exquisito, los tiene entre abiertos por la relajación, quiero acercarme, sentir su respiración sobre mi cara, pero muy probablemente la despierte y la asuste a muerte. Adaia. Mi madre me ha obligado a sentarme con el extraño, esta evitándome, no quiere responder mis preguntas, por primera vez en toda mi vida iba hablarme sobre mi padre, pero nos interrumpió el hombre que esta sentado a mi lado, el cual parece tener intensiones de hablarme, gracias amigo, pero no estoy interesada, me acomodo en mi asiento y me hago la dormida, plan perfecto, no creo que se atreva a despertarme; este tiempo en silencio lo necesito para pensar sobre todo lo que me he enterado en las últimas horas, toda mi vida dio un giro de 360 grados, mi madre no es la persona que yo creía, por lo tanto me pregunto, ¿eso en que me convierte a mi?, si bien es cierto que siempre me he sentido diferente a los demás, por esa razón nunca me fue fácil tener amigos, o entablar siquiera una conversación, los pensamientos y formas de ver la vida de los demás, siempre me han parecido insípidos, y carentes de importancia, sentirme asi me costo que mi madre me llevara durante años al psicólogo, para que ahora venga a confesarme que yo no estaba loca, que si, que soy diferente, no estaba loca, todo este tiempo tuve la razón, y el psicólogo me hizo entender que había algo malo en mi que debíamos tratar y mejorar, mi madre dejo que eso me pasara a mi, me dejo sufrir antes de confesarme la verdad, siempre le suplique para que me contara sobre mi padre, sobre mi familia, me hizo creer que era mejor si no sabia nada, que el no podia formar parte de nuestras vidas, imagine tantas cosas en busca de la verdad, invente varias teorias en mi cabeza, que seguro el era casado, que mi madre nunca le dijo de mi, que quizas fue un desliz de una noche y mi madre ni sabia su nombre, millones de ideas pasaban por mi cabeza, nunca me senti normal, y el hecho de no tener una familia como todos solo lo empeoraba, eramos solo ella y yo, sin abuelos, sin primos, sin tios, ¿quien vive asi?, todos tienen una familia, asi sea lejana, nosotras no tenemos a nadie, y ahora lo entiendo, nuestra familia no vive en la tierra, esta arriba, mucho mas allá de las estrellas.
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