—Me gustaría encontrar una jefa tan comprensiva como la tuya, amiga. Alzo la mirada hacia Nahia y no puedo evitar sentir aquella extraña sensación respecto a mi trabajo, y al hecho de que Eva me haya dado permiso por diez días, en vista de lo que sucedió con mi padre. Descansar estaba bien y se lo agradecía profundamente, pero eso solo me hacía sentir peor, mucho menos útil en mi cargo, ya que, ella claramente me dijo que Héctor y Ginebra podían arreglárselas perfectamente sin mí estos días. —¿Ya enviaste tu carta de renuncia a Imperio? —pregunto desviando un poco el tema. Ella asiente con la cabeza a la vez que deja su computador al lado de la cama. —Sí, acabo de hacerlo —suspira y luego sonríe—. Me siento tan liberada, definitivamente necesitaba irme lejos de Alondra. —Eso es buen

