Todo un macho alfa

1201 Words
POV KASANDRA Luther y Leonor se habían portado muy bien conmigo. Me invitaron esa noche a la cena mientras Leonor me platicaba sobre las cosas que le gustaban al señor Bianchi. Me dijo que el café lo prefería solo con una cucharada de azúcar, tildando a amargo. También decía que le gustaba leer el periódico a primera hora de la mañana, que siempre arreglara su escritorio porque tenía que estar impecable. Siempre tenía que tener una botella de agua a su lado para refrescarse. Enzo Bianchi odiaba los retrasos, prefería que estuviera minutos antes de la hora indicada. Estaba un poco nerviosa por toda la información que me soltó Leonor porque tenía que procesarla muy bien. No me gustaba hacer cosas de comida, sentía que no las hacía bien. Esa noche casi no pude dormir bien por estar pensando en cómo me iría el día de mañana, si pasaría la prueba, si haría algo mal y Enzo me despediría de inmediato. Todos mis sueños se vendrían abajo. No podía permitir eso. Tenía que hacer de todo mi esfuerzo para quedarme y que Enzo este contento con mi trabajo. Hice algunas respiraciones profundas antes de dormir y luego me acosté. • Al día siguiente me desperté temprano para hacer mi rutina de yoga. Tenía que estar preparada para el día. Me fui a duchar, luego salí y me puse una falda lisa que llegaba hasta las rodillas, una camisa azul de botones. Dejé abierto los primeros tres. Me puse unos tacones medio altos en n***o. Ahora sí parecía una asistente, pero una asistente sexy. Espero que el señor Bianchi no se desconcierte. Tomé mi bolso y salí. —Buenos días, Kasandra. —me dice Leonor. Ella iba lista, con un pantalón de tela fina un poco holgado y una camisa mangas largas adherida al cuerpo. Leonor era una chica muy guapa, ahora entiendo a Luther y es muy afortunado. —Buenos días. ¿Nos vamos ya? Leonor me había dicho anoche que ella podría llevarme al trabajo en su auto para que no gastara en taxis. De todas formas íbamos al mismo lugar. —Vamos a desayunar primero, Kasandra. Luther nos ha dejado el desayuno listo. Tienes que tener mucha energía para empezar el trabajo, nunca se sabe cuan cansado estará. —Si, tienes razón. Nos sentamos a la mesa y empezamos a desayunar mientras platicábamos de cualquier cosa. —Cualquier cosa no dudes en acercarte a mi oficina y preguntarme. Estamos para ayudarnos. —Claro, gracias. Bajamos y nos montamos al coche. Me sentía feliz a pesar de todo. Empezaba el primer día de mi nueva vida. Cuando llegamos a la empresa el señor Bianchi todavía no había llegado. Me puse a hacer lo que Leonor me dijo: arreglé y limpié muy bien la oficina. Busqué el periódico y se lo puse en su mesa. Busqué una botella de agua en el refrigerador para dejarse en la mesa también. Tenía que estar fresca. Me fui a la cocina y empecé a hacer el café. Solo esperaba que me saliera bien. Sentía que esta era la parte más difícil. Puse dos cucharadas de café y luego un poco de miel. Sabía diferente pero era menos azúcar. Me dirigí a la oficina, justo en ese momento apareció el señor Bianchi. —Buenos días, señor Bianchi —lo salude. Enzo me dio una mirada a cuerpo entero. Me puse nerviosa porque pensé que me diría que estaba muy mal vestido pero carraspeo y se dirigió a su escritorio. —Buenos días. Has venido temprano. —Claro que si. —Y veo que has ordenado muy bien. ¿Te ayudó Leonor? —me miró. —No me ayudó, solo me dio consejos. —sonreí—aquí le tengo su café. El toma el vaso y le da un sorbo. Bueno, aquí viene la verdad. Frunció un poco el ceño y yo palidecí. No le gustó. —¿Que le has puesto al café? Sabe diferente. ¡Ay no! Que estupida fui, no debí cambiar, debí dejarlo a como Leonor me dijo. —Yo... —¿Tu lo hiciste o fue Leonor? —me pregunto. —Fui yo, señor. —respondí cabizbaja pero luego me reincorporé y lo miré—le puse un poco de miel en lugar de azúcar, me parece que es mucho mejor así. Es miel natural y endulza muy bien. Asintió. —Tienes razón. Hasta sabe diferente, más rico. No entiendo por qué Leonor no lo pensó antes. Me gusta, Kas, ahora quiero que le pongas azúcar a todos mis cafés. Sonreí satisfecha, tenía un peso menos de encima. —Está bien, señor. ¿Que quiere que haga para el día de hoy? Estoy a sus órdenes. No había visto mejor a Enzo, ayer porque estaba muy nerviosa para observar sus rasgos pero Enzo es un hombre joven y muy guapísimo, cualquier mujer estaría babeando por el. Ahora entiendo por qué las chicas de ayer estaban tan nerviosas, este hombre es intimidante. Aparte de guapo es millonario y muy inteligente. Y lo mejor de todo: heterosexual. Hoy en si nunca se sabe. —Quiero que envíes un ramo de rosas a la señora Jacinta y le digas que por favor sea la última vez que me llama para molestarme. Quiero que me consigas una reunión con el señor Windel Brown para el próximo lunes a primera hora. Luego revisas los documentos de nuestros clientes que nos deben, los que están por liquidar la deuda y los que no han pagado absolutamente nada. —ordenó. Busqué mi libreta y empecé a anotar todo mientras asentía—Tambien quiero que revises mi discurso para la universidad de Nueva York porque hablaré en la graduación, quiero que todo esté impecable. Luego haz unas llamadas a estos números —me das una lista de números con nombres—y cerciórate de que asistirán a la reunión de empresarios que será en un mes. Necesito dejar todo listo. Ah, por ultimo hazme un informe sobre las ventas del último mes y me lo dejas en mi escritorio a las cinco de la tarde, antes de tu salida. Ojo, Kas, todo lo que te dije es para hoy. Antes de que te vayas vienes acá y me das reportes de cada una de las tareas que te he dado. No quiero errores y tampoco excusas. Asentí. —Claro que si, señor Bianchi, me pondré a trabajar en este momento. —Vale, entonces puedes retirarte. Asentí y salí de la oficina. Suspiré aliviada cuando estuve fuera de su radar. Se sentía el ambiente muy pesado. Tenía una larga lista de cosas por hacer el día de hoy, pero el día era largo y me conocía perfectamente, me gustaban los retos así que me pondría manos a la obra para ir haciendo paso a paso lo que el señor Bianchi me ordenó. Busqué a Leonor solo para que me dijera donde encontrar algunos archivos y hacer el informe. Primero envíe las flores a la casa de la señora Jacinta, encontré la dirección en un directorio así que no podía estar mal. Me asegure de que fuera un ramo enorme y muy bonito con una nota bastante educada, corta y concisa.
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