Pregunté antes ingresar. Mi hermana ya había desaparecido. —No eres prisionera, si tus deberes están listos, puedes hacerlo en los predios de la escuela. —Perfecto. —¿Y eso no es ser prisionera? —preguntó Sharon, apenas cerré la puerta. Me encogí de hombros. Nos dirigimos al clóset en silencio, cada una sumergida en alguna parte de esta historia recordando. Sacamos lo que nos pareció acorde a cada una. —No hay mucho para escoger: si quieres pantalón o falda, blusa; manga larga, manga corta o buzo del mismo color, hasta la ropa interior. —Me reí sin ganas al verla, tomé lo primero y me cambié. —Sharon… —No tienes nada que decir Yele, así debían de ser las cosas. No soy… no pertenezco a la Tierra, mi destino es aquí, no allá. —Sharon, amas a Larry. —Lo sé, pero no te dejaré aquí sol

