La última palabra la enfaticé. Miré a mi gente, poco a poco ellos comprendieron, las mujeres alzaron la vista y se miraban con sus esposos, Jupnuo, Unukalhay y el resto de los hombres del Oeste estaban a nada de sufrir un ataque al corazón, sus rostros los tenían rojos. Larry cruzó una mirada conmigo y sonrió, a pesar de su tristeza, le guiñé un ojo. —Para los del Este, sé que el rey se saltó mi opinión, les dio una nueva orden para tratarme, pero recuerden que ustedes se encuentran en todo su derecho de aceptarla o no. Tienen derecho a elegir, de actuar bajo sus criterios y como les he demostrado, respetando las diferencias de cada uno y los rangos. —¿Qué haces Yelena? —¿Acaso no te das cuenta? Desplegué mi energía, cambié mi vestuario y quedé con el traje de combate. Su desconcierto
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