Capítulo 3 - Aclarando un par de cosas

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Capítulo 3 - 81 Aclarando un par de cosas – L2 Destinada al Oeste —Majestad. —¿Me llamarán siempre de esa manera? Milnay señaló la silla al extremo de la mesa. ¡La silla principal! Cada uno saludaba no con respeto, sino con temor de su parte. —¡Ups! —No sé qué decir, sentí el rostro ardiendo—. Desconozco las palabras adecuadas para decirles. Espero me tengan algo de paciencia. —Mi nombre es Yurano. —habló un hombre atlético, sin cabello y de tez morena—. Pertenecemos a su élite y también seré su instructor. —Un gusto. Encantada de conocerlo. Sharon se quedó a un lado, le señalaron el puesto a ocupar y era al frente de Yajaht, él resplandecía. Debió amarla mucho, los hombres se sentaron, mientras las mujeres se ubicaron atrás de ellos. —Soy Luzlybelt, encargada de curar, soy una de las sanadoras de los almanos. Era una mujer hermosa, de rizos y ojos cafés como el caramelo, piel blanca, muy delicada. Se había ubicado a espalda de Yurano. —Encantada, ¿también serás una de mis maestras? —¡Por supuesto! —Al notar su euforia bajó la cabeza ante un, Yurano algo avergonzado, la miró de reojo—. Tendremos que pasar mucho tiempo juntas, usted creará algo muy importante, majestad. Ahora habló sin emoción, una actitud diferente a la de hace unos segundos, —arrugué la frente—. ¿Acaso era bipolar? » Perdóneme, olvidé por un segundo que no nació aquí, sino en ese… —Luzlybelt… Bajó una vez más la mirada al escuchar el llamado de atención de Yurano, uní otra vez mis cejas. ¿Qué significa esto? —Se llama planeta Tierra, ya veo, no es de su agrado. ¿Usted lo conoce maestra Luzlybelt? —Me alegré de haber recordado y pronunciado su nombre. Ella miró a Yurano—. Te realicé una pregunta a ti, no a Yurano. Debí decir algo errado, la mirada de los presentes se fijó con asombro en mí, la única normal era Sharon. —No, majestad. Volvió a bajar la mirada. Suspiré, me senté de nuevo, cerré los ojos un poco. Algo anda mal. —analiza, y con calma saca tus conclusiones, si es que puedes. —¿Por qué no se sientan? —extendí la mano. —No es permitido, mientras sus esposos se encuentren presentes. Respondió Milnay, sentí una corriente indignante, para nada agradable. El malestar recorrió lo largo de mi cuerpo. Ayúdame, Dios, a comprender las migajas de información, porque no tengo a la abuela para comprender el juego de ajedrez. ¿Alma en que siglo se congeló? —Quiero aclarar algo antes de continuar con las presentaciones. Siéntense por favor. —Les mostré sus asientos, se miraron extrañados y con temor lo hicieron, los ojos de Yajaht brillaron, comprendí que apoyó la decisión—. No sé cómo era mi otro yo, además desconozco las leyes de Alma, aún no soy la soberana, tampoco me he casado con el legítimo Rey. Al levantarme ellos también lo hicieron, Sharon se tapó la boca para sofocar la risa. » Les pedí que se sentaran. No se deben levantar cada vez que yo lo haga, y por favor las mujeres siéntense al lado de los hombres. Temerosos obedecieron, comencé a caminar a su alrededor, se miraban entre sí, tal vez mi comportamiento les llamó la atención, deben tener otras costumbres. Pero el acto contra las mujeres, sobre todo contra sus esposas, fue un acto recriminatorio y eso jamás lo toleraré. » Por ahora seré su alumna, les exijo un trato sin consentimiento, sin lástima o sin pena por quién seré dentro de unos años. Quiero ganarme el título de «Majestad», el cual no han dejado de repetirlo desde mi llegada. Además, eso de «Mi Reina» o «Princesa», por favor cuando lo seamos. Cuando porte el anillo o no sé cómo acostumbran a casarse los almanos. —Los ojos de Yurano y el otro maestro desbordaban enojo—. ¿De acuerdo? —Sí. —respondieron en coro, noté su incomodidad. —Tengo un par de cosas más por decirles. Lo segundo; si cometo algún error o si en determinado momento realizo algo no acostumbrado, están en la libertad de decírmelo. No conozco el comportamiento de los almanos. —¿Cómo lo acabado de hacer? —habló un hombre al lado de Milnay, el cual no se ha presentado—. Soy Marlash. —Exacto, Marlash. —efectué un ademán para ver si pronuncié su nombre bien—. Debo hacerme a la idea de los nombres extraños. —sonrieron un poco. —Lo mismo pensamos al familiarizarnos con los de ustedes. —Tal vez. —sonreí—. Tercero; siento igual de importante. Quiero que conozcan la Tierra. —No todos pueden pasar. —arrugué la frente. —¿Por? Dejé de caminar, Milnay fue quien habló después de mirar a Marlash, quien le dio permiso para hacerlo con una leve inclinación. ¡Esperen, esperen, esperen! ¿Qué pasó aquí? ¿Se le debe pedir permiso al hombre para hablar? —Solo el ejército puede salir, es una regla y cumplimos la orden. —¿De quién? —Volvieron a mirarme. Nadie habló—. ¿No lo saben o quieren ocultarlo? Eres la comandante —dije, ella podía dar a la autorización. —Comandante encargada, adema es mujer —respondió Yurano. —No comprendo, ¿cuál es el problema con ser mujer? —Majestad. Se abrió el portal para buscarla, cuando todo acabe, se cerrará, no nos gusta ese planeta. —ignoré a su compañero, no aparté la mirada de Milnay. —No me has dado una respuesta. —mantuve la mirada fija en Milnay, luego lo enfoqué a él—. Le pregunté a tu esposa, no a ti. Porque son esposos, ¿cierto? —No lo sabemos. —respondió ella después de mirar a su marido—. Cumplimos órdenes de los ancianos. Y si majestad, él es mi esposo. —¿Deben pedir permiso a sus maridos para hablar? —cuestioné. Silencio de parte de ellos—. Cambiaré varias reglas. —Eso lo ha estipulado la Energía. Intervino Yajaht encogiéndose de hombros. No compartiré esa costumbre, Laxylya me enseñó primero a analizar, el problema era que sabía cómo era ante este tipo de injusticias, jamás estaré de acuerdo. Pude haber sido una idiota como lo fui con Jerónimo. Sin embargo, la igualdad es igualdad. No podré quedarme callada. —Por ahora, cuando se celebren estas reuniones, las mujeres se sentarán al lado de sus compañeros, serán esposos fuera de este recinto, pero aquí seremos iguales, se respetará nuestra opinión. Y con relación al planeta Tierra, si no lo conocen, no tienen potestad para expresarse mal. —No perteneces a ese mundo. —contestó, de manera condescendiente, Yajaht. —La Energía decidió que naciera en otro mundo. ¿No se preguntan por qué? No hablen mal de la Tierra en mi presencia. Se debe conocer algo para tener una opinión al respecto, la abuela siempre lo recalcaba. No creo que el planeta Alma sea cien por ciento perfecto, —todos se sonrojaron—. Ese sentimiento que acaban de sentir es el mismo que siento cuando hacen un comentario de mal gusto sobre la Tierra. —Ya sabemos mucho al respecto. —comentó Milnay. —¿Y su gente? —pregunté. —Es peor aún. —contestó Yurano, al ver que lo miré con reproche por su tono de voz bajó la mirada. —¡No hagas eso!, acabo de decirles que me digan las cosas como las sienten, todos tenemos derecho a expresarnos. —Las mujeres arrugaron su frente, no pronunciaron palabra. —¡Matan a ese planeta! Con respecto a eso de que nuestras esposas se igualen, debe considerarlo, eso es decisión del Rey y la Energía —contestó.
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