Narra Aarón
Desde que dejé a Danna en su casa apenas pude dormir de tanto pensar en ella. Sus labios, sus ojos e incluso su voz no los he podido sacar de mi mente.
— Aarón tenemos al chivato — dice Lenin entrando a la sala mientras me tomo el café.
— ¿Le habéis sacado la información que necesitaba?
— No Jefe, hemos probado todo tipo de tortura, pero el muy idiota no suelta la sopa.
— "Idiota"... esa palabra se me ha hecho muy familiar — hablo mientras mi mente viaja a los momentos de que Danna me llama de esa manera.
— No entiendo, Aarón — añade Lenin.
— No es nada..., solo pensé en voz alta — digo. —Todos tenemos miedo de perder algo.
— Sigo sin entender.
— Me refiero al chivato, averigua qué es lo que teme perder — ordené.
— No está casado ni tiene hermanos, solo tiene a su madre.
— Bien... Espérame en el auto iremos a visitar a la madre.
Termino mi café y antes de salir decido llamar a Danna.
— Buenos días, señora de Davis — dije nada más contestar.
— No tan buenos.
— Tienes una voz muy sexy recién levantada.
— Mm… ¿Tú crees?
— No lo creo, lo sé.
— Me parece que el mundo va a llegar a su fin, porque por primera vez escuchó Aarón Davis piropearme.
— Si me dejaras te diría cosas bonitas a cada rato Danna.
Escuché un silencio incómodo por la otra línea.
— A eso me refería, cada que quiero ser amable contigo pones una barrera entre nosotros Danna, vuelvo a decir.
—Es la única manera que tengo de defenderme.
—Conmigo no tienes por qué hacerte la fuerte, aunque sé que eres una mujer luchadora.
—¿Qué sabes de mí? — pregunta.
—Sé que pasaste por mucho y que viviste lo que un ser humano no debería vivir, pero también sé que eres valiente, conteste.
— No soy tan valiente como crees Aarón.
— Tener debilidad de vez en cuando no significa dejar de ser valiente.
— ¿Cuál es tu debilidad?
— A lo mejor con el paso del tiempo te lo digo.
— Vale — dice ella.
— ¿A qué hora quieres que pase por ti a recogerte para llevarte a tu nuevo hogar? — pregunté.
— Aarón ¿es necesario irme a vivir contigo?, me gustaría seguir en mi casa es el único lugar donde me siento libre.
— Te dejé claro que quiero que estés en mi casa y en mi cama — digo subiendo de tono.
— Pero....
— No quiero más peros Danna, este tema ya está hablado, pasaré por ti en cuanto termine unos asuntos — digo y después cuelgo.
Me enoja tanto cuando se resiste a mí de esta manera, solo quiero protegerla, pero ella me ve como un enemigo.
Salí de mi casa hecho una furia, Danna saca lo peor de mí.
— Lenin llama a los rusos y dales la orden de que acaben con ese desgraciado... no voy a negociar más con ese individuo.
— Jefe no creo que sea lo apropiado — dice Lenin.
— Haz lo que te digo Lenin — grito.
Él asiente y se va.
Conduzco mi Lamborghini, aprieto el acelerador y recorro las autopistas de España, próximo destino Toledo.
Narra Danna
Aarón es como el tiempo cambia sin previo aviso, su carácter me confunde consiguiendo liar mis sentimientos. Joder me siento atraída por él y no lo niego, pero como amar a un ser como Aarón si lo poco que sé de él es terrorífico.
— ¿Tendrá familia? — me pregunto a mi misma.
Mi celular vibra nuevamente, pensando que podría ser Aarón el que volvió a llamar, pero no es así, es mi hermano.
— Diga.
— ¿Cómo está mi pequeña hermana?
— Tu única hermana — le dije. — Estoy bien ¿y tú qué tal?
— Bien Danna, me acordé de ti y decidí llamarte.
— Pues deberías acordarte más de mí y llamarme más seguido.
— Te prometo que a partir de ahora llamaré más.
— Oye Roberto, ¿todo va bien verdad?
— Si Danna como siempre.
— Vale, te quiero y después nos despedimos.
Las conversaciones con mi hermano no suelen ser largas, pero al menos nos escuchamos de vez en cuando.
Roberto es dos años más grandes que yo, cuando mi padre metía a sus amigos a mi habitación él lo encerraba en la suya, pero cuando esté salía no le decía nada.
Miro a mi humilde casa y no veo nada que pueda llevarme conmigo, solo un par de trapos para vestir mi cuerpo y mi laptop que es el único aparato de valor que tengo y lo utilizó como consuelo, llevo más de un año intentando escribir un libro, pero aún está a medias. Habla de mis penas, del tormento que viví en mi infancia y lo que siento después de más de cuatro años sin derramar una sola lágrima.
Cada vez que siento que estas quieren salir por mis ojos me pellizco tan fuerte que mi cerebro se centra en el retorcimiento que me daba y las ganas de llorar desaparecen.
Se hace de noche y Aarón aún no ha llegado por mí, deseo que se haya arrepentido y me deje en mi casa, pero al instante llaman a la puerta, la poca esperanza que tenía desapareció al verlo ahí parado frente a mí.
— ¿Lista? — cuestiona con una ceja levantada.
—Si — dije y fui a por mi maleta.
— Danna solo llévate las cosas que tengan valor para ti, conmigo no te hará falta nada.
— Tampoco seré una mantenida Aarón, trabajaré — dije volviendo a él.
— Danna he tenido un día complicado, no quiero discutir más y por ende te digo que no trabajarás —agrega acariciando mi mejilla, este acto suyo causó un bombardeo de pompas de jabón en mi interior.
Cierro la puerta de mi casa por última vez, pensando que mi suerte y mi libertad llegaron a su fin.
— ¿Qué harás conmigo Aarón? — pregunté antes de adentrarme a su costoso auto.
— No haré nada de lo que no quieras hacer conmigo, de momento me conformo con sentir tu calor entre mis sábanas — responde acorralándome entre el auto y su cuerpo.
— Ahora dime ¿tienes hambre? — susurra a mi oído.
— No, ya cene — conteste con la respiración estremecida por su cercanía.
Esos ojos verdosos acompañados de la forma tan intensa que me observa me deja sin aliento, sin latidos y con el cuerpo helado.
Cuando entramos a su casa pude percibir su buen gusto, realmente todo lo que vi de él hasta ahora era elegancia por todos lados incluso en su forma de fruncir el ceño.
— Ven te mostraré nuestra habitación — dice cogiéndome de la mano mientras subíamos por las enormes escaleras de mármol.
Nunca en mi vida había visto algo igual, era enorme con una gran cama complementada con sábanas de seda y una terraza amplia regalando unas vistas increíbles.
— ¿Te gusta? — pregunta sin soltarme la mano.
— Es muy bonita.
— Ahora es tuya también, la puedes decorar a tu gusto — me informa. — Por cierto en mi vestidor hay ropa nueva para ti y pijamas, espero que te guste.
Asentí y después se metió en el suntuoso baño.
Al entrar a ese vestidor me quedé con la boca abierta, era más grande que mi departamento.
Al parecer me compro de todo.
Busco un pijama y todos lo que había eran cortos o demasiado provocativos.
Opte por uno que consistía en un pantalón corto junto a una camiseta de tirantes.
Entré rápidamente en su cama y me puse las sábanas encima para que no me vea. Pero cuando este sale con solo el pantalón del pijama me quede petrificada en mi sitio, no podía parpadear por la belleza de este hombre, incluso los tatuajes que tenía eran perfectos.
—Espero que no te importe que duerma sin camiseta, es la única manera que tengo para conciliar el sueño — me dice mientras entraba en la cama.
— No tengo problema — articulé con dificultad.
— Genial, buenas noches — añade y apaga las luces.
Cambio de posición y le doy de espaldas, pero minutos más tarde siento como su mano se posa por mi vientre y su cuerpo se pegó con el mío, su aliento chocaba en mi nuca y su olor recorría mi sistema, cerré los ojos y disfruté de su cercanía hasta quedarme dormida.