Bea me propuso que me fuese con ella un par de semanas a su pueblo. Saldríamos con sus amigos y nos divertiríamos, así despejaría la cabeza y después a estudiar el resto del verano. A mamá le costó aceptar, quería que me pusiese de inmediato a estudiar, pero al final entre María y papá le convencieron de que me dejase esas dos semanas de vacaciones.
Nos iríamos un viernes cuando el padre de Bea saliese de trabajar a las 19h, se tardaban más de tres horas en llegar a su pueblo en coche, así que llegaríamos allí a la hora de la cena y después podríamos salir un rato con sus amigos, aunque esto último no se lo dije a mi madre.
El fin de semana anterior a irnos al pueblo de Bea, ella, Rober y yo fuimos al cine a ver la película de Spiderman. Ellos eran novios, pero con Rober todo era fácil, yo no me sentía como una “sujeta velas”, de hecho, él se había convertido en uno de mis mejores amigos y hablábamos mucho entre semana y no solo los findes. Después del cine fuimos a cenar algo y a las 22h teníamos que estar en el pub que era la hora de abrir y Rober empezaba a pinchar música. Bea y yo entramos con él, pero nos quedamos sentadas en un banco que había en la entrada charlando. Poco a poco fueron entrando algunas personas, entre ellas entró Juan Carlos, pero venía solo.
Se sentó con nosotras en el banco y empezó a preguntarnos por las notas y qué íbamos a hacer ese verano. Rober llamó a Bea con la mano y ella se fue a la cabina con él, y yo me quedé hablando con Juan Carlos. Estaba triste, enfadada conmigo misma por haber perdido el curso por culpa de mis sentimientos hacia un idiota… supongo que necesitaba desahogarme y Juan Carlos me vino ideal porque no era tan cercano a mí como para conocer todos mis problemas y los rollos que tenía en mi cabeza, pero a la vez se había ganado en estos meses mi confianza y me sentía segura para contarle cosas de mi vida.
Después de soltar por la boca toda la mierda que tenía en la cabeza sobre la universidad (omití la parte de Fran, aunque suponía que él ya sabía que me gustaba alguien de ese grupo), le conté que la semana siguiente me iría con Bea a su pueblo un par de semanas y después me tocaba seguir estudiando todo el verano. Resultó que él era de un pueblo muy cerca del pueblo de Bea, pero no íbamos a coincidir allí porque él se iba justo esas dos semanas a la playa con unos amigos.
Me dio mucha envidia lo de ir a la playa y puse cara de pena. En ese momento, sus ojos me miraron fijamente, él sonreía como si yo fuese lo único que quisiese ver en ese momento… y de repente noté sus labios sobre los míos. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué me besaba?
Con un movimiento de sus labios abrió un poco los míos y noté su lengua dentro de mi boca. ¡Qué asco! ¡Qué sensación tan incómoda! ¿En serio eso era besar? Eché mi cabeza para atrás separándome de él, noté que mis ojos se llenaban de lágrimas. Me había robado un beso, mi primer beso, ese beso que yo no había planificado darle a él. Le miré a los ojos, estaba sorprendido, pero no pude identificar ninguna reacción más, sin decir nada me levanté y me fui al baño llorando. Al cabo de unos minutos Bea abrió la puerta del baño preocupada:
- ¿Qué ha pasado? ¿Por qué lloras?
- Ha metido su lengua en mi boca. – dije y ella me miró un segundo con los ojos abiertos como platos… después explotó a reír.
- Le vi besarte y pensé que iba todo bien, pero te separaste y te vi llorar. – Se puso seria – No se te ocurra decir que lloras por Fran… Juan Carlos es mucho mejor que él.
- No es eso. – Me limpié las lágrimas y me soné la nariz – Es solo que… - miré al suelo con un poco de vergüenza – me ha dado asco.
Bea volvió a reírse, pero cuando la fulminé con la mirada me abrazó.
- Perdona… se me olvidaba que era tu primer beso – dijo, sonaba un poco arrepentida.
- ¿En serio son todos así de asquerosos?
- No creo que haya sido asqueroso, sólo que no te lo esperabas y te ha pillado desprevenida. – Me ayudó a limpiarme la cara y a arreglarme un poco la ropa – Vamos, ha salido a la calle con sus amigos ¿quieres ir por él y que vuelva?
- No lo sé… ¿sí? ¿no? – No podía pensar, por suerte Bea pensó más rápido que yo.
- Vamos, ve con Rober, yo salgo… si no he entrado en 5 minutos, sales tú.
- Bea porfa, no hagas locuras, necesito manejar esto a mi ritmo.
- 5 minutos Desi, después sales a la calle.
Madre mía… qué locura… ¿qué le iba a decir yo a este chico después de haberme retirado así de su beso? Y lo más importante ¿por qué me beso? Yo no le gustaba, en ningún momento me había dado la sensación de que yo le gustase… o quizás me estaba equivocando.
Estaba apoyada en el borde de la cabina, eligiendo el orden de las canciones que quería que pusiese Rober. Sólo le había contado que Bea me pidió que esperase 5 minutos y después saliese. Rober me quitó los discos de las manos.
- Ya pasaron los 5 minutos – dijo – ve a por tu chico.
¿Mi chico? ¿Qué estaban planeando estos dos? Cogí aire, estiré un poco mi top y le sonreí dirigiéndome a la entrada. Llevaba pantalón vaquero de cintura bajita, ajustado a las caderas y con las patas muy anchas que tapaban mis deportivas blancas y rosas, y un top rosa de escote barco que caía un poco tapando los hombros pero no tenía mangas y además era cortito, por encima del ombligo. Ese día me había recogido el pelo en un moño alto dejando despejada mi cara y mi cuello, hacía calor y así se bailaba mejor.
Cuando llegué a la entrada del pub, Bea cruzaba la puerta sonriente. Al pasar por mi lado hizo un movimiento de cadera chocando la suya con la mía, pero no dijo nada. ¿Y ahora? ¿qué tenía que hacer yo? Bea sonreía, así que fuese lo que fuese no podía ser malo.
Respiré hondo y me armé de valor para salir a la calle. Javi, el portero del pub me abrió la puerta y me sonrió ¿otro más compinchado? ¿En serio todo el mundo estaba metido en ese fregado y yo no sabía ni lo que estaba haciendo? “Deja de pensar, Desi, solo sigue tu corazón” me obligué a pensar.
Me quedé en el umbral de la puerta, subida en un pequeño escalón que había y le vi justo a un lado, a unos tres o cuatro metros hablando con sus amigos. Sonreí tímidamente. Después de haberle dejado plantado no sabía qué hacer. Me miró y una sonrisa apareció en su cara morena. Sólo extendió su brazo izquierdo dejando la mano relajada y a la vez estirada, en un gesto como invitándome a darle la mano. Eché a andar hacia él y se la tomé.
- ¿Podemos hablar? – le dije. Él solo asintió.
Nos fuimos unos metros más allá, que había unos bancos de piedra para sentarse alrededor de unos grandes maceteros con plantas. Él se subió al banco y se sentó en el respaldo, me hizo un gesto para que yo también subiese y me sentase junto a él pero negué con la cabeza. Seguíamos tomados de la mano y sin hablar. Me coloqué de pie, frente a él, entre sus rodillas que estaban un poco separadas. Puse nuestras manos aún unidas sobre su rodilla y agaché la mirada, no podía mirarle a los ojos, no quería ver decepción en sus ojos.
- Lo siento… me pillaste desprevenida. – Fue lo único que acerté a decir.
- Desi, me gustas – dijo levantando mi barbilla para que le mirase a los ojos. – No lo planeé, pero estando ahí contigo me apetecía besarte.
- Yo… – empecé a hablar, pero me puso un dedo en los labios callándome.
- No tienes que decir nada, no volverá a pasar.
- No es eso. – Respiré hondo, tenía que decírselo, él apretó un poco mi mano para animarme a continuar. – Es que… nunca me habían besado.
- ¿De verdad? – dijo sorprendido. Yo sólo asentí con la cabeza mientras mordía mis labios aguantando cualquier tipo de gesto en mi cara. – Ahora entiendo mejor tu reacción.
Puso sus manos en mi cintura, justo al borde de mi top, y me acercó un poquito más a él quedando mi cuerpo justo entre sus rodillas, pero sin que la corta distancia fuese incómoda.
- Desi, eres guapa, inteligente, divertida y una tía genial, no me puedo creer que nadie te haya besado antes.
- Bueno… digamos que mi vida amorosa es un pequeño gran desastre desde los 14 o 15 años. – tenía 19 años y le estaba diciendo al chico más guapo de todo el pub que era el primer chico que me besaba.
- Tú me gustas mucho, Desi – hizo una pausa – sólo dime si yo también te gusto.
- Bueno… sólo mírate, estás… - lo dejé en el aire, ¿cómo decirle que era el chico más guapo del lugar? – y me caes genial… pero es complicado.
- ¿No te gusto?
- No, claro que me gustas… pero mi corazón…
- ¿Ya está ocupado? – me interrumpió.
- Me lo han roto muchas veces – miré de nuevo hacia mis pies – y no sé cómo recuperarlo. – Le di una media sonrisa – Además la semana que viene me voy de vacaciones.
- ¿Me dejas intentar unir algunos pedazos de ese corazón antes de irte de vacaciones?
- ¿De verdad quieres hacer eso?
- Si con eso consigo hacerte sonreír y que te abras a la posibilidad de volverte a enamorar, me gustaría intentarlo.
- No sabes dónde te estás metiendo – dije mientras le abrazaba.
- Déjame descubrirlo – contestó contra mi pelo.
Estuvimos un rato así, yo con mis brazos en su cuello y él con sus brazos en mi cintura. Después nos separamos para mirarnos.
- Íbamos a ir a los bares del centro ¿te apetece?
- Es el último finde antes de mis vacaciones y habíamos quedado aquí con las chicas que vienen un poco más tarde. La verdad es que prefiero quedarme, pero tú ve con tus amigos, hay que celebrar el final del curso.
- Si me dejas, prefiero quedarme aquí contigo. – Su forma de decirlo me hizo sonreír.
¿De verdad este chico quería quedarse conmigo esta noche? Bueno, ya me había metido la lengua hasta la garganta sin permiso… creo que sabía que no iba a poder hacer mucho más salvo convencerme de que sus besos podían ser mejores que aquel primer beso.
Me separó de su cuerpo para incorporarse y bajarse del banco. Intentaba hacerme cosquillas mientras andábamos hacia sus amigos.
- Chicos, me quedo con Desi y sus amigas. ¿Nos vemos luego?
- ¿Vienen luego Lidia y Verónica? – me preguntó Mario.
- Lidia no, está de viaje este finde, pero Verónica y las demás sí que vienen dentro de un rato – contesté sonriendo.
Sabía por qué lo preguntaba. Él sonrió, y supuse que más tarde volverían por aquí.
Me pasé toda la noche hablando y bailando con Juan Carlos. Un poco más tarde vinieron mis amigas y ahí estaba yo bailando con el chico más guapo de todo el pub. No nos habíamos vuelto a besar, pero un par de veces estuvimos a punto, quizás me estaba dejando mi espacio para que la siguiente ficha la moviese yo cuando estuviese segura. Me encantaba haber hecho buenas migas con Rober porque ya sabía toda la música que me gustaba y la estaba poniendo toda para mí, para que yo bailase con Juan Carlos.
El pub se había ido llenando pero aún había mucho espacio libre para bailar… faltaba el grupo más numeroso, el de los espectáculos de baile, pero hoy no me importaba si venían o no.
Se empezó a oír más jaleo de gente. Sabía lo que significaba pero me dio igual. Juan Carlos había estirado su brazo separándome de su cuerpo para que después yo volviese acercarme a él, y en el momento de acercarme tuve la necesidad de ponerme de puntillas y juntar mis labios a los suyos. Con nuestros labios aún juntos, le noté sonreír. Se separó sólo un par de milímetros:
- ¿Estás segura? – asentí.
Entonces inclinó un poco su cabeza hacia un lado y volvió a juntar sus labios con los míos. Los movía despacio, de forma cautelosa y tierna. Subió una de sus manos a mi cuello y la puso justo debajo de mi oreja, y su otra mano estaba en mi espalda baja apretándome contra su cuerpo. Inconscientemente subí mis brazos alrededor de su cuello y fui moviendo mis labios con los suyos, un poco abiertos. De repente notaba mucho calor, mi respiración decía que debía separarme un poco de él, pero mi cuerpo no quería separarse. Llegué a un punto intermedio y sólo moví un poco mi cabeza separando mi boca de la suya. Ambos nos miramos a los ojos y a los labios y de nuevo a los ojos. Sonreímos y volvimos a besarnos pero esta vez un beso más corto.
Aquella noche no hubo besos para nadie más, sólo para Juan Carlos, algunos eran robados y otros pactados con nuestras miradas. Al final sus amigos no vinieron, y cuando llegó la hora de irnos a casa, él se ofreció a acompañarnos a Bea y a mí en el metro porque vivía a sólo tres paradas de nuestro barrio.
Nos teníamos que despedir. Los dos nos íbamos de vacaciones, pero me estuvo recomendando muchos sitios a los que tenía que ir mientras estuviese con Bea en su pueblo que estaba muy cerca del suyo. Llegó el momento del último beso. Quedamos en no despedirnos, nos veríamos después de las vacaciones, así que sólo nos miramos y nos besamos.
- Escríbeme algún mensaje – dijo él mientras se cerraban las puertas del metro.
Bea y yo nos quedamos mirando cómo se iba el tren por el túnel.
- Ya no te da tanto asco ¿a qué no? – se rio Bea.
- No. – Dije sonrojándome.
- Bien pues… la próxima vez que se presente la oportunidad tienes que hacer lo mismo que hoy, te enrollas con el chico y te diviertes esa noche. Próximo objetivo perder la virginidad.
- ¿En serio Bea? Déjame procesar el primer beso…
- Desi, llevas años de retraso por amores fallidos… vive un poco que tenemos casi 20 años y aún eres virgen.
- Bueno, ya veré qué hago con eso… ahora vamos para casa que ya tengo a mis padres enfadados con las notas y las vacaciones, y no quiero llegar tarde.
- Eso, no llegues tarde que no quiero que te castiguen sin venir a mi pueblo. Verás cuántos chicos guapos para elegir.
- Tía… ¿qué vas a hacer con Rober?
- No sé… es que hay un chico en el pueblo que quiere salir conmigo. – dijo pensativa – aunque bueno, Rober no tiene por qué enterarse.
- Bea tía, Rober está loco por ti y es un tío genial. No le pongas los cuernos. Si no quieres seguir con él déjale, pero no le engañes y sobre todo no me hagas mentir a mí…
Pasaban los días, no me dejaban salir entre semana, era una especie de castigo, aunque mamá no dijo nunca la palabra “castigo”, por suerte María se quedaba algunos días conmigo en casa y otros venían Bea y Lidia. No lo entendía, yo no podía salir, pero mis amigas sí podían venir… era un castigo un poco extraño, aunque técnicamente no era un castigo.
Le mandé un par de mensajitos a Juan Carlos pero no me contestó a ninguno. Lidia y Bea me dijeron que no me rayase, él ya estaba en la playa con sus amigos y seguro que estaba pasando del móvil… no me convencían, ¿de verdad no tenía un minuto para responder a un mensaje?
Daba igual, seguiría el consejo de Bea, tenía que llegar bien a su pueblo, allí me olvidaría de todos los chicos de Madrid.
El viernes por la mañana oí sonar mi móvil mientras limpiaba y recogía mi habitación. Pensé que sería Juan Carlos y lo cogí corriendo. Mis ojos se entristecieron al ver el remitente, era de Rober, sabía lo que significaba, Bea no me había dicho nada, pero seguramente había roto con él.
“Desi, Bea me ha dejado, dice que necesita espacio para intentar una relación con un chico de su pueblo que le gusta mucho. Cuida de ella en las vacaciones. Besos”.
No podía creer lo que estaba leyendo, pero los mensajes tenían un número pequeño de caracteres, había que resumir. ¿Qué habría pasado? ¿Por qué Bea le dijo eso?
“Cómo estás? Aunque sea mi amiga la odiaré si te ha hecho daño. Tú también eres mi amigo”. Le escribí.
“No tengo ganas de hablar, perdóname. Sólo cuidaros mucho y ven a verme cuando vuelvas a Madrid”. Mierda, esto era serio, Rober estaba mal y yo necesitaba hablar con Bea y no lo iba a poder hacer hasta que llegásemos a su pueblo, no era plan de sermonearla mientras íbamos en el coche con sus padres.
Le mandé un SMS a Bea: “Ya puedes preparar algo para hacer en el coche de camino a tu pueblo si no quieres que te sermonee delante de tus padres por lo que has hecho con Rober”.
Ella no contestó. Seguí recogiendo mi habitación, ya tenía hecha la maleta y después de comer me iría a casa de Bea a esperar que llegase su padre para ir de vacaciones con toda su familia .