Cap 18. Lo importante no es solo el mensaje, sino la forma de decirlo

2418 Words
Esa tarde al llegar a casa de Bea su madre me dio unos vasos con zumo y unas galletas de la cocina para que merendásemos. Bea estaba en su habitación viendo una película. En mi casa sólo había una televisión, pero en casa de Bea había una televisión en cada habitación. Dejé la merienda encima del escritorio y le cogí el mando de la tele para pausar la película y me crucé de brazos justo delante de ella que estaba tumbada en su cama. Dio unos golpecitos a su lado y me senté sin decir nada. Ella ya sabía lo que yo quería escuchar. - Esta mañana quedé con él un rato a tomar café y le dije que teníamos que dejar lo nuestro. Quiero ver qué pasa con José el de mi pueblo este verano. - Bea, él está fatal… ¿en serio se lo has dicho así? - Bueno, Rober ya sabía algo. Un día le dije que lo nuestro se acabaría antes de verano porque me gustaba otro chico. No es mi culpa que se haya enamorado. - Bea… no se juega así con los demás. - ¿Por qué no? Los tíos juegan con las chicas constantemente… mírate a ti con Checo o con Fran. - No es lo mismo, yo no tenía una relación con ninguno de ellos… simplemente me enamoré de ellos y ellos no me correspondían. Pero tú sí tenías una relación con Rober… pero si hasta lo habéis hecho. - ¿Hecho qué? – dijo sorprendida. - Venga Bea, sé que te has acostado con él aunque no me lo hayas dicho. - ¿Te lo ha dicho él? – dijo abriendo los ojos incrédula. - No directamente… un día me hizo un comentario, y ahí lo supe. Para él fue especial. - No entiendo por qué te molesta que haya roto con él. – Parecía enfadada conmigo. - No me molesta Bea, pero si estás en una relación con él se supone que te gusta, que tenéis algo especial… y le has dejado porque te vas de vacaciones y te quieres enrollar con otro – dije levantando un poco la voz sin darme cuenta. Ella me hizo un gesto para que bajase el volumen. – Sinceramente prefiero que le dejes antes de ponerle los cuernos, pero no me gusta cómo lo has hecho. - ¿Y cómo lo harías tú? - Esa no es la cuestión Bea. ¿Cuánto tiempo llevas pensando en que quieres enrollarte con José? - Pufff… - puso cara pensativa – desde Semana Santa, creo. - Eso es lo que me molesta, llevas todos estos meses dándole esperanzas a Rober. Dejas a un chico y a la semana siguiente estás con otro… eso es lo que no me parece bien. Sabes que te quiero, llevamos juntas toda la vida, pero así no vas a hacer que un chico te quiera de verdad. - Y ¿de qué sirve que un chico te quiera, si puedes estar con unos y con otros cuando quieras? - ¿En serio? ¿Quién eres y qué has hecho con mi amiga? ¿Qué hay de tu sueño de pequeña de encontrar a un chico que te quiera, casarte y formar una familia? - ¡Ay Desi! Eso era de cuando jugábamos a princesas. Ahora tenemos casi 20 años y hay que vivir la vida y disfrutarla. - Sí, claro, si estoy de acuerdo en eso, pero se puede disfrutar de la vida sin romperle el corazón a los demás… se nota que eres tú la que los rompe y que nunca han roto el tuyo… - agaché la cabeza y por mi parte di la conversación por concluida. - Amiga, lo siento… - intentó abrazarme, pero no la dejé. - No Bea… no lo sientas ahora… piensa antes de actuar. Lo importante no es solo el mensaje, sino la forma de decirlo, tienes que pensar un poco en quien te está escuchando, sobre todo si es alguien que te quiere y que te importa. Ella no dijo nada. Volvía a estar tumbada en la cama, así que giró la cabeza para esconderla entre la colcha. - Sólo espero que no te siente mal, pero yo voy a seguir siendo su amiga y quedando con él. - Haz lo que necesites, Desi. Ahí sí terminó la conversación. Le dimos de nuevo al play a la película y terminamos de verla mientras merendábamos. Cuando llegó el padre de Bea, recogimos todas las cosas que su madre ya tenía preparadas y nos montamos en el coche para salir de viaje camino de su pueblo. A mitad de camino paramos a tomar un bocadillo e ir al baño, y oí sonar un SMS en mi móvil: “Disfruta de las vacaciones en mi tierra, y no ligues mucho. Nos vemos en septiembre. Besos. JC”. Le enseñé el mensaje a Bea. - ¿Cómo? ¿Qué significa ese mensaje? – dijo Bea. - Pues no significa nada – me encogí de hombros. – Le he escrito un par de veces esta semana, pero ha pasado de mí. Es el primer mensaje que recibo suyo. - ¿Y cómo estás? - ¿Yo? Bien, ¿por? - Desi… nos conocemos demasiado… ¿me vas a decir que después del finde pasado no te has enchochado con él? - No sé qué decirte… pensaba que sí. Me gustó mucho estar con él esa noche y los besos, pero como no me ha vuelto a decir nada ni ha contestado a mis mensajes pues deduje que todo se quedó en el sábado y ya está. La verdad es que no me ha quitado el sueño ni me ha dado por llorar, así que supongo que no tenía que enamorarme de él. Y las dos nos reímos a carcajadas. Después oímos a la madre de Bea que nos llamaba ya desde donde estaba el coche aparcado para seguir el camino. Sus abuelos ya estaban en el pueblo desde hacía un par de semanas. Vivían en Madrid al lado de la casa de Bea así que también los conocía desde pequeña. Cuando llegamos a su casa sus abuelos nos recibieron en la puerta, era diferente a mi pueblo pero al final la gente tenía costumbres similares, era verano y después de la cena, así que casi todos los vecinos estaban sentados en las puertas de las casas tomando el fresco mientras los niños jugaban en la calle… eso no cambiaba nunca, en mi pueblo también se hacía. Entre todos vaciamos el maletero del coche y la madre de Bea nos mandó a la habitación a deshacer las maletas. Nos dijo que podíamos salir un rato pero a la 1h teníamos que estar de vuelta en casa. Así que nos cambiamos de ropa y nos pintamos un poco, y mientras Bea mandó un mensaje a ver dónde estaban sus amigos. Cuando nos arreglamos el padre de Bea dijo que nos acercaba a la plaza que era donde se juntaban los muchachos del pueblo, pero preferíamos ir andando después de tantas horas de coche. Cuando llegamos a la plaza Bea me presentó a sus amigos, eran dos chicas y 5 chicos, al parecer algunos se habían ido el fin de semana a la playa. Todos tenían entre 19 y 23 años y parecían majos. Lo que menos me gustaba es que a todos sitios se movían en moto y yo nunca me había montado en una moto. José, el que le gustaba a Bea era el más grandote de todos casi todos eran más bajitos que yo, así que decidimos que seguramente yo fuese más segura en la moto de José, aunque íbamos a ir a un bar cerca de la plaza a tomar algo y a bailar un rato. En esta zona no se llevaba mucho la música R&B y hip-hop que era la que más me gustaba a mí, pero yo me hacía rápido a cualquier ritmo de música, todo era bailable y me encantaba. Estuvimos divirtiéndonos mucho rato entre bailes, copas, risas… pero llegó la hora de volver a casa, y la verdad era que estábamos agotadas, ni Bea ni yo habíamos dormido siesta y necesitábamos descansar. Todos habíamos bebido y yo no quería subirme en la moto de ninguno de ellos habiendo bebido, así que nos fuimos andando a casa. - Eres un poco cortarrollos – me dijo Bea cuando ya íbamos solas por su calle. - ¿Por? - Tía, estaba a punto de enrollarme con José. - Venga Bea, todos han bebido… ¿crees que te voy a dejar subir en la moto de alguno de ellos bebido? O mejor aún ¿crees que me hubiese subido yo en la moto de alguno de ellos después de beber? Ni loca… antes me voy andando a tu casa sola… aunque en ese caso tendrías que buscar una excusa para decirle a tu madre porqué llegas sin mí a casa la primera noche de estar aquí. Las dos nos echamos a reír. - Merche dice que mañana se viene Cristian que tiene coche y así no tendrás que ir en la moto de nadie – dijo Bea - Claro, como que yo me subo en el coche de cualquiera. - Venga tía, que son mis amigos. Además, Cristian seguro que te gusta. - Sabes que no he venido a tu pueblo a ligar sino a estar de vacaciones contigo ¿verdad? - Jajajaja – se rio. – No voy a permitir que te vayas de aquí sin un ligue de verano. - No Bea… no fuerces nada… sabe que me cuesta mucho abrirme, que me enamoro fácil y que después me duele mucho. - Estarás bien, ya verás. No va a pasar nada que tú no quieras, pero intenta divertirte sin pensar mucho. Y así, charlando, llegamos a su casa. Sus abuelos ya se habían acostado, pero sus padres seguían en la puerta de charla con los vecinos. Nos fuimos a cambiar y a asear sin hacer mucho ruido para no despertar a los abuelos y después en la cama seguimos charlando hasta que nos venció el agotamiento. Al día siguiente fuimos a comprar con la madre de Bea, Bea ya se había sacado el carné de conducir así que llevaba ella el coche y su padre dijo que si no iban a salir ellos lo podíamos coger siempre que quisiésemos. Así que después de hacer la compra, Bea y yo nos fuimos a buscar a sus amigas Merche y Sara, y nos fuimos las cuatro a tomar el aperitivo. Le hice prometer a Bea que no iba a beber nada porque llevábamos el coche, y me hizo caso, sólo cerveza sin alcohol para ella. Nos lo pasamos genial, y comimos muchísimo, con las bebidas ponían unas tapas enormes. Fuimos a un par de bares y luego los chicos le mandaron un mensaje a Sara y fuimos a tomarnos la última donde estaban ellos. Ahí conocí a otros tres chicos del grupo: Cristian, Gaby y Miguel, que eran los mejores amigos de José. Como había dicho Bea, Cristian era guapo. No era demasiado llamativo, ni tenía un súper cuerpazo, era normal, guapo de cara y bastante simpático pero si destacar. Llamaba la atención y a la vez pasaba desapercibido. Me enteré de que era primo de Sara y tenía 21 años igual que ella. Ese día no íbamos a salir a bailar por la noche porque Bea y yo nos iríamos con sus padres a otro pueblo a ver la feria y a cenar allí, así que nos despedimos de los chicos hasta el domingo y nos fuimos a casa a comer y echar la siesta. Ninguna de las dos se conseguía dormir después de semejante comilona de tapas… menos mal que la madre de Bea hizo una comida ligera. - Entonces ¿qué te ha parecido Cristian? – me preguntó Bea. - Bueno, no está mal – le dije. – Parece simpático. - Y es guapo ¿verdad? - No es el más guapo del mundo, pero está bien. - José me ha dicho que le has gustado – me reí. – Te lo digo en serio. - Venga tía, si apenas hemos cruzado dos palabras además de las presentaciones. - ¿Y? dice que eres guapa. - Dile a José que le diga a su amigo que se ponga gafas. Y lo dejamos ahí. Intentamos descansar aunque no nos durmiésemos la siesta, había que coger fuerzas para ir a la feria por la tarde. Nos arreglamos todo lo posible contando con que la feria era casi como ir al campo, así que nada de tacones, pero había que ponerse bien guapas y maquillarse, que no destacásemos como forasteras. Nos lo pasamos genial, me encantó aquella feria. Me recordó cuando había ido al pueblo de mi cuñado en fiestas. Al fin y al cabo Pablo era de un pueblo de Córdoba y Bea de un pueblo de Jaén… me estaba gustando mucho lo que conocía hasta el momento de Andalucía. Llegamos ya entrada la noche a casa de Bea, los vecinos seguían en la calle pero nosotras estábamos agotadas como para salir a bailar así que nos quedamos comiendo pipas en la plaza que había al lado de casa de Bea. Un rato después se asomó a la esquina la madre de Bea y nos dijo que se metían a dormir, que entrásemos cuando quisiésemos. Bea aprovechó para mandarle un mensaje a José y decirle que ya estábamos en el pueblo y tardaron 5 minutos en aparecer tres motos y un coche por la calle de atrás y ahí estaban José, Gaby, Miguel, Cristian, Sara y Merche. Bea y yo estábamos sentadas en un pequeño banco. Merche se sentó en las piernas de Bea, Miguel, Gaby y José se sentaron en el césped justo enfrente de nosotras, Sara se sentó encima de las piernas de Miguel que era su novio y Cristian se sentó en el banco a mi lado. Hablé un poco con él y noté su colonia. Era una colonia conocida, pero no terminé de identificarla. Estuvimos como una hora sentados en la plaza charlando y comiendo pipas y chucherías, pero ya estábamos todos cansados y queríamos subirnos a casa a dormir, así que ellos se marcharon. Estaba segura de que nos veríamos todos los días.
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