Cap 19. Beso a la luz de la luna

2983 Words
Al día siguiente era domingo, así que tocaba más de lo mismo… salir a tomar el aperitivo con los amigos por la mañana, siesta después y por la tarde íbamos a ir a tomar café con las chicas y después al billar con los chicos. Después del café estuvimos dando un paseo con Sara y Merche y me estuvieron enseñando las zonas del pueblo que tenía que conocer. Cuando llegamos al billar los chicos ya estaban allí echando una partida. Pedimos unas bebidas y nos sentamos en unos taburetes alrededor de la mesa donde estaban jugando ellos. Cuando terminaron la partida vinieron donde estábamos nosotras y estuvimos un rato charlando y tomando algo todos juntos. Al cabo de un rato Cris se acercó a mí: - ¿Qué tal Desi? ¿Te gusta todo esto? - Sí, está genial – le dije. - ¿Ya te han enseñado las chicas el pueblo? - Bueno – sonreí – creo que hoy han intentado enseñarme lo más importante, aunque no sé si recordaré todo lo que me han dicho – ambos sonreímos. - Seguro que puedo enseñarte un lugar del que no te han hablado – de nuevo sonreí un poco tímida. Miré de reojo a Bea y ella me guiñó un ojo y asintió con la cabeza. - ¿Ahora? – pregunté volviendo a mirarle. - Si quieres… - se encogió de hombros mientras sonreía. – No está lejos, aunque hay que ir en coche, si te fías de mí. Volví a mirar a Bea, y ella seguía animándome con su mirada y sus gestos. No dije nada, pero agarré a Cristian de la mano y le apreté mientras le sonreía. Era mi forma de decir que sí, esperaba que él lo entendiese. Sin duda era lo más arriesgado que había hecho en mi vida hasta el momento. Nos subimos a su coche y puso música bajita para que pudiésemos ir hablando. Nunca había escuchado a ese cantante, me dijo que era Alejandro Parreño, uno de los concursantes de Operación Triunfo. A mí me encantaba la música, cantar y bailar, pero nunca había visto ese programa, lo conocía pero no lo seguía, así que no conocía a ese cantante pero me estaba gustando. Noté que salíamos del pueblo y nos incorporamos a la carretera y me empecé a poner nerviosa. Él se dio cuenta. - Desi, ¿está todo bien? - No estoy segura… ¿dónde vamos? - Al sitio que te comenté, perdón por no decirte que está fuera del pueblo… llegamos en 5 minutos. - Creo que debería decirle a Bea… - cogí mi móvil para escribirle un mensaje. - Claro – sonrió. Al final dejé mi teléfono sin escribir a Bea. Confié en él. En cualquier otro momento y viéndolo desde fuera pensaría “dónde va esa loca con ese chico que ni conoce” y definitivamente ese día me convertí en una loca… me había subido al coche de un chico al que había conocido hacía apenas 24 horas, me había ido sola con él sin saber a dónde, y no negaba que fuese guapo, pero sabía de sobra lo que él quería y no estaba segura de si estaba dispuesta a arriesgarme tanto. - Será sólo un ratillo, tengo que volver pronto que mañana madrugo para trabajar – me dijo mientras tomaba un desvío y se metía por un camino de tierra entre olivos. - ¿En qué trabajas? – le pregunté intentando seguir la conversación. - En una fábrica del pueblo, hacemos piezas para maquinaria pesada. Cuando tomé su mano, noté su piel áspera y supuse que trabajaba con las manos. Casi acerté. Entre medias de mis pensamientos, Cris paró el coche. Miré alrededor y era todo precioso, estábamos al borde de un embalse. Agradecí haberme puesto vaqueros y deportivas para no llenarme los pies de tierra si bajábamos del coche. - ¿Quieres salir a verlo? – yo solo asentí. Bajamos del coche y enseguida él vino a mi lado. Me agarró de la mano y me acercó al capó del coche donde nos sentamos uno al lado del otro. Mirábamos la superficie del embalse, la luna se reflejaba en el agua y al fondo se veía una presa. Era un paisaje precioso, y a la luz de la luna mucho más bonito. - Es precioso – dije. - Tú también – dijo él. - Gracias – sonreí. – Gracias por mostrarme esto, es un comienzo muy bonito para mis vacaciones. - Hay algo más que quiero mostrarte. Se puso de pie frente a mí y agarró mis dos manos tirando un poco de ellas para que me incorporase y me separase del coche. Se acercó a mí un poco más y juntó sus labios con los míos despacio, de una forma muy tierna, casi romántica. Sólo Juan Carlos me había besado hacía apenas una semana, pero dejé que Cristian me besase continuando el beso por mi parte como hice con Juan Carlos, aprendiendo de sus movimientos. Cristian era un poco más alto que yo, pero no había demasiada diferencia de estaturas. Sus ojos eran grandes y marrones oscuros, y sus labios tiernos y cálidos. Soltó mis manos y me abrazó mientras continuábamos con el beso, ese beso que, aunque esperaba que sucediese, fue un poco inesperado porque no me lo imaginaba así, ni en un lugar como ese. Desde fuera debía ser como la escena de una película romántica. Nunca me imaginé que un chico me llevase a un lugar como ese para nuestro primer beso. Y ahí empezaron mis vacaciones de “viva la vida” en el pueblo de una de mis mejores amigas. Perdí la noción del tiempo. No tenía ni idea de qué hora era ni cuánto tiempo llevábamos allí. En algún momento Cristian puso música en el coche y después continuamos apoyados en el capó mirando el paisaje, charlando y besándonos bajo la luz de la luna. Me contó muchas cosas sobre él, había estudiado un módulo de electrónica y otro de mecánica, y llevaba dos años trabajando en la fábrica, esa semana era su última semana de trabajo y tenía turno de mañana, después cogía un mes de vacaciones pero aún no tenía planes. Hacía pocos meses que se había terminado una relación de varios años con su ex, habían pensado en casarse al año siguiente pero al parecer ella estudiaba en la universidad en otra provincia y allí conoció a otro chico. ¿De verdad la gente planificaba casarse con su pareja, y acto seguido lo dejaba todo por otra persona que acababa de conocer? No sabía que esas cosas pasaban… pero yo no había tenido ninguna relación de pareja, no sabía lo que era eso. - Cris… ¿qué pretendes contándome todo esto de tu ex? – sentí la necesidad de preguntar. - No lo sé… pero creí que debías saberlo, no pretendo tener nada serio con nadie por el momento – dijo mientras echaba un brazo suyo por encima de mis hombros y me acercaba un poco a él. Empezaba a refrescar al estar tan cerca del agua. - ¿Te ha contado Bea algo sobre mí? - No mucho… que eres una chica fantástica pero que tienes el corazón roto – yo miraba la luna reflejada en el agua y sentí cómo él me daba un beso en la sien. – Y creo que José y ella me matarán si te hago daño, pero no tengo pensado hacerlo – sonrió – por eso te cuento cómo está mi vida, para que tú decidas los pasos a dar. - Cris… - agaché la cabeza un poco avergonzada por lo que iba a decirle, pero tenía que ser sincera con él. – Es cierto, ha habido un par de chicos en mi vida que me han roto el corazón demasiado y no sé cómo recomponerlo. – Tragué saliva para poder continuar – Pero realmente nunca pasó nada con ellos. - ¿Quieres contarme qué pasó? – me preguntó sorprendido. - La verdad es que no, prefiero no hablar mucho del tema. Los dos fueron mis amigos en diferentes épocas de mi vida, y cometí el error de enamorarme de ambos, pero ellos… simplemente no sentían lo mismo. - Ya… creo que conozco esa sensación – dijo – aunque pareces haber sufrido por ello, tu mirada hace un momento no era tan triste como ahora. - No pasa nada – dije intentando sonreír – pero… hay otra cosa que deberías saber. - Cuenta… - dijo sonriendo y apretando un poco más su brazo sobre mis hombros para animarme a seguir hablando. - No tengo mucha experiencia… en chicos – agradecí que fuese de noche y estuviésemos en el campo porque noté cómo me había puesto roja como un tomate. – Mi primer beso con un chico fue el fin de semana pasado. – Tapé mi cara con mis manos, no quería mirarle, no quería ver su reacción pero bajo mis manos, sonreí aliviada de habérselo dicho. Él soltó su brazo de mi espalda y noté que se puso de pie, pero no quité mis manos de la cara. Él agarró mis manos y las relajé, creí adivinar qué era lo que iba a hacer. Efectivamente, separó mis manos de mi cara diciendo: - Entonces, soy el segundo chico que te besa… Yo sólo asentí. Y me puse nerviosa, mucho más nerviosa de lo que había estado en todo el rato que llevaba a solas con él. Él se acercó más a mí y puso mis manos en su cintura pero yo no levanté mis ojos de mis manos. - Quiero besarte otra vez, Desi – dijo en un susurro. Entonces levanté mis ojos hacia él. Tenía una mirada cálida incluso a la tenue luz de la luna, y una leve sonrisa. Se acercó lentamente a mis labios y me besó. Su beso fue suave y tierno al principio, pero después se fue acelerando y volviendo un poco más ansioso. Se notaba que deseaba mi boca y la verdad era que yo ya no sentía nada de frio, al contrario, un calor que no sabía explicar crecía dentro de mí y me hacía desear mucho más sus labios y el calor de su cuerpo. De pronto mi móvil empezó a sonar, lo tenía en el bolsillo trasero de mi pantalón. Así que cortamos el beso, tenía que cogerlo, seguramente fuese Bea. Al sacarlo de mi bolsillo, efectivamente vi su nombre en la pantalla: - Desi, hora de volver a casa ¿Dónde estás? - Estoy con Cris. - Sí, ya lo sé, pero ¿dónde? - Umm… no lo sé… en un embalse con una presa. - ¿¡¿QUÉ?!? ¿por qué os habéis ido del pueblo? ¿estás loca? – gritó. - Dile que en 10 minutos estamos en vuestra casa – me dijo Cris. Seguramente la había oído chillarme, porque yo me separé el teléfono de la oreja para no escucharla gritar. - Dice Cris que en 10 minutos estamos en casa – me giré hacia la puerta del coche y Cris ya me la había abierto para que me subiese. - En la plaza de detrás, como mis padres vean el coche de Cris o la moto de José nos matan. – Y me colgó el teléfono. No nos habíamos dado cuenta de la hora, pero ya eran las 00:30h y lo que más me preocupaba en ese momento no era llegar tarde sino que Cris había dicho que entraba a trabajar a las 6:30h de la mañana y ya debería estar descansando. - Lo siento, no me di cuenta de la hora y tú tienes que madrugar – le dije. Él puso su mano derecha sobre mi muslo y agarraba el volante sólo con la izquierda pero no perdía de vista el camino para salir a la carretera. - No te preocupes, quería estar aquí… contigo… - le vi sonreír. – Además esta semana como trabajo no vamos a podernos ver demasiado, déjame aprovechar el tiempo que pueda estar contigo. Me dio su teléfono para que apuntase mi número en su agenda, y así podría mandarme algún mensaje para quedar. Sabía que sólo estaría aquí dos semanas, pero me gustaba la idea de volver a verle. Condujo lo más rápido y prudente que pudo y efectivamente en poco más de 10 minutos llegamos a la plaza que había detrás de la casa de Bea, justo donde habíamos estado sentados la noche anterior. Bea y José ya estaban allí enrollándose en un banco. Cris y yo nos bajamos del coche, pero Cris no apagó el motor, no podía quedarse más rato, tenía que descansar para ir a trabajar en unas horas. Yo carraspeé un poco para que Bea y José se diesen cuenta de que estábamos allí. Cuando se separaron, Cris me dio un beso rápido y dijo: - Nos vemos mañana por la tarde, descansa. Adiós, chicos, os la dejo sana y salva. – le di otro beso rápido antes de que se subiese al coche y se fuese. Y yo me quedé sonriendo y mirando a Bea y a José. - Ya estoy aquí, mami – dije mirando a Bea. - Te has vuelto loca… ¿dónde está mi amiga la tímida, la prudente y la borde con los chicos? – me recriminó Bea. - No sé… creo que se quedó en Madrid… o en aquel bar de carretera donde paramos a cenar el viernes mientras veníamos de viaje. Nos echamos a reír a carcajadas las dos. José nos miraba como si nos hubiésemos vuelto locas. - Así me gusta amiga – me dijo Bea abrazándome – vive el verano y después verás la vida con nuevos ojos. Las dos nos echamos a reír. José se despidió de Bea y se fue porque también trabajaba al día siguiente, aunque él no tenía que madrugar tanto como Cris y además trabajaba con su padre. Las dos nos quedamos sonriendo como bobas de pie en la plaza. - ¿Entramos o nos quedamos aquí? – le dije a Bea. - Vamos dentro que seguro que mi madre está despierta esperándonos. Entramos en la casa y efectivamente su madre estaba en el salón viendo la televisión. Nos preguntó si queríamos tomar algo antes de irnos a dormir. Nos pusimos un vaso de leche con galletas y nos sentamos a ver la televisión con ella un rato. Bea se notaba un poco ansiosa. La conocía bien, sabía que quería que le contase qué había pasado, aunque nos había visto besarnos a Cris y a mí, así que ya se lo imaginaba, pero sabía que ella iba a querer detalles, así que después de terminarnos la leche nos fuimos al baño a lavarnos un poco y después a la cama. Cerramos la puerta de la habitación, con la excusa de que los abuelos y los padres de Bea se iban a levantar antes que nosotras. La habitación de Bea era pequeñita y tenía una cama nido que habíamos montado el primer día que llegamos, pero al ser la habitación tan pequeña, las dos camas tenían que estar pegadas una a la otra para que quedase el espacio justo para movernos y poder abrir el armario, así que prácticamente dormíamos juntas. Nos tumbamos cada una en una cama pero con nuestras cabezas muy cerca para poder hablar bajito y que no nos oyesen sus padres. Le conté a Bea todo lo que había pasado, lo que Cris me había contado de su anterior relación y que yo le había contado de mis “no” relaciones… - Pero ¿de verdad te gusta? – me preguntó ella. - No lo sé, es guapo y está bien… me ha caído bien y hemos hablado mucho, estaba cómoda con él… - ¿Y lo demás? – hizo un gesto juntando en cada mano la punta de todos los dedos formando un piquito, y luego juntado los dos piquitos de sus manos. Tuve que tapar mi boca para no reírme a carcajadas y despertar a toda la casa. - Me gustaron sus besos. - ¿Más o menos que los de Juan Carlos? – me preguntó ella. - No te voy a contar detalles… - me reí bajito. - Venga… no me hagas sufrir, estás en mi pueblo y son mis amigos, cuenta porfaaaa… - No sé… no puedo compararlos. Fue parecido y a la vez diferente. Ambos han sido muy… tiernos conmigo. No sé decir quién ha sido mejor. - Te voy a decir una cosa – Bea me miró seria. – En este pueblo, a los olivos solo te llevan para echar un polvo. - Y yo te digo una cosa… no tengo intención de perder mi virginidad con Cris, al menos no ahora…. ¡Nos acabamos de conocer y ya me estoy besando con él! Prácticamente él me está enseñando a besar… no tengo intención de ir más allá. - Bueno tú ten cuidado con él… y no hagas nada que no quieras hacer, prométemelo. - Así será, te lo prometo. Me había liado la manta a la cabeza al irme aquella noche con Cris y enrollarme con él, pero no pensaba hacer nada más allá. Si era posible planificar algo así, no pensaba hacerlo con él en las dos semanas que yo iba a estar en el pueblo de Bea. Pero mi plan era pasarlo bien en esas vacaciones y desconectar completamente de todo lo que tenía en mi vida… estas dos semanas sólo Bea y su familia conocía mi verdadero yo, y había llegado el momento de dejar de ser tan responsable y cuidadosa y disfrutar un poco más.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD