Al día siguiente tampoco nos levantamos demasiado tarde, había que aprovechar el tiempo. Después de desayunar, Bea y yo nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, había que hacer algunos recados, pero poca cosa así que nos fuimos andando. Después nos fuimos a tomar algo fresquito y pronto a casa a comer con la familia de Bea. Como hacía mucho calor, era mejor echarse un poco la siesta después de comer. Ni Bea ni yo solíamos dormir siesta, así que simplemente nos tumbamos en las camas a charlar y nos echamos alguna partida a las cartas o al Tetris en la Nintendo. Sobre las 16:30h sonó mi móvil con un SMS. Bea me quitó el teléfono antes de que me diese tiempo a ver quién era.
- “Nena, ya extraño tus labios. Quedamos a tomar café?” – leyó Bea en voz baja mientras yo intentaba quitarle mi teléfono de las manos, pero intentando no hacer mucho ruido para no despertar a sus abuelos que dormían al otro lado del pasillo.
- Dame mi teléfono – le rogué. – No se te ocurra contestar.
Al final ella me devolvió el teléfono y sonreí.
- Oh, oh… - dijo Bea mirándome y arrugando su nariz.
- ¿Qué pasa? – dije yo con una sonrisita en la cara.
- Me da miedo tu cara.
- ¿Por? – me sorprendió su respuesta. - ¿Qué tengo?
- Tienes una sonrisa boba… y nos conocemos. – Me miró seria – No te enamores de él, Desi.
- ¿Qué? No estoy enamorada de él. Sólo me ha gustado que me mande un mensaje.
- Ya… pero no quiero verte sufrir otra vez, nena.
- Bea, lo sé, sé que solo van a ser dos semanas aquí. Dejemos que pasen esas dos semanas y ya. Yo después vuelvo a Madrid y tengo que ponerme a estudiar seguramente no vuelva a verle… no me voy a enamorar.
- Te conozco y sé que te enamorarás de él… solo intenta dejarlo pasar al volver a Madrid para no sufrir mucho.
- Está bien… vamos día a día y ya pensaré en eso cuando llegue el momento. ¿Qué le digo? ¿Quedamos?
- Sí, dile que a las 17:30h en la cafetería de la esquina de la plaza del ayuntamiento.
Escribí el mensaje: “Dice Bea que a las 17:30h en la cafetería de la plaza del ayto. Yo también tengo ganas de verte”. Le di a enviar.
Su respuesta llegó enseguida: “Estoy en casa de mis tíos. Paso a buscaros en el coche, voy con mi prima”.
- Bea, dice que nos recoge aquí, que viene con Sara en el coche.
- Bueno… pensaré qué decirle a mi madre. Dile que vale, que hace mucho calor para ir andando.
Volví a escribir: “OK. Avisa cuando vengáis porfa”.
Bea y yo empezamos a arreglarnos un poco. Me puse un vestido corto de tirantes de color verde agua con unas sandalias planas, recogí mi melena en una coleta alta y pinté mis ojos sólo con una raya verde y un poco de rímel. Me encantaba pintarme la raya de los ojos verdes, resaltaba el verde natural de mis ojos. Además, en verano, con el sol, mis ojos se aclaraban un poco más.
En poco rato estábamos listas. Bajamos al salón donde la madre de Bea estaba viendo una telenovela mientras cosía unas fundas para los cojines del sofá.
- Mamá nos vamos a tomar café, ahora vienen a buscarnos.
- ¿Con quién vais? – dijo la madre de Bea sin levantar la mirada de su tarea.
- Ahora viene Sara con su primo, que como hace mucho calor nos va a llevar él en el coche.
- Tener cuidado con los coches, por favor. ¿Vais a venir a cenar?
- No sé mamá, te aviso con lo que sea.
- Vale chicas, divertiros y llevar siempre los móviles a mano.
Le dimos un beso y nos sentamos en la puerta de la casa esperando que llegasen Cris y Sara. Cuando llegaron, Sara se bajó del coche y se asomó dentro de la casa para saludar a la madre de Bea, después se subió en la parte de atrás del coche con Bea dejando que yo me sentase en el asiento del copiloto junto a Cris.
- Qué guapa estás – dijo Cris cuando me subí al coche. Le sonreí y él puso en marcha el coche. Después giré mi cabeza para mirar por la ventana, aunque seguía sonriendo.
En cuanto llegamos y Cris aparcó el coche, Bea y Sara se bajaron. Y yo en vez de abrir la puerta del coche, acaricié a Cris en la mejilla y le di un beso en los labios.
- ¿Quieres entrar ya o te apetece acompañarme primero a un recado y luego ya venimos con los demás? – me dijo.
En vez de responderle, asomé la cabeza por la ventanilla del coche:
- ¡Bea! – llamé a mi amiga – Me voy un momento con Cris a un recado, volvemos en un ratillo.
Ella me sonrió y movió sus labios diciendo “diviértete” pero sin emitir sonido.
Cris me miró y sonrió arrancando el coche. Yo tenía las manos sobre mi regazo, estaba contenta pero a la vez un poco nerviosa, algo me hacía pensar que no había ningún recado que hacer. Él puso su mano derecha sobre mis manos y dio un pequeño apretón. Le miré y él seguía sonriendo pero sin apartar la vista de la carretera.
- No me creo que tengas las manos congeladas con el calor que hace – me dijo mirándome al parar en un semáforo.
- Estoy un poco nerviosa – le dije mirando hacia su mano que seguía sobre las mías.
- No muerdo Desi, y tú marcas el ritmo. – Soltó mis manos para poner en marcha el coche de nuevo cuando el semáforo se puso verde.
- No hay ningún recado que hacer ¿verdad? – dije mirando por la ventana.
- No… - dijo un poco cauteloso – quería estar un rato a solas contigo. Le sonreí, pero él seguía mirando a la carretera así que no estaba segura de si me había visto, aunque su respuesta me tranquilizó un poco.
Llegamos al final de la calle principal del pueblo, había una zona de paseo llena de rosales y de pequeñas fuentes conectadas entre sí, era un sitio muy bonito que hacía de entrada a un recinto ferial que en esa época estaba cerrado. Había un montón de bancos para sentarse y una especie de rejilla haciendo de techado para dar un poco de sombra. A esas horas hacía mucho calor y no había nadie allí salvo nosotros, pero seguramente cuando el sol fuese bajando aquel sería un lugar donde se juntaría mucha gente.
Cris aparcó el coche, se desabrochó el cinturón de seguridad y se giró en el asiento para mirar hacia mí. Yo hice lo mismo. Y ambos nos quedamos mirándonos y sonriendo. Ninguno de los dos habló en unos minutos.
- ¿Qué tal en el trabajo? ¿Estabas muy cansado esta mañana? – le pregunté.
- Bueno, un poco… es que anoche apenas dormí.
- ¿Por mí culpa? – él sonrió.
- En parte por ti, pero no por tu culpa. ¿Y tú?
- Yo dormí bien, pero Bea me tuvo despierta hasta muy tarde preguntando sobre lo que hicimos. Ambos nos reímos.
- A mí también me preguntó José… estuvimos hasta más de las 2h mandándonos mensajes.
- ¿En serio? Pensaba que los chicos no hacíais eso... – volví a reírme, me hizo gracia.
Mientras me reía, Cris se acercó y me besó. Los dos nos reímos y nos volvimos a besar. Sus labios eran tan suaves… me encantaba besarle, creo que me estaba volviendo adicta a esos labios. Nos quedamos en el coche un rato, hablando, riéndonos y besándonos. Hasta que sonó mi teléfono.
- Bea… ¿qué pasa?
- ¿Dónde estáis? Nos hemos cansado de esperar y nos íbamos a ir al parque – dijo ella.
- Ya estamos terminando – miré el reloj del coche y vi que eran más de las 19h, otra vez se nos había ido el santo al cielo, Cris se reía. - ¿Dónde dices que vais?
- Al parque de la piscina.
- Cris, que se van al parque de la piscina – le dije tapando un poco el teléfono.
- Dile que nos vemos allí.
- Vale, vale… – dijo Bea – ya le he oído. No tardéis.
- Ahora te veo Bea.
- Ciao amiga.
En cuanto colgué el teléfono, Cris y yo nos miramos y nos volvimos a reír. Volvimos a besarnos.
- Como no vayamos para allá Bea me mata… o me manda para Madrid mañana en el primer autobús – dije y nos volvimos a reír.
Estábamos muy a gusto juntos, estaba segura de ello porque ya iban dos días que se nos iba el santo al cielo con la hora estando solos. Cris me dio una vuelta por el pueblo en el coche para hacer tiempo antes de ir al parque donde habíamos quedado con el resto del grupo.
Cuando llegamos al parque ya estaban allí todos. Según nos bajamos del coche, Bea y Sara vinieron corriendo hacia mí. Me encogí de hombros mirando a Cris y sonreí, no tenía ni idea de qué pasaba, así que él se fue con los chicos y a mí las chicas me llevaron fuera del parque.
- Vamos a comprar chucherías – dijo Bea riéndose.
- Podíais haber ido sin mí ¿no?
- Contigo va a ser más divertido – dijo Sara.
Miré de una a otra como si estuviesen locas. No sabía qué estaba pasando, sólo me había ido con Cris un par de horas… entendía que quisieran saber qué habíamos estado haciendo, pero estaban muy ansiosas.
- ¿Se puede saber qué os pasa? – les dije.
- No, no… la que tiene que hablar eres tú – dijo Sara - ¿Qué pasa contigo y con mi primo?
- ¿Cómo que qué pasa con nosotros? ¿a qué te refieres?
- Mira, eres la primera chica con la que le veo desde que cortó con su ex y él estuvo bastante mal… - Sara parecía preocupada.
- No sé qué te habrá contado él… - le dije a Sara un poco seria – pero te prometo que no tengo ninguna intención rara con él, sólo nos estamos conociendo.
- Desi… - dijo Bea – no nos preocupa él, nos preocupas tú.
- ¿Qué? ¿Por qué os preocupo yo?
- Desi… - Sara se paró delante de mí y me agarró de las manos – es mi primo y le quiero mucho, pero sé que puede ser un poco cabroncete y Bea me ha dicho que es el primer chico con el que estás.
- Nena, te lo dije anoche, me preocupa que sufras – me dijo Bea abrazándome.
- Solo queremos que tengas cuidado, que no te vayas siempre con él a solas, que os mantengáis cerca del grupo. Así estaremos siempre cerca por si necesitas chicas alrededor. – Sara volvió a hablarme bastante seria.
- Vale, lo pillo – levanté un poco mis manos. – Intentaré estar más con el grupo, puedo controlarlo…
- ¿Pero…? – insistió Bea.
- ¿Quién dice que haya un pero? – me reí.
- Tu cara y tu tono de voz – se rio ella también.
- Me gusta mucho. Me lo paso bien con él, hablamos de muchas cosas y nos reímos un montón. Contad con que algún ratito sí me escape con él.
Las tres nos reímos. De acuerdo, ya me habían avisado. Fuimos a comprar chucherías y volvimos al parque con los chicos. Estaban todos tirados en el césped y había llegado también Merche que trabajaba hasta media tarde. Cris estaba sentado con las piernas dobladas abrazando sus rodillas, pero le hice separar las piernas para sentarme justo delante de él entre sus piernas, quería que me abrazase. Sara me había dicho que le gustaban los regalices negros, a mí solo me gustaban los rojos, así que compramos unos cuantos de cada.
Cuando me senté entre sus piernas, con cuidado de que no se viese nada ya que iba con un vestido un poco corto para sentarse en el suelo, él automáticamente rodeó mi cintura con uno de sus brazos apretándome un poco hacia él, con la otra mano echó mi coleta hacia el lado izquierdo, me dio un beso en el cuello cerca del hombro y después apoyó su barbilla en mi hombro derecho. Giré un poco mi cabeza sonriéndole y le di un beso en la mejilla mientras le ofrecía un regaliz, al cogerlo él señaló con el regaliz a su prima y me dijo al oído:
- ¿Ya te has aliado con mi prima para que te cuente mis secretos? – sonreí y asentí con la cabeza.
Ahí estuvimos el resto de la tarde entre charlas, risas y chucherías. Sobre las 21h Cris dijo que se iba para casa, al día siguiente también trabajaba y estaba cansado porque la noche anterior apenas había dormido. El resto también estaba pensando en terminar ahí la tarde así que todos nos pusimos de pie para irnos cada uno a nuestra casa. Cris me agarró de la cintura y me besó como cuando estábamos en su coche al principio de la tarde, despertando en mí ese calor.
- ¿Quieres que os acerque a casa? – me dijo.
- De eso nada, nos vamos andando – dijo Bea apareciendo por detrás de mí. – Además mis padres están en la plaza que van a tomar algo y nos vamos para allá con ellos.
- La jefa manda – sonreí a mi amiga.
Aunque no le iba a dejar marchar tan rápido. Eché mis brazos a su cuello y le besé otra vez.
- Si sigues besándome así no nos iremos ninguno de los dos – susurró Cris en mis labios.
- Creo que yo me tengo que marchar ya o Bea me mata – dije mientras miraba por encima del hombro de Cris y veía cómo Bea venía hacía nosotros con cara de pocos amigos. Le di un último piquito en los labios a Cris antes de soltar mis brazos de su cuello. – Descansa y espero que duermas mejor que ayer.
Bea llegó hasta nosotros y me agarró de un brazo estirando de mí:
- Hasta mañana chicos – gritó a sus amigos.
Sara se venía con nosotras porque ella vivía también cerca de la plaza. Por el camino quedamos para el día siguiente ir por la mañana a casa de Sara que tenía piscina así podíamos bañarnos y tomar el sol. Comeríamos allí con ella porque justo ese día sus padres tenían que ir a Jaén a unas citas médicas y a arreglar papeles y hasta por la tarde no iban a volver. Después por la tarde quedaríamos con los chicos y con Merche.
Acompañamos a Sara a su casa y después nos fuimos a la plaza donde nos esperaban Carolina y Antonio, los padres de Bea. Ellos eran geniales, nos dejaban hacer lo que queríamos, su hija era un poco cabra loca a veces, pero se fiaban de mi aporte de cordura, y yo me llevaba genial con Carolina y hablaba muchas cosas con ella. Estuvimos tomando unos vinos y unas raciones para cenar y luego Bea y yo nos fuimos dando un paseo hasta casa para bajar la cena, ellos se fueron en el coche. Al llegar a casa nos sentamos en la puerta al fresco con Carolina, el padre de Bea estaba dentro de la casa y sus abuelos ya estaban a punto de acostarse.
Carolina nos estuvo preguntando qué habíamos hecho y a mí me preguntó si me gustaba el pueblo, si lo estaba pasando bien… ahí echamos un buen rato charlando y riéndonos. Sonó un mensaje en mi móvil y sonreí al ver de quién era:
CRIS: “Parece que tu recuerdo hoy tampoco me deja dormir. Ya quiero que sea mañana para verte otra vez”.
Le contesté enseguida: “Cierra los ojos y duérmete ya, que mañana madrugas. Ya no queda nada para tus vacaciones y podremos estar un rato más juntos. Sueña bonito, buenas noches”.
CRIS: “Solo será un sueño bonito si tú apareces en él. Buenas noches nena”.
La verdad era que yo también empezaba a estar cansada. Bea me dijo que si nos íbamos a la cama y allá que fuimos a asearnos y ponernos el pijama. Nos metimos en las camas y empezamos a hablar. Yo estaba cansada pero no tenía mucho sueño, Bea sin embargo se durmió en menos de media hora. Yo no hacía más que dar vueltas en la cama y me estaba cansando de estar así. Había oído al padre de Bea acostarse, pero su madre seguía en el salón viendo la televisión así que decidí bajarme un rato con ella.
- Desi, ¿qué pasa cariño? – me dijo al verme bajar las escaleras.
- No pasa nada, solo que no puedo dormir.
- Ya… ¿ha pasado algo aquí que te tiene intranquila?
- Bueno, llevamos tres días aquí y han pasado muchas cosas – sonreí.
- ¿Cosas buenas?
- Creo que sí.
- ¿Quieres contarme? – me dijo dejando la revista de crucigramas que tenía en las manos y mirándome con curiosidad.
- Es uno de los amigos de Bea. – me sonrojé, pero con Carolina había confianza y se lo quería contar – Me gusta y… nos hemos besado.
- Es el primo de Sara ¿verdad? – dijo ella.
- ¿Bea te lo ha contado?
- No – sonrió y cogió una de mis manos. – Pero Sara nunca ha venido con su primo, y sé que a Bea le gusta José, así que he supuesto que el otro chico venía por ti.
- No sé qué hacer Carol. Me gusta mucho. Pero es el primer chico con el que me enrollo…
- Desi…, sabes que te quiero como a una hija y te voy a decir algo que te diría tu madre y que yo le dije a Bea hace mucho tiempo. – se puso seria – Disfruta todo lo que puedas de tu juventud, pero no entregues todo tu cuerpo ni todo tu corazón a cualquiera. Vas a estar aquí quince días y sabes que puedes venir con nosotros siempre que quieras pero sabes que ese chico es un rollo para este verano y nada más. No hagas nada que no quieras hacer y aunque quieras hacer algo, no lo hagas si piensas que después puedes arrepentirte.
- Ay Carol… parte de tu consejo llega un poco tarde, pero te lo agradezco igualmente. – Ella me miró sin entender a qué me refería, creo que se imaginó algo peor. – Ay no te asustes… es solo que creo que cuando me vaya de aquí me arrepentiré de haberme enrollado con Cris, no pensé que me fuese a gustar tanto.
- Mi niña… no te preocupes, todo se pasa – y me abrazó. – Ahora creo que deberías intentar dormir.
- Buenas noches, Carol, descansa tú también.
Me subí a la habitación y aún tardé un rato en dormirme, pero conseguí dormir y descansar.