Así fue pasando el curso… primer trimestre, vacaciones de Navidad, segundo trimestre, vacaciones de Pascua… y llegó el tercer trimestre. Un día, mientras recogíamos los libros después de la última clase Checo se quedó a esperarme, me resultó raro porque él siempre salía casi el primero de la clase y yo casi la última.
- Desi, ¿puedo pedirte un favor? – Me dijo todo serio.
- Claro, ¿qué pasa? – le contesté.
- No acabo de entender las matemáticas de este trimestre y las ciencias se me dan fatal ¿podrías echarme una mano con esas asignaturas? – me pidió con mucha cautela. – No puedo permitirme suspender otra vez el curso – y de repente le noté decaído.
- No te preocupes, yo te ayudo. Matemáticas y ciencias son mis asignaturas favoritas y se me dan bastante bien, además tú me ayudas mucho en gimnasia – le di un pequeño golpe en el brazo. – No vas a suspender el curso, lo estás llevando bastante bien hasta ahora.
- ¿Te importaría venir mañana jueves por la tarde a mi casa y me ayudas con los problemas de matemáticas? Hoy no puedo porque esta tarde tengo entrenamiento de futbol – dijo mientras me daba un papel. – Ahí está mi dirección y el teléfono de mi casa.
- Vale, le diré a mis padres, no creo que haya ningún problema – me miró un poco confuso. – Es que… nunca he quedado con un chico y… bueno sólo les va a sorprender. – Dije otra vez roja como un tomate y agachando la cabeza. Checo se echó a reír.
- Diles que vamos a estudiar, no es una cita ni nada de eso – se rio y me guiñó un ojo – y no te pongas roja, , si van a estar más tranquilos puedo ir yo a tu casa – me dio un pequeño golpe con su carpeta en mi brazo mientras íbamos por el pasillo hacia la salida y volvió a reír.
- Vale, mañana te digo, me voy que me están esperando Bea y Lidia para ir a casa. – Salí corriendo y le dije adiós con la mano.
Llegué donde estaban mis amigas:
- Tíiiiiiiia, qué bien te llevas con Checo – me dijo Bea – pero es un creído ¿no?
- Qué va. Es guay, llevo todo el curso con él como compañero de mesa, yo le ayudo con algunas cosas en clase y él me ayuda en gimnasia – le dije.
- ¿Te gusta? – me preguntó Lidia abriendo los ojos como platos.
- No. – Dije muy seria y segura de mí misma.
En el fondo sabía que era mentira. Bueno, no sabía si me gustaba, tal vez sí, tal vez no… era guapo o al menos a mí me lo parecía. Más alto que yo, yo medía 1.70m así que él debía medir como 1.90m más o menos. Atlético, estaba en muy buena forma… Era moreno de piel y con el pelo castaño claro, corto pero se veía que lo tenía rizado porque a veces se le alborotaba en pequeños caracolillos. Unos grandes ojos marrones con largas pestañas y una mandíbula marcada y angulosa que acentuaba las expresiones de su cara. Pues no sabía si era guapo, yo al menos sí lo veía guapo, pero no me atrevía ni a reconocerlo delante de mis amigas.
- ¿Qué hacéis esta tarde? – dijo Bea. – ¿Os apetece ir a dar una vuelta?
- Tía, es miércoles – le dije como si estuviese loca. – Hay que hacer deberes y empezar a estudiar.
- Ya está la súper responsable – se rio Lidia. – Acaba de empezar el trimestre, aún no hay mucho que estudiar, seguro que tu madre te deja salir un ratillo.
Ya estábamos llegando a casa de Bea.
- Está bien, a las 18h en mi casa – dije. – Así si mi madre protesta le intentáis convencer vosotras, y si no cuela merendamos en mi casa – sonreí.
Seguí andando con Lidia hasta su casa, y después continué hasta la mía. Salir a las 15h del instituto daba mucha hambre, aún no me acostumbraba a comer tan tarde.
- Hola mami – grité al entrar en casa.
- Estoy en la cocina – contestó ella – lávate que se enfría la comida.
Dejé la mochila de clase en mi habitación, me quité las zapatillas deportivas y me fui al baño a lavarme las manos y la cara para después ir a la cocina. María y nuestra madre ya estaban sentadas a la mesa esperándome.
“¿Cómo se las apaña María para salir a la misma hora que yo de clase y llegar antes a casa? Ni siquiera la veo por la calle… esta hermana mía a veces es muy misteriosa…” pensé.
- Mamá, ¿puedo salir esta tarde un rato con Bea y Lidia a dar una vuelta por el barrio? – le pregunté mientras comíamos.
- ¿Es que no tienes deberes? – dijo ella, normalmente nunca salíamos entre semana, sólo los viernes, sábados y domingos por la tarde.
- Tengo que empezar a estudiar un tema nuevo de historia, pero parece fácil, me pondré ahora justo después de comer. – Seguí comiendo un poco más. – Bueno… – empecé a decir dubitativa – y también tengo unos problemas de matemáticas, pero son para el lunes.
- No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy – dijeron María y mamá a la vez, y nos echamos a reír las tres.
- Tú nunca dejas deberes para el día siguiente y menos si son de matemáticas – comentó mamá sonriendo – ¿qué es lo que pasa? ¿por qué quieres salir hoy?
- No pasa nada. Es solo que… – empecé a decir.
- Venga suéltalo ya – se rio María – no te hagas la misteriosa pequeñaja. – Me dio un codazo para pincharme.
- Bueno… es que… un compañero de clase… me ha pedido ayuda con las matemáticas. – Dije con la cabeza agachada, no quería ver si me estaban mirando, me daba vergüenza.
- Así que… ¿un compañero? ¿chico? – dijo María para chincharme.
- María, deja tranquila a tu hermana – la riñó mamá – ¿y cómo se llama ese compañero, cariño?
Levanté la mirada hacia mi madre, no quería mirar a María. Mi madre sabía cómo tranquilizarme con solo una mirada.
- Es Sergio, uno de los chicos que el tutor puso a mi lado a principios de curso – dije un poco deprisa. – Le echo una mano en algunas clases y él me ayuda en gimnasia. – Después de una breve pausa continué. – Al final de clase me ha preguntado si podríamos quedar mañana por la tarde para ver los problemas de matemáticas, por eso no los iba a hacer hoy.
- ¿Sergio? ¿Checo? – dijo María mirándome como si estuviese loca, parecía molesta.
- ¿Qué pasa con ese chico? ¿lo conoces? – le preguntó mamá a María.
- ¿Qué si lo conozco? Todo el mundo lo conoce. No puedes quedar con él… tú eres… la empollona de la clase. Y él… él es del grupo de los populares. – No daba crédito a lo que me estaba diciendo María, no quería que ayudase a mi compañero de clase, pero ¿por qué?
- Sólo vamos a estudiar juntos, no hay nada de malo. Quedo muchas veces con Bea y Lidia para estudiar. Es lo mismo – repliqué.
- No es lo mismo Desi – dijo María enfadada. – Te saca dos años. Es un repetidor. Y es popular… esa gente no se junta con chicas como tú, sólo se burlan de ellas.
- ¡No se burla de mí! Sólo me ha pedido ayuda – dije casi llorando. – Mamá, me ha dado su dirección y su teléfono por si quieres llamar y hablar con su madre – me sequé las lágrimas con la servilleta. – También me ha dicho que, si preferís papá y tú, puede venir él aquí… – sorbí mi nariz.
- María, deja de meterte con tu hermana. – Mamá le dio un golpecito en el brazo a María y después me miró. – Está bien, dame el número de su casa que llamaré luego a hablar con su madre. – Puse cara de y de repente dijo – ¿quieres que haga unas galletas para que te las lleves mañana y merendáis mientras hacéis los deberes y estudiáis?
Me atraganté con lo que tenía en la boca y me dio la tos. No me esperaba eso de mi madre. María se levantó de la mesa y se fue corriendo a su habitación y cerró la puerta. Yo me quedé ayudando a mamá a recoger la cocina en silencio y después me fui a mi habitación a leerme el tema nuevo de historia. Cuando iba por el pasillo mamá me gritó:
- Entonces, ¿a qué hora has quedado con las chicas hoy?
Volví corriendo a la puerta de la cocina:
- ¿En serio puedo salir un rato? – mamá me miró y asintió con una sonrisa en la cara. – A las 18h vienen, me quedan dos horas para estudiar un poco. Gracias mami, sólo será dar una vuelta por el paseo como cualquier día.
- Está bien, pero a las 20h en casa, que ya sabes que papá viene cansado del trabajo y le gusta que cenemos todos juntos – dijo mi madre. La abracé y me fui a mi habitación.
La historia me aburría, pero además era incapaz de concentrarme. Leía y subrayaba lo que creía más importante pero realmente no estaba enterándome de nada. Iba a quedar con Checo fuera del instituto. Bueno…, íbamos a estudiar en su casa, pero nunca había quedado con un chico… ni siquiera con un grupo de chicos y chicas… siempre éramos mis amigas y yo: Bea, Lidia y Desi. Uffff… tenía que contárselo esta tarde, al fin y al cabo se iban a enterar antes o después.
Ni siquiera había mirado el reloj y de repente sonó el timbre de la puerta… en casi dos horas apenas había leído cuatro páginas del tema de historia. Ahí estaban las chicas. Me puse mis deportivas y cogí algo de dinero de mi hucha para comprar gominolas y chicles. Le di un beso a mamá que estaba en la cocina preparando masa de galletas y salí de casa.
- Hola chicas, ¿para dónde vamos? – les dije. – A las 20h tengo que estar de vuelta en casa. Hoy me toca a mí comprar las chuches ¿qué os apetece?
- ¿Cogemos una bolsa de pipas y vamos por el paseo hasta el campo de futbol del barrio alto? – dijo Lidia. – Está entrenando mi hermano y hace mucho que no vamos a verle entrenar.
El hermano de Lidia era cuatro años más mayor que nosotras y siempre le recordaba jugando futbol, de pequeñas iba con Lidia y sus padres a ver algunos partidos, mientras mi madre iba al dentista con María algunos sábados por la mañana. Siempre me había gustado mucho el futbol y a Lidia también. A Bea no le gustaba, pero le encantaba ver a los chicos en ropa de deporte, nos reíamos de ella… o con ella… quería aparentar más años de los que tenía.
Echamos a andar paseo arriba en dirección al barrio alto. El campo de futbol estaba justo en el paseo. La valla era bajita y podíamos saltarla sin dificultad, así que entramos al campo y nos sentamos en un muro de ladrillos bajito que delimitaba el campo y el área de los banquillos. Aún no había empezado el entrenamiento, faltaban 15 minutos pero ya había muchos chicos allí. Roberto, el hermano de Lidia, nos vio y gritó:
- ¡Ey princesas! ¡Cuánto tiempo sin venir a verme! – y empezó a tirarnos besos con las manos… nos echamos a reír.
De repente, un par de chicos se separaron del grupo para hablar entre ellos, uno estaba de espaldas a nosotras y no le veía la cara, y el otro giró un poco la cara y se me quedó mirando. Dejé de reírme de golpe y me quedé con la boca abierta.
- Entrenador ¿me deja medio minuto? – gritó esa voz que ya me había acostumbrado a oír todos los días en clase.
- Empezamos en 5 minutos, Checo. O estás aquí o te toca doble de vueltas al circuito – dijo el entrenador.
Efectivamente, era Checo, salió corriendo hacia nosotras:
- Hola Desi, no sabía que venías a ver a Roberto.
- Es el hermano de Lidia – la señalé. – Hemos salido a dar una vuelta y pasábamos por aquí, así que hemos pensado entrar un rato a verle. No sabía que jugabas en este equipo.
- Ok, te veo mañana en clase. – Dijo con una gran sonrisa. Se dio la vuelta para ir hacia el entrenamiento, pero se volvió de repente – ¿Sigue en pie lo de por la tarde?
No fui capaz de contestar, sólo asentí y él salió corriendo hacia donde estaba el resto del equipo. Vi cómo Roberto le daba una colleja y le decía algo al oído. Roberto era uno de los veteranos del equipo y el capitán según nos había dicho Lidia.
Notaba que me había puesto otra vez colorada y tapé mi cara con las manos unos segundos y empecé a frotar mis ojos en círculos por debajo de las gafas.
- ¿Podemos irnos? – les dije a las chicas.
- Nooo… por favor. – Lidia hizo un puchero. – Quiero ver a mi hermanito hacer un poco de ejercicio que siempre está tirado en el sofá – se rio.
Bea también protestó:
- Ni lo sueñes, hay que ver a estos chicos guapos moverse por el campo un rato. Además aún es pronto y… – me miró pensativa – y nos tienes que contar qué es eso de mañana por la tarde – dijo abriendo los ojos como platos y poniendo los brazos en jarras en su cintura.
Bueno, había llegado la hora de hablar con ellas. Les conté que no era nada, sólo me había pedido ayuda con matemáticas y habíamos quedado para hacer los problemas juntos y así se lo explicaba. No se lo querían creer, uno de los chicos más guapos del curso, y encima mayor que nosotras quería quedar conmigo. Yo insistí todo lo que pude en que sólo iba a ayudarle con las matemáticas, al fin y al cabo suponía que el tutor lo había sentado cerca de mí por algo.
No era quedar, era estudiar juntos. Nadie como él se fijaría en una chica como yo, demasiado normal, sin curvas, con gafas, tímida, y sin muchos amigos. Lo único que él quería era seguir aprobando exámenes para poder pasar de curso.
Durante el resto de la tarde mi cabeza sólo le daba vueltas a qué pasaría al día siguiente, y no era mi culpa, sino que Lidia y Bea, sobre todo Bea, ya estaba planificando lo que iba a pasar… esa chica quería hacerse demasiado mayor, yo aún no había cumplido los 15 y Bea ya quería emparejarme de por vida con Checo. Mi cabeza daba vueltas a mil por hora: “sí, es guapo y me cae muy bien, se podría decir que es el primer y único amigo chico que tengo pero no me imagino besándome con él a mis 14 años en plan película adolescente americana, eso sólo pasa en la televisión” pensé.
A la mañana siguiente llegué de las primeras a clase. Hacía muy buen tiempo y decidí abrir un poco la ventana para que entrase el sol y el airecito de la mañana. Cuando abrí, en el patio del colegio vi a Checo con algunos de sus amigos saludándose y de repente llegó Rosa corriendo con un regalo en la mano y casi me caigo al ver la escena, suerte que había una mesa detrás y en vez de caerme de verdad me quedé sentada en el borde de esa mesa… Checo se agachó para besar a Rosa, la agarró por la cintura y la levantó un poco del suelo mientras la besaba en los labios. “¿Rosa es su novia?” pensé. Rosa era de la clase de Lidia y Bea, y del grupo de las chicas populares a las que yo no les caía nada bien. “¿Y por qué le ha dado un regalo a Checo?” mi cabeza seguía dando vueltas a lo que acababa de ver… no tenía ni idea de qué había en la cajita de regalo, pero ese beso despertó ganas de llorar en mí.
“No puedes llorar Desi, ¿qué te pasa? Son las 9h de la mañana y aún queda todo el día por delante a su lado. Que ni él ni nadie noten nada.” Pensé para mí. Cerré los ojos y respiré hondo un par de veces.
Pepe y Checo llegaron riéndose y gastando bromas. Los oí desde nuestras mesas y eso que la puerta estaba al final de la clase. Pepe debió quedarse hablando con alguien al final de la clase porque Checo llegó solo.
- Buenos días - me dijo quitándome mi estuche como casi todos los días.
- Hola. Vaya qué contento vienes hoy a clase – le dije casi sin mirarle.
- Es mi cumpleaños – dijo devolviéndome mi estuche.
Cuando vi lo que había hecho casi le pegué con el estuche. Con mi bolígrafo morado había escrito en la tela rosa de mi estuche “Checo 24-abril”.
Le miré con ojos de y se encogió de hombros.
- Así no se te olvida cuándo es – me dijo.
Nos quedamos en silencio unos minutos y justo cuando iba a decirle algo entró la profesora de lengua y Pepe vino a sentarse corriendo, así que no abrí la boca.
En el cambio de clase Checo se puso a hacer dibujos lineales con mis bolígrafos de colores. Iba a pedirle que me los devolviese ¿estaba enfadada? Ufff no sabía qué pensar… al final abrí la boca y le dije bajito para que no oyese nadie:
- Oye, ¿en serio quieres quedar el día de tu cumpleaños para que te explique matemáticas? ¿No tienes planes con tus amigos?
Me miró un poco desconcertado:
- Si no quieres o no te dejan podemos quedar otro día – dijo volviendo a mirar su dibujo.
- No es eso, mi madre lo entendió y me ha dicho que vale pero… yo el día de mi cumpleaños no suelo tener ganas de estudiar – dije.
- No pasa nada, lo celebro mañana después del entrenamiento con mis amigos, así que hoy me viene mejor quedar – se encogió de hombros.
- Está bien, ¿a qué hora entonces? – pregunté.
- Sobre las 17.30h ¿te viene bien? – dijo sin mirarme.
- Claro – respondí apuntando la hora en mi agenda de clases.
- ¿Te pilla muy lejos mi casa? – me preguntó girando brevemente la cabeza hacia mí, pero yo seguía anotando cosas en mi agenda.
- Anoche lo miré en el callejero con mi madre y son unos 20 minutos andando desde mi casa, no es mucho – dije sin darle importancia. – Luego para volver si estoy cansada cojo el autobús y listo.
- No está bien que andes sola tanto rato, aún eres… pequeña – dijo, parecía algo preocupado. – Si el instituto te pilla más cerca podemos quedar aquí y ya vamos juntos a mi casa.