Cap 3. Primer día de estudio juntos

2313 Words
¿Pequeña? ¿Había dicho que era pequeña? No me lo podía creer. -          No soy pequeña – dije tajante, intentando no levantar la voz porque no quería que nadie nos oyese. – Vengo todos los días al instituto sola y tu casa sólo está diez minutos más allá. – Respiré hondo antes de continuar. – Puedo ir sola, no tengo problema con eso. Además, todo el camino es por el paseo, no voy a andar por callejuelas. Me crucé de brazos y miré hacia la pizarra ¿por qué tardaba tanto el siguiente profesor? No tenía ganas de seguir hablando con él. Él se rio bajito… -          No te enfades . Solo digo que te saco dos años. -          No me llames así. Me llamo Desiré. Me agarró del brazo y me agitó riéndose para que se me fuese el enfado. Volví la cabeza a mirarle con cara de enfadada y me sonrió provocando que me echase a reír. -          Te lo digo en serio, no me llames , como te oiga alguien me muero... Y de hecho me sacas dos años y medio porque yo hasta octubre no cumplo los 15. Esto último lo dije un poco avergonzada, seguro que pensaría que efectivamente era pequeña. -          Bueno, entonces a las 17.30h te espero en casa. – Dijo mientras por fin entraba en clase el siguiente profesor. El resto del día pasó volando. Cuando llegué casa comí con María y mamá y después me fui un rato a mi habitación a prepararme los problemas de matemáticas que iba a hacer con Checo más tarde. “No sé qué es lo que no entiende, yo los veo bastante fáciles” pensé para mí leyendo el enunciado del último. Salí de la habitación para ir a darle un beso a mamá y marcharme, María estaba viendo la televisión en el sofá. -          ¿Piensas ir con la misma ropa de esta mañana a casa de uno de los chicos más populares del instituto? – me dijo con cara de asco. -          ¿Qué tiene de malo mi ropa? – Le pregunté con un poco de nerviosismo pero no dijo nada, sólo hizo un gesto para que me quitase de delante de la televisión como si le diese igual lo que me acaba de decir. Llevaba unos pantalones vaqueros y una camiseta de manga corta, y había cogido un jersey que llevaba atado a la cadera por si refrescaba cuando volviese a casa, pero me había quitado las gafas y puesto las lentillas. Mamá siempre decía que estaba más guapa con las lentillas porque se veían mejor mis ojos verdes, pero me las ponía más por las tardes, para ir a clase prefería las gafas. Me fui un poco disgustada a la cocina, le di un beso a mamá y cogí la cajita de galletas que había preparado la tarde anterior. -          No creo que nos entretengamos mucho, pero volveré en el autobús para tardar menos – dije. -          Si se hace tarde le dices que te dejen usar el teléfono para llamarme y voy a buscarte. Estudiad mucho cariño – dijo mamá sonriendo. Y salí de casa sin mirar a María, no quería que me pusiese más nerviosa. “Pero ¿por qué estoy tan nerviosa? Es solo un compañero de clase. Hablo todos los días con él. Le explico un montón de cosas en clase y él me ayuda en gimnasia… Tranquilízate Desi, sólo son un par de horas más juntos haciendo deberes” mi cabeza iba pensando un millón de cosas mientras iba caminando por el paseo. Checo vivía en una colonia militar que había al final del paseo. Nunca entendí por qué se seguía llamando colonia militar. Hacía muchos años allí sólo vivían militares pero ya no, era un barrio normal, residencial. Era cierto que los bloques de pisos parecían algo mejores que los de mi barrio, pero ambos barrios se parecían bastante. Recordaba el sonido de alguna explosión cuando era pequeña, retumbar ventanas y persianas por la onda expansiva de alguna bomba que un grupo terrorista ponía en aquel barrio porque atentaban contra militares. Conocía ese barrio porque el autobús para ir al centro pasaba por ahí pero nunca había ido a visitar a alguien que viviese allí. Era la primera vez. Llegué al portal donde estaba la casa de Checo y toqué al timbre del portal: -          ¿Quién es? – dijo una voz de mujer, me recordó a mi madre, debía de ser la de Checo. -          Hola buenas tardes. Soy Desiré, vengo a estudiar con… Sergio – dudé si llamarle por su nombre o por su apodo, pero si era su madre quizás no le gustase el apodo. -          Claro sube, te está esperando. Dale dos veces al botón de llamar al ascensor que no funciona muy bien – y le dio al timbre para que abriese la puerta del portal. Subí hasta el sexto piso donde vivía Checo con su familia. Al entrar en casa me recibió una mujer muy guapa, parecía algo mayor que mi madre pero tenía un bebé en brazos. -          Hola cariño, soy Eva, la mamá de Checo, y éste es Aarón, es el bebé de mi hija mayor, lo cuidamos mientras ella y su marido trabajan – me dijo sonriendo y haciéndole carantoñas al bebé. – Pasa al salón que llamo a Checo – se fue hacia la puerta de lo que parecía un pasillo y llamó a Checo que en seguida vino en pantalón corto de deporte y poniéndose una camiseta. -          ¿Queréis algo de merendar? Hay tarta del cumpleaños de Checo – dijo su madre. -          Uy, casi se me olvida… – le di a Eva la caja de galletas. – Mi madre ha hecho galletas con pepitas de chocolate. – Sonreí y me encogí de hombros. – No sabía que hoy era su cumpleaños, me he enterado esta mañana en clase. -          Oh, dile a tu madre que muchas gracias – dijo Eva, Checo se puso un poco rojo y se llevó una mano a la parte de atrás de la cabeza rascándose el pelo. – Voy a dejar a Aarón en la cuna y os llevo un trozo de tarta y unas galletas de las que ha traído Desiré. -          Gracias, mamá – dijo Checo. Y noté que su madre le decía algo muy bajito pero no llegué a escucharla ni pude leerle los labios. – Ven, vamos al despacho de mi padre, tiene el escritorio más grande que el de mi habitación y podemos sentarnos los dos juntos. Me llevó a un despacho muy acogedor, con muebles antiguos, parecían de madera maciza. Una mesa enorme, con una gran silla a un lado y dos más pequeñas justo enfrente. Una alfombra persa y muchas estanterías con libros tanto profesionales como de literatura. Y en un rincón había una butaca que parecía muy cómoda, una mesita pequeña de cristal y una lámpara de lectura. Me encantó esa habitación y me quedé mirando la butaca en lo que supuse era el rincón de lectura de alguien. -          Es el rincón de lectura de mi padre. Le encanta sentarse ahí a leer. De pequeños, mis hermanas y yo nos sentábamos en la alfombra y él nos leía historias, ahora a veces lo hace con Aarón en sus brazos – me contó Checo. – Ven, nos sentamos en este lado y así podemos sentarnos juntos y me explicas mejor – dijo señalando las dos sillas que estaban juntas, nos sentaríamos de espaldas a la puerta. No podía creerme eso. En el instituto Checo era un poco malote, uno de los chicos duros, aunque era cierto que a veces conmigo se ablandaba un poco, cuando se metía conmigo en plan amigos o cuando me ayudaba en gimnasia… siempre pensé que era porque quería algo a cambio: que yo le ayudase con las asignaturas que se le daban peor. Pero ahora estaba en su casa, le estaba viendo en su terreno, en su lugar de confianza, y aunque había ido a estudiar con él, no se estaba comportando para nada como un chulo, estaba siendo un chico normal, incluso un poco encantador. -          ¿Puedo preguntarte una cosa? – dije y él asintió con la cabeza. – ¿Qué te ha dicho tu madre cuando veníamos para acá? Se echó a reír y me hizo sentir un poco tonta por preguntar. -          Que dejase la puerta abierta. Dios ¿en serio le había dicho eso? Me puse colorada como un tomate… -          Sabe que vamos a estudiar y nos va a traer la merienda… no sé qué se piensa que vamos a hacer – se rio. -          ¿No sabe que tienes novia? – dije. Obvio que no lo sabía, sino no le hubiese dicho eso… Si yo tuviese novio no sabía si se lo diría a mi madre… o a María. -          No. Aunque Rosa vendrá mañana a mi fiesta, así que supongo que la verá – dijo un poco cortado. -          Bueno vamos a empezar con las matemáticas – dije sonriendo. No quería oír hablar de Rosa, ni de su fiesta de cumpleaños a la que yo no había sido invitada ¿por qué me sentía defraudada si ésta era la primera vez que hablábamos fuera del instituto? Tampoco éramos amigos ¿por qué un chico como él me invitaría a su fiesta? Nos pusimos manos a la obra con los deberes de matemáticas. Los primeros problemas los entendió bastante bien pero los últimos no los terminaba de entender y tuvimos que darles muchas vueltas hasta que los cogió. Entre problemas, merienda y risas se hizo más tarde de lo que yo pensaba. Ya eran casi las 20:30h, mi padre estaría llegando a casa y mamá seguro que estaba preocupada porque yo no me solía retrasar. Recogí mis cosas en mi mochila lo más deprisa que pude. -          Se ha hecho un poco tarde – le dije a Checo mientras llegábamos al salón de su casa. – ¿Puedo llamar por teléfono a mi madre para que venga a buscarme? -          Ah no, bonita – dijo Eva apareciendo por el pasillo. – Ven, llama a tu madre, pero dile que te llevamos nosotros, no le vamos a hacer salir ahora de casa. -          No quiero molestarles – dije un poco avergonzada. -          Tonterías, encima de que vienes a estudiar con este cabezota. Llama a casa y diles que no tardamos nada en llegar – me señaló su teléfono góndola de color beige, era igualito al de mi casa. Llamé a casa y lo cogió mamá al primer tono. -          Mamá soy yo. Se nos ha hecho un poco tarde pero no hace falta que vengas a buscarme. La madre de Sergio dice que me lleva ella a casa y que en seguida llegamos. – Mamá lo entendió y colgué el teléfono. Eva se puso una chaqueta y unos zapatos, y de repente apareció Checo en el salón también con sus zapatillas de deporte y una sudadera. -          Vamos bonita, tengo el coche en el garaje ¿por dónde está tu casa? – me dijo Eva mientras subíamos al ascensor para ir al garaje. Le expliqué cómo ir a casa desde el instituto y en 10 minutos estábamos allí. Se esperaron hasta que entré en casa y como le había dicho que mi piso era el bajo, Eva me pidió que me asomase por la ventana para saludar, así se aseguraba de que estaba en casa. Así lo hicimos, mamá y yo nos asomamos a la ventana de la calle para saludar y vimos como el coche de la madre de Checo se alejaba calle arriba. Pensé que mamá se había enfadado pero estaba tranquila. -          ¿Qué tal ha ido el estudio? – preguntó. -          Muy bien, aunque es un poco cabezota – me reí. – Perdón porque se me hizo tarde, no miré el reloj y además su madre nos trajo un trozo de tarta y algunas de tus galletas para merendar y nos entretuvimos un poco más. – Mamá me dio un beso en la frente y no dijo nada más. Me fui a mi habitación a ponerme el pijama para cenar porque papá ya estaba en casa. Había sido una tarde muy entretenida. Habíamos estudiado y también lo habíamos pasado bien haciendo bromas, merendando, jugando con su sobrino y charlando con su madre. Se sentía casi como estar con mis amigas, solo que era un chico, y no un chico cualquiera sino uno de los chicos más guapos del instituto y uno de los más populares también… y uno que tenía novia, aunque eso no quería pensarlo mucho. El tercer trimestre de clases fue pasando. De vez en cuando volvía a quedar alguna tarde a estudiar con Checo, siempre en su casa. No me atrevía a decirle de venir a la mía porque María se metía conmigo y seguía diciendo que todo el mundo se reía de mí por ser una empollona. Al final del trimestre nos dieron las notas. Para mí todo sobresalientes, excepto gimnasia que sólo tenía un aprobado. Al final de las clases Checo me esperó y me enseñó su boletín de notas: todo aprobado excepto inglés, incluso tenía algunos notables. Estaba muy contento por sus notas, y yo también me alegré aunque le pinché un poco diciéndole que tendría que estudiar inglés en las vacaciones de verano para examinarse antes de empezar el siguiente curso. Salimos de clase riéndonos porque yo intentaba pincharle y a él le daba igual y al salir del edificio cada uno se fue con sus amigos. Una semana después oficialmente terminaba el curso. Pleno mes de junio, verano y por fin todo el tiempo libre del mundo para no hacer gran cosa.
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