Aquella noche me puse una minifalda vaquera, un top n***o atado al cuello que dejaba visible mi ombligo y unas sandalias negras sin tacón. Después de haber cruzado el pueblo andando con tacones altos la noche anterior, no me apetecía ponerme más tacones ese fin de semana. Me dejé el pelo suelto, me puse las lentillas y maquillé mis ojos de verde jade, eché un poco de colorete en mis mejillas y brillo rosa en mis labios.
Cris insistió en venir a buscarnos con el coche, pero al final le convencí de que no lo hiciese. Bea y yo pasaríamos a por Sara y las tres iríamos andando hasta la plaza. Podíamos quedar allí con los chicos, además allí podría aparcar bien el coche y después movernos a pie para buscar dónde cenar. Cuando recogimos a Sara parecía que nos habíamos puesto de acuerdo, Bea y ella llevaban pantalones piratas ajustados vaqueros y yo mi minifalda, pero las tres íbamos con tops negros, todas diferentes, pero aun así parecía que combinábamos a la perfección.
Llegamos a la plaza un poco más tarde de la hora a la que habíamos quedado y a lo lejos vimos a los chicos. Las tres caminamos hacia ellos seguras de que esa noche nos lo íbamos a pasar bien. Cuando llegamos donde estaban ellos, cada una besó a su chico.
Cris estaba muy guapo, también llevaba vaqueros y una camisa oscura… quizás nos leíamos la mente unos a otros y no nos habíamos dado cuenta. Al besarme puso sus manos un poco más abajo de mi cintura, pero sin llegar a tocarme completamente el culo, como si estuviese siendo precavido… y eso me hizo sonreír en sus labios.
- Puedes poner las manos más abajo si quieres – le susurré, pero él no las movió y me besó de nuevo.
- Bueno tortolitos – se rio José – vamos a tomar algo que hay hambre.
Y los demás echaron a andar hacia una de las calles colindantes, pasando por nuestro lado, pero nosotros no nos movíamos aún… unos minutos después miré hacia mis amigas y le dije a Cris:
- Deberíamos seguirles o nos abandonarán aquí.
Nos reímos. Él me tomó de la mano y nos pusimos en marcha para alcanzar a los demás.
- Hoy también estás muy guapa.
- Tú también – sonreí y le robé un beso mientras acercaba su mano a mi cintura para sentirle más cerca.
Yo también rodeé su cintura y acabé metiendo mi mano en el bolsillo trasero de su pantalón. Le vi sonreír y mirarme de reojo. No logramos alcanzar al resto hasta que se pararon para sentarse en la terraza de un bar. Ahí estuvimos tomando algo y cenando, hablando y riéndonos un montón, parecía que fuésemos amigos de toda la vida, pero yo los conocía hacía apenas unos días.
Aunque no íbamos a salir del pueblo, los chicos habían venido con las motos y Cris con el coche, y no debían beber alcohol… a ellos no les importaba, pero a mí sí. Cris lo sabía porque en alguna de nuestras conversaciones había salido el tema, así que él tomaba cerveza sin alcohol, no dijo nada pero me di cuenta de que lo estaba haciendo. Yo solía tomar refrescos, como mucho algún tinto de verano o alguna copa cuando salíamos a bailar; siempre llamaba la atención a los demás porque casi nunca tomaba alcohol.
Aquel día me apetecía tomar tinto de verano y eso fue lo que pedí. Pero después de tres ya me notaba un poco nerviosa y pasé a los refrescos.
- ¿Estás bien? – me susurró Cris al oído después de que pedí mi refresco.
- Sí – le sonreí – pero creo que el tinto se me está subiendo a la cabeza y prefiero parar.
- Te brillan los ojos – se rio un poco.
Nos quedamos hasta tarde en la terraza sentados y no había manera de parar de comer porque con cada ronda de bebidas el camarero traía un nuevo plato de tapas… ellos estaban en su salsa, pero yo dejé de comer cuando me sentí llena. La terraza empezaba a vaciarse, era poco más de medianoche.
- Bueno qué… ¿pagamos y nos vamos a bailar? – dijo Sara.
- ¿Vamos a por un helado antes de ir a la discoteca? – comentó Bea.
- Síiii… porfa – dije yo con una enorme sonrisa. Bea sabía que me encantaba el helado después de cenar en verano.
Los chicos nos miraron como si estuviésemos locas, o como si fuésemos crías pequeñas. Bea y Sara les hicieron ojitos a sus novios para convencerles. A mí no me hacía falta convencer a Cris, llevaba toda la noche mirándome con adoración y pensé que haría cualquier cosa que yo dijese o que yo quisiese hacer. Al final Miguel y José cedieron y fuimos a una heladería cercana, compramos los helados y fuimos paseando hasta la plaza mientras comíamos los helados. Mi favorito era de menta y chocolate, y Cris había pedido de chocolate n***o y blanco, nos reímos mucho en el paseo hacia la plaza porque ambos íbamos robando cucharaditas del helado del otro.
Cuando llegamos a la plaza ya habíamos terminado los helados. Sara y Bea se pararon a retocar su brillo de labios usando las lunas tintadas del coche de Cris como espejo, pero los chicos siguieron andando hasta el aparcamiento de motos porque allí estaban varios amigos suyos. Salí corriendo detrás de los chicos y dándole un beso en el cuello a Cris desde atrás, metí mi mano en su bolsillo delantero para cogerle las llaves del coche. Sabía perfectamente dónde estaban.
- Necesitamos música – le susurré en el oído y él sonrió.
Era lo único que quería. Corrí de nuevo con mis amigas, abrí el coche y me senté en el asiento del copiloto, puse mi CD que seguía en el coche de Cris desde la noche anterior, pero con el volumen bajo ya que estábamos rodeados de casas y no era plan de molestar a los vecinos, suficiente ruido había de la gente que pasaba por la calle. Yo retoqué mi lápiz de ojos y mi brillo de labios en el espejo del coche bajo la atenta mirada de las chicas que estaban de pie apoyadas en la puerta abierta del coche.
- Entonces Desi… ¿va todo bien con Cris? – preguntó Bea. Recordé que no les había contado casi nada, no habíamos estado solas desde el mediodía, bueno con Bea mientras nos duchábamos, pero estaban en casa sus abuelos y sus padres y no quería que nos oyesen.
- Sí, creo que sí… básicamente los dos nos gustamos y estamos a gusto juntos, pero ambos tenemos miedo de lo que sea que está pasando entre nosotros – les di una media sonrisa, sincera pero breve – me iré en una semana y ambos tenemos miedo de que en ese momento el golpe sea duro.
- Sabes que no tiene que ser así… puedes venir conmigo siempre que quieras – dijo Bea.
- Lo sé nena, pero no puedes estar haciendo siempre de punto de unión entre nosotros – le respondí encogiéndome de hombros.
- Bueno sea como sea no te agobies – dijo Sara y miró hacia los chicos que las estaban llamando.
Cris se acercaba al coche. Salí del coche y retuve a las chicas unos segundos antes de que se marchasen:
- ¿Os parece bien si Cris y yo tardamos un rato en ir a la discoteca? – pregunté un poco nerviosa, ellas me miraron fijamente y con algo de preocupación – Quiero que me lleve a un sitio. – Ellas se quedaron calladas durante un rato y luego sonrieron de forma traviesa.
- Usad protección – dijo Sara guiñándome un ojo mientras se iban con sus novios.
¡Mierda! Cris ya estaba muy cerca del coche, seguro que oyó lo que dijo su prima. Respiré hondo y le sonreí mientras me sentaba de nuevo en el coche y cerraba la puerta del copiloto. En vez de ir hacia su puerta vino a la mía que quedaba más cerca, dio unos golpecitos en el cristal y yo bajé la ventanilla:
- Hola guapo – le dije con una sonrisa coqueta.
- ¿Por qué dijo mi prima eso? – me encogí de hombros sin darle importancia.
- Creo que está un poco loca… o quizás ha bebido mucho durante la cena – me reí.
Evidentemente no me creyó, pero lo dejó estar y sonrió. Se fue hacia su puerta y entró al coche. Antes de que me diese tiempo de abrocharme el cinturón de seguridad él había tomado mi cara con una de sus manos y me estaba besando de forma dulce y a la vez apasionada… mi mente se quedó en blanco, en ese momento sólo existíamos él, yo y el beso.
- Cris… - le susurré separándome de él e intentando abrocharme el cinturón de seguridad. Él se puso tenso, pero le sonreí para intentar tranquilizarle. – Me gustaría que me llevases a la colina donde estuvimos ayer.
- ¿Por qué allí? – preguntó sorprendido, y a mí también me sorprendió su reacción.
- Quiero tapar el recuerdo de ayer con otro mejor – sonreí y le acaricié la mejilla con la punta de mis dedos.
Él asintió sonriendo. Arrancó el motor y bajó también su ventanilla y subió el volumen a tope mientras sonaba Cry me a river de Justin Timberlake, que era una de mis canciones favoritas ese año. No entendía la manía de los chicos de ese pueblo de llevar la música tan alta aunque en realidad me gustaba que Cris subiese el volumen de mi música favorita.
En un par de canciones más llegamos a la colina. Volvía a estar vacía igual que el día anterior.
- No entiendo que no venga nadie aquí. Es un lugar muy bonito – dije mientras salía del coche y me quedaba a medio camino entre una de las mesas y la valla de madera. – En una película sería el lugar donde las parejas van a enrollarse.
- ¿Es eso lo que quieres hacer? – dijo Cris abrazándome por la espalda y besando mi cuello.
- Puede… - me encogí de hombros y sonreí – o puede que quiera subirme a la mesa para bailar esta canción.
Sonaban los primeros acordes de I got 5 on it de Luniz. Las letras de las canciones de hip-hop no eran las más bonitas o románticas salvo algunas excepciones, pero los ritmos podían atraparte y llegarte al corazón, así que me solté de los brazos de Cris y me subí a la mesa para bailar, sin tacones era fácil, no había posibilidad de meter los tacones entre las tablas de la mesa, así que moví mi cuerpo de forma sensual bajo el cielo estrellado y a la luz de una única farola. Yo miraba las estrellas mientras sentía la música y me movía con su ritmo. No bajé mi mirada hacia Cris, pero podía sentir la suya clavada en mí, probablemente sin pestañear.
- Desi… baja de la mesa… - me pidió con voz ronca estirando una mano para que le agarrase al bajar.
- ¿Por qué? – le pregunté intentando darle una mirada provocativa.
- Porque estás bebida y no quiero que te hagas daño.
- Sólo han sido tres tintos, no estoy borracha, tranquilo… soy consciente de lo que estoy haciendo y de por qué lo hago.
- ¿Y por qué lo haces?
- Porque estamos solos… sólo bailo así cuando estoy sola… me gusta bailar y que me miren bailar, pero si lo hiciese así delante de la gente pensarían cosas de mí que no son verdad… - dije mientras seguía bailando de forma sexy, me acerqué y agarré su mano aunque sólo bajé hasta el banco de sentarse y ahí seguí bailando.
- Desi… por favor, baja… - volvió a pedir con voz ronca.
- ¿Por qué? – volví a responder con una sonrisa y mirándole fijamente.
- Porque quiero besarte y sentirte bailar cerca de mí.
Eso era lo que estaba esperando, una señal suya para acercarme. Bajé del banco aún agarrada a su mano derecha y me acerqué a su cuerpo. Puse su mano en mi espalda baja justo entre el top y la cinturilla de la minifalda. Acaricié su cuello y bajé lentamente mi mano por su pecho mientras seguía moviendo mi cuerpo al ritmo de la nueva canción que sonaba. Estábamos frente a frente, mirándonos a los ojos mientras yo bailaba y él… simplemente me miraba con deseo; giré un poco, mi espalda quedó pegada a su pecho, y en el giro su mano pasó de mi espalda a mi ombligo provocando un calor intenso en mi vientre que me hizo darme la vuelta de nuevo para volver a quedar frente a él. Ralenticé aún más el ritmo de mi baile, subí mis manos lentamente por su espalda intentando relajarle mientras miraba sus labios. No pude aguantar más y le di un beso apasionado, en ese momento, estando relajado, le obligué a moverse conmigo siguiendo el ritmo sensual de la canción que sonaba.
Más calor se acumulaba en mi interior, mi corazón había pasado de latir al ritmo de la música a latir a mil por hora. Cris tenía una mano en uno de los bolsillos traseros de mi minifalda (por fin) y con la otra me acariciaba desde el cuello hasta la cintura. Yo también empecé a acariciarle el cuello, los brazos, el pecho…
- Cris… - susurré entre besos – quiero sentir tus caricias por todo mi cuerpo.
Él me apoyó en la puerta del coche. Apartó un mechón de pelo que se había ido hacia mis ojos y lo colocó detrás de mi oreja. Tomó mi cara con ambas manos y me besó con tanta pasión que no supe dónde acababa su lengua y dónde empezaba la mía. Gemí e incliné la cabeza hacia atrás. Sus manos bajaron lentamente por mis costados y su boca bajó hasta mi cuello besando desde detrás de mi oreja hasta mi hombro. Sus manos acariciaban la parte desnuda de mi tripa y de mi espalda baja, pero yo quería más, necesitaba más.
- Cris… - volví a susurrar en su oído mientras él seguía besando mi cuello.
No dije nada más, pero una de mis manos se apoderó de su cuello atrayéndole más a mí, y con la otra tomé una de sus manos y la deslicé más arriba de mi tripa, por debajo del top hasta que sus dedos y los míos llegaron al borde de mi sujetador. Se me aceleró la respiración y tuve que soltar sus labios para tomar aire. Nuestras manos seguían debajo de mi top y Cris me miró a los ojos, luego al lugar donde estaban nuestras manos y volvió a mirarme a los ojos. ¿Me estaba pidiendo permiso para algo? Le sonreí… fuese lo que fuese, aceptaba.
Cris me separó del coche y sin separar su cuerpo completamente de mí, me llevó hasta el capó del coche y me subió para que me sentase al borde del capó. Separó mis rodillas para colocarse entre mis piernas y volvió a besarme. Me besó primero en los labios y después por toda la mandíbula, y a ambos lados del cuello. Sus manos estaban en mis costados haciendo pequeños dibujos con sus pulgares, pero sin sobrepasar esa línea invisible que separaba mi costado de mi pecho. No pude soportarlo más y volví a tomar su mano para meterla de nuevo bajo mi top. Intenté asegurarme de que no la quitaría si yo quitaba la mía y cuando estuve segura, tomé su otra mano y la coloqué sobre mi muslo cerca del dobladillo de mi falda. No hice nada con esa mano, sólo dejé la mía encima de la suya esperando su reacción.
La mano debajo de mi top estaba quieta, a excepción de su dedo pulgar que se movía perfilando el borde de mi sujetador, a veces lo pasaba por debajo y rozaba mi pecho haciéndome suspirar. Con la otra mano acariciaba mi muslo, desde la rodilla hasta el dobladillo, aún tenía mi mano sobre la suya así que le agarré un poquito más fuerte para que la subiese un poco más por debajo de la falda. Me besó gruñendo sobre mis labios y apretó mi muslo rozando con su dedo pulgar la parte interna y más sensible de mi muslo. Me estremecí y él separó sus manos de mí.
- Lo siento nena… - susurró en mis labios.
- Yo no – respondí también en un susurro y volví a besarle.
Si él no me tocaba, yo le tocaría a él. Metí mis manos entre nuestros cuerpos y empecé a desabrochar su camisa desde abajo. Cuando hube terminado de desabrochar todos los botones abrí su camisa y acaricié su pecho desnudo, ya lo había hecho antes en la piscina, pero ahora era diferente, necesitaba acariciarlo todo con delicadeza, memorizando el roce de mis dedos en cada parte de su cuerpo. Cuando volvió a poner una mano en mi muslo entendí que se había dado cuenta de que mi estremecimiento de antes no era de temor. Mientras acariciaba mi muslo por debajo de la minifalda y por la parte interna, con su otra mano levantó mi barbilla para volver a besarme. Estaba ardiendo… tenía tanto calor que estaba empezando a sudar. Bajó su mano de mi barbilla a uno de mis pechos y gemí en sus labios cuando lo apretó suavemente. Con la mano que estaba en mi pierna rozó el borde de mis braguitas y jugó con él, y después, con uno de sus dedos tocó la parte más sensible de mi vulva haciéndome gemir otra vez en sus labios.
- Desi… estás… empapada – dijo con una voz ronca.
- Lo sé… - dije con un susurro casi inaudible… tenía demasiado calor y estaba segura de que me había puesto roja con su comentario aunque con la luz que había en ese lugar seguramente no se notarían mis colores.
- Desi… - Volvió a acariciarme ese punto sensible un par de veces, apretando y haciendo pequeños círculos a la vez, me hizo gemir de nuevo y arquear la espalda echando mi cabeza hacia atrás con los ojos cerrados – Nena… no… no vamos a hacerlo sobre el capó del coche.
Asentí intentando recuperar el aliento y el ritmo de mi respiración. Lentamente, él retiró sus manos de donde las tenía para llevarlas a mi espalda y fundirnos en un abrazo y un beso dulce, que nos ayudó a recuperar el aliento despacio. Cuando recuperé un latido de corazón más normal, separé suavemente el cuerpo de Cris del mío, lo suficiente como para volver a abrocharle los botones de la camisa. Después el me ayudó a bajar del capó del coche y al apoyarme en el suelo temblé, mis piernas se sentían flojas, pero él me sostuvo mirándome con adoración, y me ayudó a colocarme la minifalda y el top… mis bragas estaban muy húmedas, iba a ser un poco incómodo estar así, pero no tenía remedio hasta llegar a casa.
Cuando estuvimos algo más relajados y presentables dije:
- Creo que necesitamos una copa – y ambos nos echamos a reír.
Nos metimos en el coche. Cris esperó unos minutos para que me arreglase el maquillaje y después bajamos la colina. Cogí mi teléfono y no tenía ningún mensaje ni llamada de las chicas, así que supuse que seguían en la discoteca… eran más de las 2h de la madrugada. No teníamos hora de volver a casa y la discoteca cerraba más tarde, así que nos daba tiempo de ir a tomar algo y a echar unos bailes.