Llegó septiembre y había que formalizar la matrícula de la universidad porque las clases empezaban en octubre. Me habían aceptado en Biología y me había tocado el turno de las 8:30h de la mañana, eso significaba que cuando empezasen las clases había que madrugar más que para ir al instituto pero no me importaba, estaba muy contenta con mi elección de carrera y estaba convencida de que me iría muy bien. No tenía planeado faltar a clase… seguía siendo una empollona o tal vez simplemente lo consideraba mi deber tras tener la suerte de poder ir a la universidad. Tenía una beca y tenía que aprobar el curso para poder mantenerla, así que me esforzaría todo lo posible para sacar los tres primeros años de biología, iba a conseguir mi sueño de llegar a estudiar Bioquímica y completar mi título de licenciada.
El aula era enorme, éramos unas cien o ciento veinte personas en clase y aún sobraba vacía más de la mitad de la clase. En la universidad no había tutores, sólo uno o dos profesores por asignatura. En el primer curso éramos tantos alumnos que había seis clases y en cada una más de cien alumnos.
Llegué pronto a mi primera clase y me senté en la cuarta fila… las clases eran tan grandes que me daba vergüenza sentarme en primera fila. Además la mesa del profesor y la pizarra estaban en alto, y las mesas de los alumnos estaban en escalera, como un auditorio, así que daba la sensación de que desde primera fila no se vería bien la pizarra. Poco a poco se fue llenando la clase.
A mi lado se sentó una chica muy simpática, Julia. Tenía un cuerpo alucinante e iba vestida muy guapa y maquillada. Yo iba normal, con un vaquero, una camiseta y mis deportivas. Desde el primer momento hicimos buenas migas, aunque ella era mucho más extrovertida que yo. A su lado se sentaron algunas chicas más que también parecían majas.
Según pasaban los días hicimos grupito las seis que nos sentamos en la misma fila el primer día. Las clases eran un poco estresantes. Algunas asignaturas eran fáciles y otras bastante más complicadas de lo que me había imaginado. Aún era pronto para empezar laboratorios de prácticas, hasta diciembre no empezaríamos con eso, así que de momento sólo tenía clases por la mañana de 8:30h a 12:30h. Julia y yo empezamos a ir a la biblioteca después de clases al menos hasta las 14h o así que ya nos íbamos a nuestras casas. Mamá y María decían que era importante que estudiase desde el primer día porque la universidad no era como el instituto, no había evaluación continua, sino que te jugabas cada asignatura a un único examen final si eran asignaturas de cuatrimestre, o en dos exámenes si era una asignatura anual.
Las chicas de la universidad eran geniales, a veces tomábamos un café o un refresco todas juntas después de clase antes de que Julia y yo fuésemos a la biblioteca y nos lo pasábamos muy bien, pero con Julia fue con la que más amistad hice desde el primer momento. Era un año mayor que yo y tenía un novio desde los 16 años, además vivía en la otra punta de Madrid así que sólo nos veíamos en la facultad. Algún fin de semana le dije si se venía a bailar con mis amigas y conmigo, pero no solía salir sin su novio, aunque prometió que algún día se vendría con nosotras.
Aprovechaba a estudiar todo lo que podía de lunes a jueves, los viernes solía echarme la siesta después de comer para descansar de madrugar toda la semana y así coger fuerzas para salir a bailar por la noche. Salía con Bea todos los viernes y todos los sábados, y Lidia se venía cuando no quedaba con Juan. Para mi 18 cumpleaños los padres de Bea me regalaron un teléfono móvil, ella ya tenía uno y dijeron que así podíamos hablar más entre nosotras porque ya no nos veíamos tanto. A mamá no le gustó mucho, pero el padre de Bea trabajaba en una empresa de teléfonos móviles e insistió en que me lo quedase.
Llevábamos un par de semanas viendo a unos chicos nuevos en el pub. Se juntaban con otro grupo que llevaba viniendo más tiempo. Los cuatro chicos nuevos se dedicaban a bailar, beber y ligar, siempre estaban rodeados de grupitos de chicas porque cada vez que se ponían a bailar lo hacían con coreografías muy bien ensayadas, montaban todo un espectáculo y la gente les hacía corrillo para que bailasen mejor. Parecían un poco engreídos la verdad, pero todo el mundo enloquecía cuando se ponían a bailar, como si fuesen famosos. Bea y yo empezamos a criticarles un poco por ir de chulos, aunque la verdad es que en el fondo me gustaban, solían bailar sobre todo canciones de BSB y N’SYNC que eran mis grupos favoritos, y también muchas de hip-hop y R&B que era la música que más me gustaba. Semana tras semana nos fuimos fijando más en ellos. A Bea seguían sin gustarle demasiado. Uno de los chicos era rubio con el pelo rizado, bastante musculoso y siempre iba con pantalones anchos y camiseta de tirantes blanca; otro era moreno, también solía llevan pantalones anchos y camiseta de tirantes blanca para enseñar músculos aunque era algo más delgado que el rubio, tenía un montón de tatuajes y solía llevar gafas de sol; otro de los chicos, el que parecía más jovencito de los cuatro, también era rubio y con el pelo muy cortito, era más bajito y gordito, pero bailaba bien; y el último de los cuatro también era moreno, era el más delgado, casi siempre iba vestido de n***o entero, siempre llevaba gafas de sol puestas y una chaqueta de cuero.
Bea siempre decía lo mismo “Gafas de sol, de noche y dentro de un pub ¿qué se han pensado que son? ¿el ombligo del mundo? ¿el sol que ilumina para que todos giren a su alrededor?”
Y la verdad era que ella tenía toda la razón, parecía una tontería ir con gafas de sol dentro del pub, ya estaba oscuro aunque había focos de discoteca… pero en lo que tenía más razón era en que se creían el ombligo del mundo pero era porque los demás se lo permitíamos haciéndoles corrillo para que se lucieran con sus bailes.
A mí me encantaba verlos bailar, sobre todo a ese chico con chaqueta de cuero y gafas de sol. Tenía algo misterioso, algo especial que me atraía y no podía dejar de mirarle desde que entraban en el pub, su piel era pálida, sus labios rosados y cuando se quitaba las gafas de sol se veían unos ojos oscuros y grandes muy bonitos. Creo que en general todos ellos despertaban ese sentimiento de no poder dejar de mirarles en todas las chicas del pub, pero a mí me atraía sólo él, a veces nuestras miradas se cruzaban y era en ese momento cuando yo solía hacer mi mejor movimiento casi inconscientemente… me gustaba pensar que a veces él me miraba igual que yo le miraba a él. Era consciente de que lo hacía con todas las chicas del pub, pero cuando me miraba a mí me hacía sentir bien, me hacía sentir como si pudiese volver a ser el centro del mundo, igual que cuando Checo me miraba bailar sobre el escenario de aquella discoteca a la que no habíamos vuelto en meses.
Mierda… creía que estaba empezando a olvidarme de él, pero ni siquiera las miradas y sonrisas de ese chico misterioso lograban llenar el vacío que aún había dentro de mi corazón.
Ya era febrero y estábamos con los exámenes del primer cuatrimestre. Era la primera oportunidad de demostrar cómo había empezado mi vida en la universidad. Aquí todo era mucho más frío, los profesores ni siquiera se sabían nuestros nombres. Tenía la sensación de ser sólo un número en una lista, pero me daba igual, había estudiado mucho y estaba dispuesta a demostrarlo en los exámenes. Fueron un par de semanas un poco estresantes, pero se pasaron muy rápido.
Cuando se publicaron las notas, sólo había suspendido un examen, aunque era una asignatura anual y eso significaba que tenía otra oportunidad en junio para examinarme del curso entero. El resto de las asignaturas sí las aprobé, algunos notables y otras sólo aprobado. No podía ser verdad, había estudiado tanto que tener sólo aprobados me parecía muy poco, pero mi objetivo estaba cumplido, el primer cuatrimestre había pasado de forma bastante aceptable. Quise hablar con la profesora de la asignatura que había suspendido para poder revisar el examen, ella me recibió en su despacho y estuvimos hablando y revisando el examen juntas, resulta que se le había olvidado sumar la puntuación de una pregunta, si sumabas todas las preguntas mi nota era un 7.5 sobre 10, pero ella me dijo:
- No pasa nada porque es un examen parcial, sé que puedes hacerlo mucho mejor e irás a junio con toda la asignatura completa.
No había manera de reclamar, ella tenía razón, al ser una asignatura anual no había necesidad de examinar en febrero, así que ese examen de febrero sólo contaba si ella quería que contase, y en mi caso parecía que no había opción… ¿en serio pensaba que yo podía hacerlo mejor de un 7.5? en el instituto sí, pero en la universidad… yo no lo tenía tan claro, el examen había sido bastante difícil… Tendría que estudiar muchísimo más, ya me estaba agobiando.
A Julia le había ido un poco peor… había suspendido cuatro de las seis asignaturas que habíamos tenido. Pero estaba dispuesta a echarle una mano. Me encantaba estudiar con ella, además aprovechábamos para charlar de un montón de cosas, me contaba cosas de su familia, de su relación con su novio, a veces nos quedábamos a comer en la facultad y nos íbamos de compras por las tardes, le encantaba ir de tiendas y me aconsejó un montón de ropa bonita para salir a bailar.
Julia por fin aceptó venirse un sábado a bailar con nosotras, por suerte fue un día que también venía Lidia, así podía conocer a mis dos mejores amigas, estaba segura de que se llevarían genial. Fuimos a bailar por la tarde a una discoteca que habría de 18h a 22h en una sesión “sin alcohol” para que pudiesen ir jóvenes desde los 16 años, nosotras ya teníamos 18 y Julia 19 pero íbamos para bailar, no por otra cosa. Era una discoteca enorme, tenía 5 pisos y en cada uno de ellos había un tipo de música diferente. En las dos primeras plantas había música techno y dance, en la tercera había rap, hip-hop y R&B, en la cuarta música pop, y en la quinta había música más variada pero predominando los ritmos latinos. Lo que más nos gustó fue la última planta, pero yo quería ir también a la tercera, la música R&B era mi preferida, casi todas las canciones se podían bailar moviendo las caderas y con movimientos sensuales, eso me gustaba y además hacía que los chicos te mirasen. Yo seguía sin considerarme demasiado guapa, aunque mis amigas decían que estaba muy bien, no era flacucha porque tenía las caderas anchas, pero ya no era la niña gordita que fui los primeros años del instituto y bailar me sentaba bien para mantener mi figura, mis pechos no eran muy grandes, pero eso se arreglaba con un buen sostén, además tenía las piernas largas y me encantaba resaltarlas un poco más usando tacones… todo eso era ideal para bailar y en el momento en que empezábamos a bailar podía sentirme maravillosamente bien. Había otro aliciente en las discotecas y pubs y era que al ser un ambiente oscuro era más fácil esconder la timidez. En cuanto entramos en aquella planta de música R&B los vi… los chicos que bailaban en el pub al que íbamos por la noche estaban ahí haciendo su espectáculo de bailes rodeados de varias de sus amigas y algunas niñitas que parecían más pequeñas pero igualmente babeaban por ellos.
Había algunas pequeñas plataformas para subirse a bailar y después de contarle a Julia quiénes eran esos chicos y de qué los conocíamos, ella me agarró de la mano y se subió a una de esas plataformas para después pedirme que subiese con ella. Qué vergüenza, ellos ahí con su espectáculo y Julia y yo subidas a la plataforma con el nuestro. Noté que el chico rubio y el misterioso se me quedaron mirando, fijé mi mirada primero en uno y luego en el otro, aunque al chico de la cazadora de cuero le miré mucho más rato, le sonreí mientras seguía bailando igual que hacían ellos, y después Julia y yo hicimos nuestro último paso, espalda con espalda fuimos bajando nuestros cuerpos doblando las rodillas mientras movíamos las caderas. Al estar de espaldas no sé a dónde miraba Julia, pero yo no pude apartar los ojos de ese chico que igualmente seguía mirándome. Si lo estuviese viendo desde fuera, hasta yo misma pensaría que había sido una descarada, pero me sentí bien después de hacer eso sin quitarle los ojos de encima a ese chico.
Después de bailar hasta cansarnos, salimos de la discoteca y nos fuimos a cenar. A Julia la recogió su novio después de cenar, y Bea, Lidia y yo nos fuimos al pub como todos los fines de semana. Aquel era nuestro sitio favorito para ir a bailar, ya conocíamos a los vigilantes de la puerta, al DJ, a algunos camareros… era muy agradable y como casi siempre iba la misma gente y solía haber buen rollo, las noches de baile eran geniales.
Como media hora después de llegar nosotras al pub, llegaron esos chicos con su séquito de chicas. Ninguna de ellas parecía ser novia de ninguno de ellos, sólo amigas, aunque parecía que ellos podían estar con cualquiera, de hecho su forma de saludar a todas las chicas era dándoles un pico en los labios. Cada día al entrar en el pub los veía hacerlo, grupo de chicas por el que pasaban era un grupo de chicas en el que todas o casi todas recibían su pico. En serio parecían unos engreídos, pero las chicas favorecían eso… y la verdad… yo empezaba sentir un poco de envidia y a querer participar de aquello.
Intenté no pensar mucho aquella noche, aunque de vez en cuando se me iban los ojos hacia el chico misterioso. Cuando llegó la hora de volver a casa recogimos nuestras cosas y nos fuimos hacia la puerta, yo iba primero y decidí pasar entre esos chicos, no tenía pensado decir nada, solo mirar y sonreír dependiendo de su reacción. Al pasar por su lado, el chico rubio me agarró de la mano. Me paré a su lado y le sonreí.
- Creo que no nos han presentado – dijo – soy Dani.
- Desiré – contesté – y mis amigas Bea y Lidia. – Ellas saludaron con la mano y yo miré al chico misterioso que se estaba quitando las gafas de sol y se acercaba a Dani.
- Yo soy Fran.
- Nos vamos ya chicos, nos vemos otro día – dije soltando mi mano de la de Dani que jugaba con mis dedos.
- ¿Ya? Pero si aún es pronto – dijo Dani. Yo sólo me encogí de hombros y le sonreí. – ¿Y un beso? – dijo tocando sus labios con el dedo índice.
Yo negué con la cabeza mientras sonreía y me alejé de ellos, Bea y Lidia me siguieron. De camino a la puerta miré un par de veces hacia atrás y ahí estaban Dani y Fran mirando cómo nos íbamos… se habían quedado sin beso pero aun así sonreían mientras hablaban entre ellos. Creo que sabían que en algún momento lo conseguirían.
- ¿Puede saberse qué ha sido eso? – dijo Lidia con los ojos como platos y sonriendo una vez que estuvimos en la calle. Me agarró del brazo y se notaba entusiasmada.
- No lo sé… – suspiré. – ¿En serio me ha pedido que le diese un pico? – Nos echamos a reír las tres.
- Conmigo que no cuenten – dijo Lidia – Pero tú… – me miró expectante. – ¿Tú qué es lo que quieres?
- No lo sé tía… no sé si quiero entrar en ese juego.
- ¿Cómo que no sabes? – dijo Bea… – Babeas desde hace semanas por el chico misterioso y ahora sabes cómo se llama. Si te vuelve a pedir un pico no se lo vas a negar, como que me llamo Bea. Vive un poco Desi.
- Pero siempre están con un montón de tías… – le dije con una mezcla de sentimientos entre aceptar el reto y rechazarlo.
- ¿Y? ahora se han fijado en ti, aprovecha y disfruta, además solo es un pico, no es que te vayas a morrear con ellos.
Nos echamos a reír otra vez… tenía razón, yo no sabía mucho de besos, pero un pico sí podía darles y quién sabe lo que podría ser todo eso, si no aprovechaba la oportunidad nunca lo descubriría.