Cap 13. Mantener una puerta abierta, pero ¿dónde está esa pu

3705 Words
No podía pararme a pensar en lo que había pasado. Quedaban sólo cuatro semanas para los exámenes de Selectividad y necesitaba que todo saliese bien. Ya había decidido empezar la universidad en la carrera de Biología para después cambiarme a Bioquímica los dos últimos años, y Biología no era una carrera muy exigente con la nota de Selectividad, pero no me importaba. eran siempre de notables y sobresalientes y quería que la nota de Selectividad no bajase mucho de eso, así que me apliqué a fondo a repasar y practicar todas las asignaturas de las que me tenía que examinar. Rosi tenía una casa en un pueblo de Alicante y en verano se iban a ir María, Natalia y ella quince días allí sin padres y sin novios para ir a la playa y divertirse. Unos días antes de Selectividad nos dijeron a Bea, Lidia y a mí si queríamos ir con ellas. Esperarían a que tuviésemos las notas de selectividad y a que hiciésemos la preinscripción en la universidad y después nos iríamos las seis juntas de vacaciones. Llegó la hora… estábamos de los nervios. Todos los compañeros de clase agolpados en los pasillos de la facultad donde serían nuestros exámenes. Eran cuatro días de exámenes, los dos primeros eran los más duros, había exámenes por la mañana y por la tarde, menos mal que los otros dos días sólo había exámenes por la mañana. Era sólo una semana y después terminaría todo. Íbamos haciendo los exámenes uno tras otro. Los días pasaban más despacio de lo que me hubiese gustado, pero por fin era jueves. Miré mi reloj, las 13:45h. Quedaban 15 minutos para terminar el último examen. Algunos compañeros ya habían salido del aula, yo ya había terminado mi examen, estaba repasándolo por segunda vez por si había algún error. No encontraba nada, así que cogí la mochila del suelo, me levanté y cogí el examen y mi bolígrafo, me dirigí a la mesa del tribunal para entregar el examen, sonreí al profesor que lo recibió en señal de estar en paz conmigo misma por haber acabado los exámenes y salí del aula. En la puerta estaba Lidia, ella también había salido ya de su último examen. Nos abrazamos y suspiramos de alivio juntas. -          A ver si sale pronto Bea, quiero irme de aquí – dijo Lidia. Asentí y a los pocos minutos vimos cómo salían cinco personas más de mi aula, la última era Bea. -          ¡Chicaaaas! – gritó corriendo hacia nosotras a abrazarnos a las dos a la vez. – Por fin terminó este infierno. Vamos a comer que tengo mucha hambre. Las tres nos reímos mientras salíamos de aquella facultad. Con suerte no la pisaríamos más, era la facultad de estadística y ninguna de nosotras iba a estudiar esa carrera. Habíamos dicho en casa que nos iríamos a comer una hamburguesa después de los exámenes para celebrarlo, así que no teníamos que volver a casa todavía. Paseando por el campus hacia la parada de metro nos encontramos con David, Dani y Juan. Lidia saltó a los brazos de su novio emocionada por estar ya de vacaciones de verano. -          Chicas, estamos quedando para mañana vernos en la discoteca de siempre y despedir el curso. ¿Os venís verdad? – dijo David. Yo no respondí, la verdad era que no tenía intenciones de volver a esa discoteca. Bea me miró y al final dijo: -          No sé, ya veremos, aún no hemos cerrado nuestros planes para el finde. Él pareció no darle importancia. Juan soltó a Lidia de su abrazo, sabía que ese día teníamos tarde de chicas. Así que las tres juntas seguimos nuestro camino hacia el metro para ir a comer a nuestro Burger favorito. Después de haber comido, recomido, hecho tonterías variadas, reído, charlado, comido helados y no sé cuántas chucherías más, Bea hizo la pregunta que llevaba tiempo esperando. -          Bueno Desi, ya no hay exámenes en los que refugiarse… ¿te apetece hablar de lo que pasó? -          La verdad es que no – dije cerrando los ojos. – Aún no lo he procesado del todo. Aunque supongo que me insistiréis hasta que os lo cuente. – Suspiré y las miré, ellas asintieron. – ¿Os importa que sea sólo un resumen? Necesito que sea rápido y no darle demasiadas vueltas. -          Está bien, la versión resumida – aceptó Lidia comprensiva agarrándome las manos para darme fuerza. Bea arrugó los labios porque no estaba de acuerdo, pero no dijo nada. Empecé con el resumen: -          Le gusto desde segundo, pero la edad y… mi inocencia… parecían ser un problema para él. No quería que me enamorase de él, pero consiguió justo el efecto contrario y lo hice. En tercer curso le pidió a Borja que cuidase de mí en clase. Supongo que él le contaba de todo. – Lidia puso cara de sorpresa ante eso. Continué hablando. – Parece que ninguno más del grupo sabe nada de esto… bueno quizás después del baile se lo imaginan. El caso es que dice que le gusto mucho, pero que él es un cabrón y no quiere hacerme daño. Ha pedido destino en el ejército fuera de Madrid y ya no vendrá todos los fines de semana que tenga libres. Quiere que nos alejemos para no hacerme sufrir. Quiere que viva mi vida lejos de él – empecé a llorar – que viva mi vida sin él. Lidia volvió a apretarme las manos y Bea también las agarró. Las tres teníamos las manos unidas, ellas apretaban intentando darme fuerza, pero no conseguía recibirla. -          Creo que quiere que le olvide y que siga adelante, pero no sé si puedo hacerlo. – Me miraron comprensivas. – Chicas no quiero ir mañana a esa discoteca. – Miré a Lidia. – Perdóname, seguramente quieras ir allí con Juan. – Después miré a Bea – y tú seguro que quieres recuperar a Miguel, id vosotras si queréis, pero yo no voy a ir. De hecho, creo que no quiero volver nunca a esa discoteca… quiero evitar ver a sus amigos, me recuerdan demasiado a él. Nos quedamos unos minutos en silencio. Entonces Lidia volvió a hablar: -          Y… ¿el beso? Todos vimos ese beso, hasta oí al profe de gimnasia hablar de vosotros con la directora… Me toqué los labios. Aún recordaba el toque de sus labios en los míos. No quería olvidarlo jamás. Suspiré, necesitaba hablar de ello. -          Fue un beso de despedida – los ojos de Lidia preguntaban más que su boca. – Me dijo que quería besarme y… – se me quebró la voz. – Mierda… sabíais que yo siempre había querido que mi primer beso fuese con él… pero no sabía cómo hacerlo… No sabía por qué pero me daba vergüenza contarles eso a mis amigas. -          Bueno pues… simplemente junté mis labios con los suyos y así nos quedamos un rato. Sé que le pasaba algo, su cara estaba un poco tensa durante el beso, como si tuviese un dilema interno. Imagino que no era el tipo de beso que él quería pero menos mal que no hizo nada más porque yo tenía que irme de allí cuanto antes aunque me doliese separarme de él. -          ¿Y te dijo algo después? – susurró Lidia. -          Solo dijo que había sido perfecto. Me eché a llorar, esta vez en serio… se había abierto el grifo de lágrimas… llevaba muchas semanas aguantando esto. -          Pero no fue lo que dijo… – sorbí ni nariz para poder continuar – fueron sus ojos, su mirada… encontré en su mirada todo lo que siento yo cuando le veo o cuando estamos cerca. – Cogí un pañuelo que me ofrecía Bea. – ¿Por qué es mejor que nos separemos y nos olvidemos el uno del otro si los dos nos queremos? ¿Por qué? Les pregunté levantando la voz un poco enfadada, aunque no sabía con quién. Solté mis manos de las manos de mis amigas, crucé los brazos sobre la mesa y escondí mi cabeza en ellos mientras seguía llorando. Ni idea de cuánto tiempo estuve así, pero después de un buen rato ellas se sentaron cada una a un lado mío y me abrazaron en silencio. -          Chicas, ¿me puedo llevar las bandejas? – dijo un chico al cabo de un rato. Supuse que era el camarero que estaría limpiando las mesas. Yo no levanté la cabeza. -          Claro pero no vais a cerrar aún, ¿verdad? – preguntó Lidia. -          No, ya no cerramos hasta después de la hora de las cenas – dijo el chico amablemente. -          Bien, porque tenemos una crisis y necesitaremos helados o batidos – susurró Lidia. Supuse que no quería que me diese por aludida, pero la escuché. -          Un batido de chocolate porfa – dije súper bajito. Noté que Lidia se levantaba y cogía algo de su mochila. Al cabo de un rato, yo ya había conseguido levantar la cabeza, debía verme horrible porque Lidia llegó con una nueva bandeja con tres batidos y puso cara de disgusto al mirarme. -          Levanta, vamos al aseo – y tiró de mis brazos. Fuimos al baño y me lavé la cara para refrescarla. Ya estaba más tranquila, pero es verdad que tenía mala cara… entre los nervios de los exámenes de los días anteriores y la llorera de aquella tarde, necesitaba dormir 24h seguidas por lo menos. El resto de la tarde pasó más tranquila. Tomamos nuestros batidos hablando de otras cosas, incluso Bea hizo algunas bromas y acabé riéndome a carcajadas con ellas. Ese verano Bea y Lidia cumplían los 18 años, a mí aún me quedaban unos meses hasta octubre para cumplirlos. Nuestro año había llegado, ya era el año 2000 y por fin íbamos a cumplir los 18 y seríamos mayores de edad. Para nuestros padres y hermanos mayores seguiríamos siendo siempre unas pequeñajas, pero nosotras ya empezábamos a creernos mayores. Pero teníamos que prepararnos, en una semana nos daban las notas de Selectividad. Bea quería estudiar Óptica, Lidia quería Veterinaria y yo Biología… nos hubiese encantado que Lucía se examinase con nosotras pero había suspendido dos asignaturas y tendría que esperar a la repesca de septiembre para examinarse. A la semana siguiente salieron las notas. Las colgaron en los tablones del instituto. Todas habíamos aprobado y teníamos nota suficiente para matricularnos en las carreras que queríamos. Teníamos cinco días para entregar las preinscripciones en la universidad y después nos iríamos a la playa con María y sus amigas. No veíamos el momento de irnos a la playa… qué ilusión. En mi familia siempre pasábamos las vacaciones en el pueblo, así que sólo había ido un par de veces a la playa, pero me encantaba. Pablo le había regalado a María un teléfono móvil, así que María le dio el número a los padres de mis amigas para que estuviésemos siempre comunicados. El viaje a la playa fue largo… siete horas en un autobús, menos mal que hizo un par de paradas para poder ir al aseo, estirar las piernas y comer algo. Íbamos sólo nosotras tres con María. Natalia y Rosi habían ido el fin de semana anterior con los padres de Rosi para preparar la casa que llevaban sin ir un par de meses y luego ellos nos dejarían allí solas a las seis mientras se iban de vacaciones a otra ciudad. La relación con María cuando empecé el instituto era un poco odiosa, nunca quería que hiciésemos nada juntas. Pero desde que ella terminó el instituto y empezó la universidad todo volvió a ser como cuando éramos pequeñas, volvíamos a estar más unidas, nos apoyábamos y nos guardábamos secretos. Además ella fue mi mayor apoyo con todo lo de Checo, mis amigas también, pero a veces por la noche no podía dormir, o tenía pesadillas y era ella la que estaba a mi lado y me abrazaba en la cama hasta que me dormía. Creo que no podía desear una hermana mejor que ella y ahora ella me iniciaba en los pasos divertidos hacia la vida adulta: discotecas, vacaciones con amigas, consejos sobre chicos… junto a mi hermana y nuestras amigas íbamos a pasar un verano genial, estaba segura. Seis amigas de vacaciones… eso significaba playa, piscina, cremas y sol todos los días, levantarnos a la hora que nos diese la gana, desayunar, comer y cenar lo que quisiésemos… y por supuesto maquillaje, ropa para salir de fiesta y muchas ganas de bailar. Era un pueblo de playa y era verano, así que las discotecas abrían todos los días para que la gente pudiese disfrutar de las vacaciones. Organizamos turnos de limpieza, orden, compra y cocina entre las seis para que todas ayudásemos en algo de la casa, pero que a la vez nos llevase poco tiempo para disfrutar el verano a tope. Algunos días íbamos de compras a un mercadillo que ponían con un montón de puestos de ropa y complementos chulísimos. Y también había un cine de verano. Los días que estuvimos en la playa echaban en el cine de verano la película de Gladiator, la habían estrenado en el cine un par de meses atrás pero con todo el lío de los exámenes no la habíamos ido a ver y María y yo teníamos muchas ganas de verla, así que aprovechamos para ir a verla. -          Me acabo de enamorar de Russell Crowe – dije cuando salimos del cine. Y todas se echaron a reír. -          Me alegro de que vayas haciendo hueco en tu corazoncito – dijo María sonriendo – ¿nos vamos a bailar o preferís algo más tranquilo? -          Vamos a los recreativos y tomamos algo allí, ya vamos a bailar mañana – dijo Rosi. – Además esta mañana en la piscina oí a los vecinos que iban a ir a los recreativos y he visto alguna vez a sus amigos y son muy guapos. – Otra vez nos echamos a reír. -          Vaya, vaya… yo pensé que le hacías ojitos a mi hermano – le dijo Lidia a Rosi dándole con el dedo índice en su hombro. -          Claro que le hago ojitos a Roberto pero no sé si se ha enterado ya – Rosi se rio. – De todas formas, hay que mirar cómo está el patio por aquí que hay algunos corazones solteros en este grupo. Vaya veranito nos esperaba… sólo había que divertirse y disfrutar. Algunas sólo pensaban en conocer chicos. Yo no sabía si quería conocer chicos, pero tampoco podía cerrar mi corazón. Checo entró en él sin avisar y sin darme cuenta… si mantenía una puerta abierta quizás otro chico pudiese entrar igual que lo hizo él. Pero ¿dónde estaba esa puerta? Aún no había podido juntar todos los pedacitos y la verdad que los que tenía localizados no tenían puerta o yo no se la veía. Había pasado poco más de un mes desde el baile de graduación, quizás aún era muy pronto, pero debía dejar de pensar en él. Él quería que yo siguiese con mi vida sin él… y yo hubiese preferido seguir mi vida con él cerca, pero él tenía razón, separarnos era lo mejor para ambos, aunque doliese. Los días en la playa fueron pasando, nos habíamos puesto muy morenas de tanta agua y tanto sol, y eso que íbamos bien provistas de cremas solares. Me encantaba el verano porque además de ponerme morena con facilidad mi pelo castaño se aclaraba con el sol y me salían reflejos dorados, además mis ojos se veían más verdes. María propuso que me hiciese mechas rubias cuando volviésemos a Madrid, que me quedarían muy bien, y sí o sí tenía que ir a la peluquería a cortar el pelo así que podía aprovechar. Era buena idea, cambiar un poco de imagen, verme diferente quizás me diese otra perspectiva, además empezaría la universidad con imagen nueva. Otro paso más hacia hacerme mayor. Nos lo pasamos muy bien esas dos semanas en la playa, qué pena que se terminasen. Volvíamos todas juntas a Madrid en el autobús. Otras siete horas de viaje. En el fondo íbamos cansadas, pero felices. Me encantaba ir de vacaciones con la familia, pero ir de vacaciones con las amigas había sido genial, ojalá lo pudiésemos hacer más a menudo. De vuelta en Madrid volvía la rutina, aunque seguía siendo verano y eso seguía significando no madrugar, ir a la piscina, quedar con las amigas cualquier día y a cualquier hora. Había muchos planes por hacer: cine, compras, parque, helados e ir a bailar… el primer fin de semana después de la playa yo no salí a bailar porque Bea no estaba y Lidia había quedado con Juan e iban a ir a la discoteca de siempre y yo seguía sin querer ir allí, le hice prometer a Lidia que no hablaría con nadie sobre mí. A María no le gustó que me quedase sola en casa el viernes y el sábado por la noche con mamá y papá, pero no estaba tan mal porque ellos siempre hacían cena de picoteo los fines de semana y cogían una película en el videoclub, y estando yo me dejaban elegir la película. De todas formas, ella decía que a los 17 años los fines de semana son para ir a bailar, por eso no le había gustado que no hiciese planes. Pablo era de un pueblo de Córdoba y el fin de semana siguiente iban a ir a su pueblo porque eran las fiestas. María me pidió que fuese con ellos, Pablo tenía una hermana que acababa de cumplir 17 y María decía que me iba a caer muy bien, así que ella se encargó de aliarse con mamá para convencerme entre las dos de ir a Córdoba con ellos. La hermana de Pablo tampoco tenía novio ni amigos en el pueblo, al parecer era tan tímida como yo, así que podríamos salir los cuatro en confianza, y los padres de Pablo nos dejarían hacer lo que quisiésemos siempre que María y Pablo estuviesen con nosotras que para eso eran mayores. Irene, la hermana de Pablo, me cayó muy bien cuando la conocí. Nunca había estado en Córdoba pero era muy bonito, hacía mucho calor pero no importaba, íbamos a pasarlo bien. Me dio la impresión de que María le había contado algo sobre mí, pero no me importó, sólo esperaba no meter yo la pata con ella, no quería que pensara que yo era una loca enamorada de un sueño que siempre estaría deprimida por su amor adolescente. El fin de semana fue genial, nos lo pasamos muy bien, la familia de Pablo e Irene era genial, me acogieron como si me conociesen de toda la vida. Allí cada vez que se salía de casa era para ir a tomar algo, con sus tapitas, sus vinitos… y estando de fiestas no podían faltar sus bailes. Así nos pasamos todo el fin de semana y el domingo por la noche volvimos a Madrid. Aún quedaba mucho verano, pero este año no me apetecía mucho ir al pueblo, así que fui solo una semana. Prefería estar en Madrid, necesitaba estar con mis amigas el máximo tiempo posible porque una vez que empezásemos en la universidad ya no podríamos vernos todos los días. Hicimos un pequeño pacto y al menos un día del fin de semana, las chicas salíamos a bailar solas, así Lidia podía salir con Bea y conmigo un día y otro con Juan. Los días que salíamos sólo las chicas empezamos a ir a la zona de pubs más pequeños en vez de ir a las discotecas de siempre. Después de entrar en varios pubs encontramos uno que nos encantó. Lo bueno de los pubs era que no había que pagar entrada, así que podíamos entrar y salir las veces que quisiésemos en cualquiera de ellos. Los había de música variada, otros con música rock, otros con música techno… había para todos los gustos y estaban organizados en dos callejones colindantes y en medio de ellos una comisaría de policía. El sitio que elegimos como nuestro destino para las noches de fiesta estaba decorado con objetos de cine: claquetas, rollos de película, imágenes de películas clásicas… era genial, en un rincón estaba la cabina del DJ y había dos barras de camareros, una cerca de la entrada y otra en frente de la cabina del DJ. Ponían música de todo tipo, así que era fácil pasárselo bien, y con lo que nos gustaba a nosotras la música y bailar, disfrutábamos a tope cada canción aunque no nos gustase. Al final, los días que Lidia salía con Juan, Bea y yo decidimos ir a bailar sin ella, queríamos seguir disfrutando del verano antes de empezar la nueva etapa de nuestras vidas. Según pasaban los días, nos dimos cuenta de que en ese pub por lo general solía ir siempre la misma gente a la misma hora… es decir, cuando íbamos casi siempre estaban los mismos grupos de gente. Era muy agradable, aunque no conocieses al grupo que estaba al lado por su nombre, en cuanto te veían un par de semanas empezaban a saludarte. Era como una señal de que ya eras parte del pub. No conocimos a nadie que nos interesase mucho, ese verano era sólo nuestro. Algún día vimos a alguno de los amigos de Checo en esa zona y al final del verano incluso Juan venía a veces con nosotras. No me apetecía mucho verlos, pero nunca llegamos a cruzarnos como para que fuese necesario saludar, y eso me tranquilizaba bastante. Seguía sin estar preparada para tratar con alguno de ellos, con Juan hacía una excepción por ser el novio de Lidia y porque era un tipo genial, no tenía ni idea de lo que sabía de la historia, pero con lo poco o mucho que sabía me daba a entender que comprendía cómo debía de sentirme y como novio de una de mis mejores amigas, me sentía apoyada también por él.
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