Cap 8. Mostrad esos bailes, chicas

2145 Words
Llegó el sábado por la tarde, íbamos a celebrar mi decimosexto cumpleaños y estaba emocionada por el plan de ir a bailar con mi hermana y mis amigas. Me puse el top que me había regalado María, con el escote cuadrado realzaba mis pechos, eran pequeños, pero quedaban muy bien con ese top. Me puse también los vaqueros nuevos que eran ajustados a las caderas y con la cinturilla un poco más baja del ombligo, y María me dejó unos botines con un poco de tacón. Me puse las lentillas y pinté mis ojos con una sombra clarita que realzaba el verde de mis ojos, me pinté los labios de rosa y María me dejó su colorete para las mejillas. Me dejé el pelo suelto, era liso y me llegaba por la mitad de la espalda. Por encima del top me puse una cazadora vaquera. Primera noche de discoteca. Qué ganas tenía. María y yo comimos pizza antes de salir de casa, había que coger fuerzas para bailar. Nos encantaba bailar cualquier tipo de música desde que éramos pequeñas, sabía que nos lo íbamos a pasar muy bien. Mamá nos dijo que no bebiésemos alcohol, pero María me dijo que me dejaría tomar una cerveza si quería. Salimos de casa después de darles besos a papá y mamá, habíamos quedado a las 20:30h con mis amigas y después en la puerta del metro con las amigas de María. Mamá dijo que a las 23h teníamos que estar en casa, pero María solía llegar un poco más tarde cuando salía, así que mamá cedió hasta las 23:30h. Se lo dijimos a los padres de Lidia y Bea cuando pasamos a buscarlas, la única condición era que volviésemos todas juntas, María dijo que ella se encargaría de que llegásemos bien. La discoteca estaba a tres paradas de metro de nuestro barrio. Había que hacer cola para entrar pero avanzaba rápido. Cuando entramos dejamos las cazadoras y bolsos en un guardarropa, sólo cogimos algo de dinero para comprar unas bebidas. La sala era enorme, había unas escaleras para bajar a una pista de baile central muy grande, y unos pasillos a los lados que tenían barandillas como si fuesen balcones hacia la pista, y al fondo de la sala una especie de escenario. María y sus amigas nos enseñaron dónde estaban las barras para pedir las bebidas, dónde estaban los aseos, y nos llevaron hacia el escenario, que era donde les gustaba ponerse a ellas. Dijeron que veríamos a mucha gente del instituto y lo más importante nunca debíamos ir solas a ningún sitio, y si teníamos una bebida el vaso teníamos que cogerlo desde arriba, tapando la boca del vaso con nuestra propia mano para evitar que nos echasen algo en la bebida. Aún no había mucha gente en la discoteca. Nos colocamos cerca de la cabina del DJ, había un escalón para subirse y poder pedirle canciones. Cuando nos habíamos ubicado ya, María y sus amigas fueron hacia el DJ y subidas al escalón le saludaron con un beso en la mejilla cada una, se notaba que ellas venían mucho y que ya le conocían bastante. La música sonaba por la cantidad de altavoces que había en la sala, era muy emocionante. No dejábamos de bailar, reírnos, abrazarnos… estábamos disfrutando muchísimo de esta experiencia nueva. Natalia y Rosi, las amigas de María, se fueron al aseo y a por unas cervezas, y María se unió a Bea, Lidia y a mí que estábamos bailando casi al borde del escenario, puso sus brazos sobre los hombros de Lidia y míos, y nos miró sonriente. -          ¿Os estáis divirtiendo? – preguntó. -          ¡Sí! – exclamé alzando la voz para que me oyese mejor. – Me encanta este sitio. Ella miró a Lidia, que asintió indicando que ella también estaba de acuerdo con lo que yo había dicho. -          Bien, de eso se trata esta noche, - dijo María – hay que divertirse y celebrar los 16 años de mi hermanita. – Me dio un beso en el pelo y miró hacia la entrada sonriendo. – Ahí están vuestros amigos, mostrad esos bailes, chicas. Se separó de nosotras y siguió bailando con sus amigas que ya habían vuelto. Bea, Lidia y yo, sin dejar de bailar miramos hacia la entrada y efectivamente, justo en frente de nosotras pero en la otra punta de la sala, en la parte de arriba de las escaleras que bajaban a la pista de baile estaba el grupo de amigos de Checo. Me emocioné y le busqué con la mirada, pero no le encontré ¿por qué? El día anterior le habíamos visto Lidia y yo, así que estaba en Madrid, ¿por qué no había venido con sus amigos? Empezaba a angustiarme, quería verle. Quería que me viese bailando y disfrutando, que viese que ya no era como dijo él una vez, que viese lo guapa que estaba con esa ropa nueva, que me viese disfrutar de mis 16 años… de pronto, le vi aparecer ¿se había iluminado la sala o sólo era mi imaginación? Debía ser sólo mi imaginación, pero para mí era como si un foco enorme le estuviese iluminando, no podía dejar de mirarle, sólo existía él. Llevaba un vaquero ajustado oscuro y una camisa también oscura de manga larga pero remangada hasta la mitad del brazo. No sabía si él me había visto o no, pero yo le seguí con la mirada. Seguía bailando con mis amigas pero cada vez que podía desviaba mis ojos para buscarle. Siempre estaba riendo, haciendo el tonto con sus amigos o bebiendo algo. María se acercó y me preguntó si la acompañaba al aseo, asentí y nos fuimos. Ya había muchísima gente en la discoteca y tuvimos que ir buscando el mejor camino para llegar al aseo por donde hubiese más espacio para pasar, al llegar a la zona de los aseos había cola para poder entrar, así que nos pusimos a esperar pero seguimos bailando en nuestro puesto de la fila. Me encantaba disfrutar así con mi hermana. Alguien se paró a mi lado y vi a María sonreír. -          Hola Desi – esa voz… inconfundible incluso con la música vibrando por toda la sala. Abrí la boca para decir algo, pero no me salían las palabras, así que la cerré y sonreí. No creo que me hubiese salido la voz lo suficientemente fuerte como para que Checo me escuchase con tanto ruido ¿quién pone un altavoz justo en la puerta de los aseos? María hizo un gesto como para indicar que seguramente yo no le había oído y sonrió. Checo se acercó a mi oído. -          No recordaba que era tu cumpleaños, ¡felicidades! – Le sonreí. -          Gracias. – Miré hacia María y la vi sonreír, rápidamente volví otra vez a mirar a Checo. – No esperaba verte aquí. -          ¿En serio? – dijo con un poco de picardía en su voz. – Todo el instituto viene aquí. Te dije que nos seguiríamos viendo, y ahora sabes dónde. Pero tengo que irme, me están esperando. Miró hacia sus amigos y empezó a andar, pero tras dar el primer paso se volvió de nuevo hacia mí. -          ¿En clase todo bien? – me dijo otra vez al oído. Sólo asentí sonriendo. – Me alegro. Aunque yo no esté, no te he dejado sola. No volverá a haber problemas. Y entonces lo entendí, Borja… era su mejor amigo, había intentado ganarse mi confianza desde que empezamos el curso, y bueno, gracias a Bea creo que lo había conseguido. ¿Le habría contado algo Checo? ¿le habría pedido que cuidase de mí? ¿qué estaba pasando? Checo sabía que yo no quería ningún salvador, que quería crecer y hacerme mayor por mí misma… ¿qué había hecho? Bufff… de repente estaba emocionada y abrumada a la vez… miré a María, tenía cara de querer preguntarme algo y no sabía qué decirle. -          Me ha felicitado el cumpleaños y me ha preguntado qué tal en clase, nada más – le dije a mi hermana. -          Ya… – sonrió. – Te gusta. – Yo negué con la cabeza. – En serio Desi, te gusta, se nota… y él lo sabe. – Me abrazó con cariño de hermana. – Mi pequeña se hace mayor – dijo antes de entrar al aseo, ya era nuestro turno. Casi era hora de marcharnos para volver a casa, así que volvimos con las chicas y bailamos un par de canciones más. Natalia y Rosi se quedaban más rato en la discoteca. María se acercó a la cabina del DJ y se despidió de él. Las cuatro nos fuimos hacia la salida a recoger las cosas del ropero para marcharnos. Lidia y yo íbamos detrás y Bea iba haciendo el loco con María como si fuesen cantando con un micrófono. Pasamos justo por detrás de Checo, creí que no nos había visto, pero Lidia me miró y dijo mi nombre: -          ¡Desi! Un dedo se clavó en mi cintura justo en el punto de las cosquillas, el top se me había subido un poquito así que ese dedo tocó mi piel y sentí un escalofrío emocionante recorriendo mi espalda. Me giré sorprendida y ahí estaban Checo y Borja sonriendo, yo también sonreí y dije adiós con la mano. ¡Qué locura de noche! Estaba agotada de tanto bailar pero feliz y emocionada. Me había encantado ir a la discoteca, podría convertirse en nuestra salida favorita, al menos en la mía. Me encantaba la música, bailar y cantar. Cuando llegamos a casa después de dejar a mis amigas en sus casas María y yo nos dimos una ducha para quitarnos el olor a tabaco de la discoteca… era lo único que no me había gustado, pero todo lo demás compensaba ese pequeño inconveniente. Después de ponernos los pijamas María se vino a mi habitación y se metió en la cama conmigo. -          ¿Te lo has pasado bien? – dijo. Yo asentí. – ¿Por qué no me dijiste que te gusta Checo? -          Te metías conmigo siempre… no quería decírtelo y que te rieses de mí. Decías que los chicos como él se ríen de chicas como yo. Cerré los ojos, sólo teníamos encendida la lamparita de la mesilla y la luz era tenue pero no quería verle la cara a mi hermana, me daba vergüenza que supiese qué chico me gustaba. -          Sabes que es de mi edad, ya tiene 18 años – dijo seria. – Es mayor de edad, además ha estado con un montón de chicas. -          No importa, María… yo no le gusto a él, así que nunca va a pasar nada más allá de lo que pasó hoy – le dije arrastrando un poco la voz. -          Bueno, eso no lo sabes… estás cambiando mucho, estás creciendo, te pones cada día más guapa. Sé que eres mi hermana, pero sería tonto si no ve lo que has cambiado – intentó consolarme. -          Da igual. Él no está aquí. Está en la Academia Militar y sólo viene algunos fines de semana a ver a su familia y amigos. -          Mira Desi… te quiero y quiero que seas feliz, pero tienes 16 años. Estás en la edad de que hoy te guste un chico y mañana otro – se enderezó en la cama e intentó acercarme hacia ella. – No dejes tus pensamientos solo en Checo. Disfruta de tu edad, de tus amigas, de las nuevas cosas que ahora podéis hacer… los chicos siempre están ahí, los hay mejores y peores, y es mejor no buscarlos, el ideal llegará – me besó la cabeza antes de levantarse de mi cama. -          María… – la llamé antes de que saliese de mi habitación. – Yo quería que fuese él quien me diese mi primer beso. -          Ay, pequeña… olvídate de eso ahora. Quédate con lo bien que lo has pasado esta noche y descansa… que mañana vamos a comer a casa de los abuelos y ya sabes que hay que levantarse pronto. Me tiró un beso desde la puerta de la habitación y se fue a la suya, apagué la lamparita e intenté dormir. Al día siguiente, al ir hacia la casa de los abuelos pasamos por los cuarteles que había en la carretera más allá del barrio alto, y me di cuenta de que algún día Checo estaría en una garita como las que había en esos cuarteles. Quizás incluso podría llegar a estar realmente en una de esas garitas, ahí, en esos cuarteles que estaban al lado de mi barrio, en esos cuarteles por los que pasábamos cada dos semanas cuando íbamos a comer a casa de los abuelos.   
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD