Después de algunas canciones más, y más risas con las chicas. Alguien cambió el CD, no fue Cris porque le vi hablando con José y con Miguel, pero al cambiar la música me miró, yo me encogí de hombros sin dejar de sonreír y él se acercó a mí.
- ¿Te apetece que nos vayamos un rato solos?
- Pero… ¿Y los demás? – pregunté… oh, oh… de repente me puse un poco nerviosa.
- Se van a ir en un rato para la discoteca. Nos vamos un rato solos y después vamos a seguir con ellos en la disco, ¿quieres?
- No sé… Cris… - me dio un piquito en los labios.
- Desi… no haré nada sin tu permiso, lo prometo… solo quiero besarte tranquilamente sin la presión de que todos nos estén mirando.
- Dame un minuto que necesito hablar con Bea. – yo también quería un rato a solas con él pero algo dentro de mí me decía que él quería algo más que besos.
Me acerqué a las chicas y miré a Bea, ella enseguida me entendió y se acercó disimuladamente hacia mí:
- Cris quiere que nos vayamos un rato solos antes de ir a la disco – le dije.
- ¿Y tú qué quieres?
- No lo sé… me apetece estar un rato a solas con él… pero tengo miedo de que quiera algo más. – Sin darme cuenta crucé mi mirada con Sara y ella se acercó algo preocupada.
- ¿Qué pasa Desi? – dijo ella.
- Quiero irme un rato a solas con Cris pero a la vez tengo miedo… necesito consejo de amigas – dije mirando al suelo.
- Mira Desi, lo siento por lo que te voy a contar… pero él vino a buscarme antes de pasar a por vosotras porque también necesitaba el consejo de una chica – la miré boquiabierta pero ella continuó y no me dejó hablar. – Somos de la misma edad y nos hemos criado juntos, hay muy pocos secretos entre nosotros. Voy a ir al grano porque parece que él se está impacientando. – Ella seguía hablando mientras sonreía para disimular y que nadie se diese cuenta de nuestra conversación. – Él también tiene miedo. Quiere hacerlo contigo, pero sabe que sería tu primera vez y eso es lo que le da miedo. Le he pedido que ni lo intente, y espero que sea así. Le he dicho que tiene que esperarte a ti, a que tú decidas que estás lista. Aquí no es habitual que una chica de nuestra edad sea virgen y menos si es tan guapa como tú, y no sabe cómo manejar la situación. A él le he pedido que te deje a ti marcar el ritmo y que no intente nada más, pero a ti te pido que seas sincera con él, dile siempre lo que te gusta y lo que no, lo que te apetece hacer y lo que no… no lo dejes a su imaginación porque es un chico, y como chico en determinadas situaciones sólo piensa con su entrepierna.
- ¡Gracias Sara! Eres una gran amiga – le dije mientras nos abrazábamos las tres.
- Hay chicas que se arrepienten de su primera vez – dijo con algo de tristeza en sus ojos – y no quiero que te pase a ti, eres genial y es un momento que es mejor disfrutarlo.
Sara me dio un beso en la sien, y antes de soltarme de su abrazo me susurró en el oído: “Ve con tu chico”. Después le dio otro beso en la cabeza a Bea y se fueron aún abrazadas hacia donde estaban sus novios.
Cuando me giré hacia el coche de Cris, él ya había cerrado el maletero y tenía la puerta del coche abierta pero estaba de pie, con sus brazos apoyados en el techo del coche mirando a lo lejos. No me miraba a mí caminar hacia el coche, pero sabía que seguramente sí me había visto hablar con su prima. No le dije nada, solo abrí la puerta del copiloto y le miré mientras sonreía, él me devolvió la sonrisa y yo miré al grupo de chicos buscando a Bea y a Sara, me estaban mirando, así que sólo les dije adiós con la mano y me subí al coche.
Cris subió un par de minutos después con una sonrisa en la cara. Se acercó a mi cara y me besó fundiendo sus labios con los míos y su lengua con la mía.
- ¿Te he dicho que estás preciosa hoy? – susurró.
- Puedes decirlo todas las veces que quieras – le contesté sonriendo.
- Ese vestido te queda muy… pero que muy bien – se rio un poco nervioso.
- Es un vestido que tiene su historia. Sólo me lo he puesto una vez antes de hoy.
- Vas a tener que contarme esa historia – dijo pasando uno de sus dedos suavemente por las tiras que el vestido tenía en la espalda.
- No creo que a un chico le apetezca oír historias de vestidos, pero quizás otro día.
Me dio un beso rápido, cambió la música del reproductor para poner de nuevo mi CD y se abrochó el cinturón de seguridad. Yo también abroché el mío:
- ¿A dónde me vas a llevar hoy?
- Es una sorpresa, pero está cerca. – Hizo una pausa – Creo que si tardamos mucho Bea y Sara me matarán a mí, no a ti.
Ambos nos reímos, mientras el coche empezaba a moverse. Volvimos hacia el pueblo por el paseo del cementerio y después Cris giró en una calle que bordeaba el pueblo por una zona que yo no conocía aún. La calle desembocaba en un camino de tierra que subía una colina y en lo alto de la colina había unos cuántos árboles, unas mesas de madera y una gran valla de madera limitando una especie de mirador. Cris dejó el coche justo al lado de una de las mesas, la que quedaba más cerca del mirador, paró el motor pero dejó la música puesta. Desabrochó su cinturón de seguridad y noté que desabrochaba también el mío… yo estaba absorta mirando el paisaje. Se veía al pie de la colina todo el pueblo y también toda la sierra que rodeaba la zona, había una única farola en el centro del grupo de mesas y la luna estaba menguando, así que al apagar los faros del coche, nos quedamos con una iluminación muy tenue, lo que hacía que se viesen las estrellas.
- Segundo lugar romántico al que me llevas en una semana. – le dije en apenas un susurro mientras sonaba una de mis canciones favoritas de Anastacia.
- Será que tú lo mereces… - y poniendo un par de dedos en mi barbilla giró mi cara hacia la suya para besarme.
- ¿Salimos? – le dije con mis labios aún a pocos milímetros de los suyos. Él sonrió.
Yo salí antes que él, y fui andando hasta la valla de madera. Me apoyé en la valla y cerrando los ojos respiré hondo e intenté dejar la mente en blanco disfrutando de la tranquilidad del lugar. No había nadie allí, solo nosotros. Oí un poquito más alta la música, pero sin que se rompiese esa tranquilidad de la naturaleza. Noté las manos de Cris acariciando mi espalda y mi cintura hasta dejarlas en mis caderas. Apoyó su cabeza en la mía y noté cómo respiraba entre mi pelo. Intenté darme la vuelta para quedar frente a frente con él pero no me dejó, apartó mi pelo hacia un lado y me fue explicando al oído todo lo que se veía desde esa colina, me señaló la parte del pueblo donde habíamos estado un rato antes, dónde estaba la discoteca a la que íbamos a ir, dónde estaba la casa de Bea… me señaló también dónde estaba la presa a la que me había llevado el fin de semana anterior y entonces me pareció que Bea tenía razón, estaba un poco lejos.
- Es un sitio precioso – dije. Intenté volverme de nuevo hacia él, y esa vez no me lo impidió.
Cuando quedamos frente a frente, cerré mis ojos y le besé, tan suave como pude, quería alargar ese beso hasta el infinito. Nos movimos apenas unos centímetros y quedé apoyada en la valla de madera que crujió un poco.
- Volvamos hacia el coche que esta valla no me da confianza – me dijo Cris con una leve risa.
Él se sentó en la mesa abriendo un poco las piernas para que yo me acomodase entre ellas y volviésemos a quedar con nuestros cuerpos juntos. Acarició mi cara, mi cuello, mis hombros… Volvió a atrapar mis labios en un beso cuando sus manos pasaban de mis hombros a mis costados. Con la punta de sus dedos rozó levemente el borde de mi pecho y me estremecí.
- Lo siento – dijo un poco tímido, negué con la cabeza y sonreí un poco para hacerle ver que no pasaba nada.
Después volví a besarle, pasando yo una mano por su pecho. Él sonrió en mis labios.
- Desi… estás muy sexy hoy… y me estás volviendo loco.
- Cris… - puso un dedo en mis labios para que no dijese nada más.
- Lo sé – dijo – hoy no. Pero dímelo cuando estés lista.
Me abrazó y besó mi cuello y mi hombro. Ese calor interno volvía a adueñarse de mí y giré mi cabeza buscando sus labios con los míos. Cuando los encontré nos fundimos en un beso ardiente, apasionado. Mientras nos besábamos, mis manos buscaron las suyas que estaban en mi espalda y se las fui bajando lentamente hasta mis caderas, dejándolas ahí un momento, pero después volví a moverlas hacia mis glúteos. Noté que él se ponía un poco tenso, así que solté sus manos ahí para agarrar su cuello con una de mis manos y pasar la otra suavemente por su torso.
- Me gusta lo que me haces sentir al acariciarme – le dije en un susurro.
Él volvió a besarme manteniendo una mano en mis glúteos y subiendo otra por mi costado hasta la altura de mi pecho. La dejó ahí, rozando con uno de sus dedos el borde de mi pecho. Me miró con un brillo de lujuria en sus ojos:
- ¿Puedo? – susurró bajando su mirada a mi pecho.
Yo no contesté, notaba mis pezones duros por el placer que sus caricias estaban despertando en mí y automáticamente puse mi mano sobre la suya moviéndola despacio hasta quedar casi encima de mi pecho y le besé. Él apretó suavemente mi pecho con esa mano y con la otra empujó desde mi espalda para pegarme aún más a su cuerpo.
Al masajear mi pecho con su mano me hizo soltar un pequeño gemido en sus labios, y en ese momento él me agarró de la cintura y me separó de él.
- No puedo Desi… no puedo hacer esto… te deseo demasiado. – Se levantó de la mesa y se acercó a la valla de madera mirando a lo lejos.
- Cris, lo siento… - me acerqué a su espalda y apoyé mi cabeza. – Todo esto es muy nuevo para mí… no sé hasta dónde puedo llegar – dije un poco avergonzada.
- No pasa nada nena, pero entiéndeme… te deseo y me cuesta contenerme – su voz se notaba triste y ni siquiera se volvió a mirarme.
Me separé de él… aún sentía el calor dentro de mí, pero ahora mis ojos empezaban a escocer y se formaban lágrimas en ellos. Mierda, no quería llorar, ¿por qué tenían que aparecer en ese momento lágrimas en mis ojos?
Me fui hacia el coche y me apoyé en el capó. Intenté secar mis lágrimas sin que cayesen para no estropear el maquillaje. Pero alguna se me escapó. No me había dado cuenta de que Cris había vuelto y estaba a mi lado.
- No llores, nena – dijo limpiando una de mis lágrimas. – No es por ti…
- Oh venga… claro que es por mí… - dije de forma sarcástica – tú quieres algo que yo no sé si puedo darte… es obvio que es por mí.
- Desi… no es tan sencillo – dijo abrazándome, mi cabeza me decía que me apartase, pero mi cuerpo quería sentirle cerca otra vez, y aunque le dejé abrazarme, yo no le correspondí. – Como hombre está claro que te deseo, eres hermosa y muy sexy, pero quiero conocerte porque me gustas más allá de lo físico, y eso necesita de mi respeto hacia ti… sé que te gusta lo que te hago sentir tanto como a mí me gusta estar contigo, pero quiero que estés completamente segura de lo que quieres, que no lo hagas por mí sino por ti.
Nos quedamos así un rato sin decir nada. Ninguna lágrima volvió a caer, sus brazos seguían a mi alrededor y yo seguía con mi cara escondida en el hueco de su cuello y había subido mis manos hasta apoyarlas en su pecho.
- Creo que deberíamos irnos con los demás – dije en apenas un murmullo.
Nos metimos en el coche y nos fuimos hacia la discoteca en completo silencio. Cris encontró sitio para aparcar cerca de la entrada. Salí del coche y me quedé apoyada en la puerta sin mirar a ningún punto fijo. Cris vino hacia mí, venía con el móvil en la mano, supuse que estaría preguntando a alguien del grupo dónde estaban. Después guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y me abrazó. Besó mi frente y susurró:
- Desi, vuelve a sonreír por favor…
Sus palabras desgarraron algo dentro de mí, pero intenté sonreír.
- ¿¡¿Qué ha pasado?!? – oí gritar a Sara.
Cris volvió a besarme en la frente y soltó su abrazo. Vi a Sara y a Bea llegando a nuestro lado. Bea me agarró de la mano y la apretó igual que siempre que nos dábamos fuerza la una a la otra, y Sara agarró a su primo del brazo y se lo llevó a unos metros de distancia. Vi que discutieron, o al menos Sara discutía, me pareció que Cris apenas abría la boca, pero la cara de Sara cambió de enfado a preocupación mientras venía hacia donde estábamos Bea y yo. Cris se volvió a mirarme, cruzamos nuestras miradas pero ninguno de los dos sonrió.
Sara y Bea enlazaron sus brazos con los míos y me llevaron a una plaza cercana, las tres nos sentamos en un banco y me preguntaron qué había pasado. Se lo conté todo, pero después de eso les dije que no quería hablar más del tema. Ellas mandaron un mensaje a los chicos para decirles que no íbamos a ir a la discoteca, y las tres nos pusimos en marcha para volver andando a nuestras casas. Teníamos que cruzar todo el pueblo andando, pero no importaba.
Aquella noche no sentía roto mi corazón, pero tampoco estaba conmigo, creo que se quedó en lo alto de aquella colina. Quizás desde allí mi corazón veía cómo me alejaba de la única persona con la que quería estar en ese momento, pero él me había alejado… me había alejado de la misma forma que me alejaron antes Checo y Fran, ¿qué me hacía ser una chica tan maravillosa como ellos decían y que además les hacía pensar que tenían que alejarse de mí? No entendía por qué con todos ellos había pasado lo mismo, queríamos estar juntos pero ellos decidían por mí que era mejor estar separados.