Cap 34. Exámenes de recuperación

2109 Words
Yo me quedé en casa de Bea un rato más hasta que llegasen sus padres. Recogimos la casa, cambiamos las camas y pusimos la lavadora para dejarlo todo listo. Una cosa es que sus padres estuviesen enterados de lo que había pasado allí el fin de semana y otra que su madre tuviese que recogerlo… como decían nuestras madres, teníamos que ser mayores para todo, no solo para la diversión. Terminamos tumbadas cada una en un sofá viendo la televisión y comiendo helado. -          Cris me ha preguntado si nos veremos después de mis exámenes – le dije a Bea. -          ¿Cuándo acabas? -          El 12 de septiembre tengo el último. -          Mis abuelos van a estar todo el mes de septiembre en el pueblo, si quieres podemos ir ese mismo fin de semana y celebramos que has terminado los exámenes. -          ¿En serio Bea? ¿harías eso por mí? – me incorporé en el sofá sonriendo como una tonta. -          No lo haría por ti, sino por mí… recuerda que mi novio también vive en el pueblo – ambas nos reímos a carcajadas. -          Ufff… no puedo decírselo aún a mi madre… tengo que esperar un poco más… - aún faltaba un mes y ya me estaba poniendo nerviosa. -          Pídele ayuda a María para convencerlos… ¿no dijiste que ella sabía lo de Cris? -          Es cierto… hablaré con ella… quizás me ayude. Pero bueno ahora tengo que seguir estudiando… si consigo aprobar las cinco asignaturas será más fácil que me dejen ir. Estaba completamente emocionada con la idea. En cuanto llegaron los padres de Bea, Carol nos llamó a la cocina a las dos para que le contásemos cómo había ido el fin de semana y no pude aguantarme de darle las gracias por lo menos veinte veces. Carol era más abierta que mis padres en ese sentido, mis padres eran más protectores y estaba convencida de que ningún chico les gustaría para mí… les había costado aceptar a Pablo y eso que el muchacho era más bueno que el pan. Al llegar a casa no me pude aguantar y me fui a la habitación de María y le conté lo que había pasado… me regañó un poco por no habérselo dicho el día de antes para que le pudiese conocer, pero no dijo nada más y me cubrió con mamá y papá. Los días fueron pasando en la misma tónica que hasta entonces, estudiar entre semana y salir a bailar los viernes y sábados. Lidia seguía desaparecida… había semanas que apenas nos mandaba un mensaje o dos y seguíamos sin saber qué le pasaba, aunque parecía estar bien. Yo me empezaba a cansar de ser siempre la que escribía primero, pero éramos amigas desde pequeñas… no entendía qué podía haber pasado, ¿tan diferente era su vida ahora que estábamos en la universidad? Bea y yo también íbamos a la universidad y seguíamos en contacto aunque no nos viésemos todos los días como antes… ni siquiera había querido presentarnos a sus amigos de clase. Cierto que yo sólo les había presentado a Julia, pero era la única que merecía la pena conocer y Bea también nos había presentado a un par de compañeras de clase. Sabía que Lidia tenía novio porque una vez la vi con un chico en el metro, pero apenas nos saludamos de lejos… ¿tampoco quería que conociésemos a su novio? ¿o quizás era un novio de estos posesivos que no dejan que sus novias anden sin ellos? Era un poco difícil de entender, al menos para mí. Llegaron los exámenes, la primera semana tenía tres y la siguiente dos. Estaba convencida de que podía aprobar las cinco asignaturas, pero no sabía lo que tardarían en darnos las notas. Aún no le había pedido permiso a papá y mamá para ir al pueblo de Bea el finde después de los exámenes. El fin de semana después de los tres primeros exámenes sólo iba a salir el sábado a bailar, quería aprovechar a descansar y a repasar bien los dos exámenes que quedaban. Así que María me dijo que el viernes tendríamos tarde de hermanas: manicura, mascarillas en la cara y en el pelo, película ñoña, pizza y helado. Ella tenía ordenador en su habitación y tenía lector de DVD así alquiló un par de películas en el videoclub, y entre potingues y estar tumbadas en su cama nos vimos las dos del tirón, mamá incluso nos dejó comer la pizza allí. Era nuestro momento de hermanas y tenía que aprovechar a preguntarle lo que llevaba un mes esperando. -          María… Bea me ha dicho que si me voy con ella a su pueblo el fin de semana después de terminar mis exámenes, sus padres no van, pero están allí sus abuelos. ¿Crees que mamá y papá me dejarían ir? -          No lo sé peque… ¿crees que tendrás ya alguna nota de los exámenes? -          Hoy ha salido la del primero que hice y tengo un 8 – dije aplaudiendo y sonriendo. – De momento es la única pero hasta ahora me han salido todos bien. -          Desi… ¿por qué sacas ahora un 8 y durante el curso suspendiste? – dijo arrugando la nariz. -          No tenía ganas de estudiar… no conseguía concentrarme – dije agachando la cabeza. -          ¿Y ahora sí? -          No, ahora tampoco tengo muchas ganas, pero he conseguido concentrarme mejor – me reí. -          ¿Y Cristian tiene algo que ver con esa concentración? – preguntó. -          Quizás… me ha animado mucho a estudiar y a perseguir mis sueños de sacar la carrera adelante. – Otra sonrisa tonta se colocó en mi cara. -          Deja de sonreír tanto que te voy a poner la mascarilla en la cara – dijo María mientras me tumbaba poniendo la cabeza sobre sus piernas. – Y entonces… lo de ir al pueblo de Bea después de los exámenes ¿es para volver a verle? -          Sí – dije intentando no mover mucho los labios ni la cara. -          Desi… sin hablar, por favor… pestañea una vez si es que sí, y dos veces si es que no – me dijo María – Dime la verdad ¿lo habéis hecho ya? Sabía perfectamente a qué se refería… y lentamente, pestañeé una única vez. -          ¿En serio? – ahogó un gritito. Yo volví a pestañear una vez. Lo de no poder hablar me mataba. -          ¿Cuándo vino a Madrid a verte? – siguió preguntando… ¡Mierda! Me había pillado, pestañeé dos veces. Ella abrió los ojos todo lo que pudo con cara de sorpresa. -          ¿Cuándo estuviste allí en julio? – lo preguntó muy bajito, casi en un susurro. Yo no apartaba mi mirada de ella, y pestañeé una vez. -          Pero… ¿por qué no me lo dijiste? – me encogí de hombros. – Desi… sólo me dijiste que os habíais enrollado… ¡Sólo estuvisteis juntos quince días! No lo puedo creer… - le agarré de las manos para intentar tranquilizarla. -          ¿Te obligó? – le apreté su mano para que me mirase porque había separado su mirada de la mía, cuando nuestros ojos conectaron de nuevo, pestañeé dos veces. Me pareció que en ese momento respiró un poco más tranquila. -          ¿Cuántas veces? – aquella pregunta no se podía responder con pestañeos, así que levanté dos dedos… en realidad habían sido dos veces en el pueblo y otras dos veces el día que vino él a Madrid pero no creí necesario dar tantas explicaciones. -          Entiendo que una allí y otra cuando él vino a Madrid – pestañeé una vez. Vaya conversación más difícil… y yo sin poder hablar por la mascarilla de la cara. Me levanté y cogí una libreta de su escritorio. “No se lo digas a mamá, por favor” escribí. -          Dime que habéis usado siempre preservativo – dijo ella. “Sí” escribí en la libreta. -          Ven anda – dijo dando un golpecito en el colchón a su lado – sigamos viendo la peli. Me senté a su lado y me abrazó, con cuidado de no manchar su ropa con mi mascarilla. Poco a poco fui notando que María se tranquilizaba. Cogí la libreta de nuevo y escribí: “Perdona por no haberte contado antes. Me daba vergüenza”. Ella se rio. -          Peque… yo también he pasado por esto… no sientas vergüenza de preguntarme lo que quieras. Sabes que te quiero y no te juzgaría. “Me ayudarías a convencer a mamá y papá de que me dejen ir” escribí en la libreta. -          Vale, pero tienes que decírselo ya, este fin de semana… y en cuanto sepas más notas se las dices también. Cuantas más asignaturas apruebes más fácil será que te dejen ir. Seguimos nuestra noche de chicas en la habitación de María. Lo de la mascarilla en la cara no me gustó nada, según se secaba parecía que tenía barro seco y me daban ganas de rascarme pero cuando María me la quitó tuve que reconocer que me dejó la piel muy limpita y muy suave. Ese fin de semana le dije a mamá lo de ir al pueblo de Bea después de los exámenes y no le gustó mucho la idea; María me ayudó, pero tuve que decirle que en verano había conocido allí a un chico y que quería volver a verle. Mamá puso mala cara y lo único que dijo fue que no quería que tuviese un novio en ese pueblo. Al menos no se había negado en rotundo a que fuese… todo dependía de las notas de los exámenes de recuperación. Bea se puso igual de contenta que yo cuando se lo conté, al menos no habían dicho un NO rotundo. Quedaba una semana, dos exámenes por hacer y al menos dos notas más por saber, quizás tres si el primer examen de esa semana lo corregían rápido. Le pedí a Bea que no le dijese nada a José, yo no le iba a decir nada a Cris, aunque él me preguntaba todos los días por los exámenes y las notas, y de vez en cuando me preguntaba si podríamos vernos cuando pasasen los exámenes, pero siempre le decía que no sabía. El día del primer examen de la semana ya estaban colgadas en los tablones las notas de los dos exámenes de la semana anterior, un 7 y un 6.5, los había aprobado también y ya iban tres de las cinco asignaturas aprobadas, eso me hizo ponerme muy contenta y además el examen de ese día también me salió bastante bien. En cuanto salí del examen llamé a mamá para decirle de los exámenes aprobados y también se puso contenta. Pero no me atreví a preguntarle por lo del fin de semana por teléfono. Cuando llegué a casa comí con María porque mamá seguía en el trabajo, y María se alegró por mis notas. Me dijo que por la noche le preguntaríamos a mamá, ella me ayudaría a convencerla. El plan era irnos el viernes por la tarde y volver el domingo por la tarde. Aquella noche mamá por fin dio una respuesta… a María y a mí nos costó un poco de lloriqueo y de ofrecernos a hacer más cosas en casa y sobre todo tuve que comprometerme a estudiar más el curso siguiente, pero al final mamá aceptó que fuese ese fin de semana al pueblo de Bea, y si mamá aceptaba, papá también. Me fui a la cama muy contenta y le mandé un mensaje a Bea para que lo supiese. Llegó el día del último examen y salí emocionada porque me había parecido demasiado fácil. Además, estaban ya las notas del examen anterior y había sacado un 9 ¿en serio un 9? Había salido contenta pero no pensé que me fuese a salir tan bien… madre mía llevaba cuatro aprobadas y con bastante buenas notas… me quedaba sólo una por saber, pero no me iba a agobiar, ya miraría la nota la semana siguiente, era imposible que estuviesen aquel viernes porque había mucha gente haciendo ese examen de recuperación. La mañana del viernes estuve preparando una mochila con lo que me iba a llevar al pueblo de Bea, era septiembre y hacía más fresco pero sólo iban a ser dos días, así que no era necesario llevar tanta ropa.
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