Cap 10. Nunca me dejarás ser la Desi que quiero ser para ti

2359 Words
Cogimos el metro y llegamos a la zona de discotecas, había que elegir a cuál ir y estábamos indecisas… dimos un par de vueltas a la calle y al final nos pusimos en la cola para entrar a la Disco 2. Estaba sólo a una manzana de nuestra discoteca de siempre, pero ellos no solían venir a esta, así que estaríamos más tranquilas. Casi llegábamos a la puerta cuando Lidia me giró de espaldas a la calle, no supe qué pasaba y pensé que se quería esconder de alguien así que me giré para cotillear y les vi, iban subiendo por la calle… ahí estaban un grupo de ocho o diez chicos, sólo chicos, y entre ellos Borja y Checo. Borja nos vio. Le vi darle un codazo a Checo que automáticamente miró hacia mí mientras Borja señalaba la discoteca de siempre con el dedo. Me puse seria y me giré tapando mi cara con las manos pero mirando a Lidia entre mis dedos un poco separados. Sólo vi a Lidia encogerse de hombros y negar con la cabeza mientras sus ojos seguían en la dirección donde estaban ellos. -          Avisadme cuando se hayan ido por favor – susurré a mis amigas. -          No montes dramas Desi, ya se marcharon – dijo Bea. -          ¿Dramas? ¿qué harías tú si ves a Miguel besándose con otra en tus narices? – le reproché. -          Me da igual, hay más chicos… además Miguel no es de los que se va besando con cualquiera – dijo ella con indiferencia. -          Ya… seguro que no te importaría verle con otra, que tú seguirías tan feliz – le dije sarcásticamente mientras entrábamos en la Disco 2. No teníamos mucho tiempo, pero aún nos quedaba una hora más o menos para echarnos unos cuántos bailes. Bailamos y después de muchas tonterías consiguieron hacerme reír aquella noche. Al final no sería una noche tan desastrosa, conseguí guardar la tristeza que me provocó ver aquel beso bajo unas capas de chistes, bailes y canciones, y cuando salíamos de la discoteca camino del metro para volver a casa iba contenta igual que mis amigas. Íbamos bajando la calle hacia el metro, Bea cantaba y Lidia y yo bailábamos a su alrededor. Bajo una farola que apenas alumbraba había un chico fumando un cigarrillo apoyado en un coche. -          Chicas, ¿puedo hablar con Desi un momento? – esa voz… su voz… sonaba triste. Quería hablar conmigo pero yo no sabía si quería hablar con él. Miré a Bea y a Lidia un par de veces escudriñando sus expresiones y no pude averiguar qué hacer. -          Tú decides Desi – dijo Lidia – pero tenemos que coger el metro en 20 minutos para llegar a casa a tiempo. – Asentí y me acerqué a Checo. Lidia volvió a hablar a unos metros de distancia: – te esperamos aquí. Llegué justo en frente de Checo, pude notar que estaba un poco borracho. -          ¿Lo estás pasando bien en tu cumpleaños? – dije en tono de reproche. No pareció entender a dónde quería llegar – ¿Cuántas copas has tomado? Asintió con la cabeza, parecía que ya lo había entendido. -          Supongo que alguna más de la cuenta – dijo bajando su mirada al suelo. Le dio una última calada a su cigarrillo y lo tiró al suelo pisándolo después. Me miró a los ojos, su cara era triste y yo no sabía qué pensar. -          Desi… – dijo, y puso su mano derecha sobre mi mandíbula acariciando con su pulgar mi mejilla y con los otros dedos mi cuello. Cerré los ojos e incliné la cabeza apoyándola aún más en su mano. -          Lo siento – dijo mirándome a los ojos cuando yo los volví a abrir. Levanté mi mano y agarré su muñeca dándole un suave apretón. Intenté sonreír. -          No tienes que darme explicaciones, Checo. -          Sabía a qué hora te sueles ir a casa y quería verte una vez más – negué con la cabeza, él aún acariciaba mi mejilla. – De verdad que lo siento Desi, no quería hacerte daño, no quería verte sufrir por mí. -          No pasa nada Checo, soy mayor, soy fuerte, soy valiente. Si lo repetía muchas veces en mi mente seguramente terminaría creyéndolo, aunque por segunda vez en la misma noche notaba como mi corazón adolescente se hacía pedacitos. Le di un último apretón a su muñeca y conseguí separar su mano de mi cara. -          Siempre serás mi Desi – dijo triste mirándome a los ojos. -          No lo creo, Checo. Nunca me dejarás ser la Desi que quiero ser para ti. Me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla y él me abrazó. Tuve que hacerme la fuerte para no corresponderle el abrazo mientras él respiraba entre mi pelo y mi cuello. Pese al olor del tabaco de la discoteca, también pude apreciar su colonia, inspiré hondo y grabé ese olor en lo más profundo de mi mente y de mi alma. -          Tengo que irme, no quiero llegar tarde a casa. – Él aflojó un poco el abrazo para dejarme ir. Entonces fui yo la que acarició su mandíbula y mirándole a los ojos le dije – Adiós, mi amor. Y me fui de su lado hacia mis amigas… tendríamos que correr un poco para coger el metro, pero podíamos llegar a tiempo sin problemas. Las chicas no preguntaron nada, pero en cuanto nos sentamos en el vagón de metro una lágrima cayó por mi mejilla, después otra, y otra más. Intentaba dejar de llorar y no podía. No era ningún berrinche, sólo era como si hubiesen abierto un grifo que goteaba, las lágrimas iban saliendo una tras otra, poco a poco, despacio. Por suerte cuando llegamos al barrio ya había podido dejar de llorar. Llegamos a casa de Bea, después a casa de Lidia y ya solo quedaban unos metros más para llegar al portal de mi edificio. Había una pareja besándose un poco más arriba, iba a esquivarles cuando vi que era María. -          Hola – saludé intentando sonreír. María me miró y noté su preocupación. -          Hola Desi, ¿todo bien? – asentí mirando al chico, – este es Pablo. Pablo, mi hermana Desi. Pablo me dio dos besos para saludarme, creo que notó mis mejillas húmedas. -          Chicas, creo que os dejo que entréis a casa. Desi, encantado de conocerte. – Le dio un último beso a mi hermana y oí que le susurró – Creo que necesita hablar. – Nos despidió con la mano y se fue. María no dijo nada, se acercó a mí y me secó las mejillas con sus pulgares. -          Ahora vuelvo. – Tocó al telefonillo del portal de casa. – Mami estoy en la puerta sentada con Desi, en un ratito subimos a casa. El telefonillo se escuchaba un poco mal así que no oí bien lo que dijo mamá, aunque supuse que le pareció bien. María se sentó a mi lado en el escalón del portal. Durante un buen rato no dijo nada, solo me abrazó y acarició mi pelo. Realmente no necesitó decir nada, después de un rato abrazadas empecé yo sola a contarle todo lo que había pasado. Me besó la frente y toda la cabeza como lo hubiese hecho mamá y lo único que dijo fue: -          Checo es un buen tío como amigo, pero no merece que derrames más lágrimas por él, intenta olvidarle y disfrutar de la vida, mi niña preciosa, el amor de los 15 años no suele ser el verdadero amor. Aún nos quedamos un rato más abrazadas, pero estaba refrescando, así que finalmente nos subimos a casa. Por el reflejo en el espejo de la entrada vi que María se llevaba un dedo a los labios pidiéndole a mamá y a papá que no preguntasen nada. Nos fuimos al baño, nos dimos una ducha juntas como cuando éramos pequeñas, María cepilló mi melena y me dijo que me hacía falta cortar un poco las puntas… nos reímos de eso recordando cuando éramos pequeñas y varias veces ella se encargó de cortarme el pelo sin permiso de mamá. Después fuimos a ponernos los pijamas y ella volvió a acostarse conmigo en mi cama. Al cabo de un rato yo ya estaba casi dormida… llorar me dejaba exhausta. Noté que se levantó de la cama y se fue. No había oído a mamá y a papá acostarse, así que supuse que seguían en el salón y seguramente María les contaría algo… no me importaba, prefería no contarlo yo, prefería quedarme en la cama y hacerme una bolita bajo las mantas. Sólo me quedaba una conversación sobre lo que sucedió esa noche y era con mis amigas, pero esperaba que no fuese demasiado pronto. Necesitaba reposar todo lo que había pasado, guardarlo en el fondo de mi memoria y en el fondo de mi corazón. Después de contárselo a las chicas, nunca más volvería a hablar de aquella noche. El lunes pensé que iba a ser difícil en clase. No estaba de humor y menos sabiendo que los amigos de Checo eran nuestros compañeros de clase. Pero tenía que ser fuerte, ellos no tenían por qué saber lo que había pasado, los chicos no solían contarse demasiados secretos. Desde luego si alguien sabía algo, ese sería Borja, pero no quería ni averiguarlo. Lucía sí que me notó diferente, más seria y un poco triste, pero Bea le dijo que ya lo contaría cuando estuviese preparada. Era bueno que Bea y Lidia me conociesen desde pequeñas, a veces no necesitábamos palabras para comunicarnos. Después de unos minutos de que llegase Lucía, noté ruido en las mesas de atrás, pero no quise darme la vuelta, estaba leyendo el tema de química que tocaba para ese día, debía ser la tercera o a cuarta vez que lo leía. Aunque no me giré para saludar, oí que Borja le preguntaba a Bea cómo estaba yo, ella no contestó con palabras pero la vi hacer un gesto con la mano. Fue un día extraño en clase, no hubo grandes bromas por parte de Borja aunque los demás parecían comportarse como siempre… ¿era posible que Borja sí supiese lo que pasó? Los días fueron pasando y llegó el fin de semana siguiente. Decidimos no salir a bailar. Los padres de Lidia se iban al pueblo, así que decidimos hacer fiesta de pijamas en su casa, Roberto se ofreció a ser nuestro chef y prepararnos un montón de cosas ricas para cenar, nos compró un montón de chucherías y helado, y prometió dejarnos solas y no cotillear en nuestra noche de chicas. Mejor, porque tenía pensado contarles a las chicas lo que pasó la semana anterior. Entre risas, películas, juegos, chucherías y helado fueron pasando las horas. Las cuatro estábamos pasándolo genial. Lucía también había venido con nosotras, y las cuatro estábamos divirtiéndonos mucho. Sobre la media noche empezamos a ponernos un poco serias así que aproveché a contarles la historia con Checo. Habían dicho que no iban a opinar pero Lidia no pudo contenerse: -          Ese chico en imbécil… tú también le gustas a él y te hace eso. -          Ya chicas – suspiré. – Dejar de decir que le gusto, por favor. No quiero hacerme ilusiones y va a ser imposible evitarle siempre, pero podemos intentar evitarle lo más posible. Estuvieron de acuerdo. A partir de ese día no volvimos a hablar de Checo. Poco a poco mi humor fue mejorando. Los días iban pasando y también las semanas. Checo seguía viniendo a Madrid algunos fines de semana y quedaba con sus amigos, nos veíamos por el barrio y a veces en la discoteca, seguía saludándome de lejos con un gesto de la mano, pero yo no le devolvía el saludo, a veces le sonreía y otras hacía como si no le hubiese visto, aunque me sentía mal por hacer eso, cuando le ignoraba notaba que él ponía cara de sentirse culpable, pero no volvimos a hablar. Llegó final de curso y las vacaciones de verano. El verano de 1999 le dije a mamá que quería ir más tiempo a casa de los abuelos, así que estuve allí todo el mes de julio entero y la mitad de agosto. Me lo pasaba genial en el pueblo, era un pueblo pequeño y no tenía amigos allí, pero estaban los primos. Podíamos estar todo el día en la calle, con la bicicleta, ir a la piscina al pueblo de al lado, o ir a bañarnos al río. No tenía muchas ganas de estar en Madrid y ver a la misma gente de siempre. Echaba de menos a mis amigas, pero nos escribíamos cartas todas las semanas. En la última carta que me llegó de Lidia me contó que un día Bea y ella habían quedado con Borja y Miguel en el parque, por fin Bea se había enrollado con Miguel y mientras se iban a besuquear al lago ella se había quedado hablando con Borja y que él preguntó por mí, al parecer Checo le dijo que intentase averiguar si yo le había perdonado. Pufff… no supe qué pensar al leer eso, aunque tomé la decisión de intentar volver a la normalidad y eso significaba ser aún más fuerte y madura, devolverle el saludo cuando él saludase e incluso ser la primera en saludar alguna vez. Respiré hondo y grabé la nueva decisión en mi mente. Al llegar a Madrid guardé todas las cartas de mis amigas en mi cajita de los tesoros, y volví a ver las notas que Checo me escribió el último curso “…echaré de menos tus colores…” y “…recuerda que no te dejaré sola…”. Mi corazón se aceleró, y tuve que respirar profundo un par de veces para calmarme. “¿Será verdad que Checo le pidió a Borja que cuidase de mí?” pensé… pero justo después sacudí mi cabeza para desechar ese pensamiento aunque seguía teniendo la sensación de que aquello era cierto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD