Ya solo quedaba un curso del instituto pero era el más duro… además de tener que aprobar el curso, después había que hacer la prueba de acceso a la universidad. Yo ya tenía claro lo que quería estudiar, la carrera de Bioquímica, pero era como una especialidad y tenía que elegir otra carrera para empezar y después del tercer año cambiarme a Bioquímica… había muchas posibilidades para hacer esos tres primeros años, así que no me agobiaba mucho la universidad. Tenía muy buenas notas en todos los cursos del instituto y mi objetivo era que este último curso fuese igual de bien.
Ese curso éramos menos en clase. No sabía qué había pasado pero hubo gente que se fue del instituto después del tercer curso, quizás no querían ir a la universidad… en ese caso era normal, porque este curso era sobre todo preparatorio para el acceso a la universidad. Bueno, ya éramos mayores y cada uno tenía que decidir hacia donde orientar su vida. Entré a clase sola porque Bea se quedó en la puerta con Miguel, decidiendo si se sentaría con Lucía y conmigo como el año pasado o si se sentaría con su nuevo novio. Cuando entré en clase Lucía ya estaba sentada en primera fila al lado de un chico alto y delgado, aunque se notaba que estaba fuerte. Era repetidor de este curso. Por suerte no le reconocí como uno de los amigos más cercanos a Checo, aunque sí que le conocía de verle con otro grupo.
Después de saludar a Lucía, él asomó su cabeza por detrás de la de mi amiga.
- Hola, soy Agus.
- Desiré, bueno… Desi – sonreí mientras sacaba mi cuaderno y mi estuche.
El curso anterior Borja, Miguel, Luis y las chicas habían seguido pintando con mis rotuladores en mi estuche y ahora estaba lleno de firmas, fechas y dibujitos en miniatura.
- ¡Guau! ¿Coleccionas firmas? – dijo cogiendo mi estuche mientras se reía… me encogí de hombros y Lucía sonreía divertida – ¿Puedo yo también?
- Como quieras, pero no pintes encima de nada. No me gustaría que se emborrone nada de lo que hay – dije intentando estar tranquila.
- No sabía que habíais coincidido con Checo – dijo mientras hacía un dibujo con su nombre.
Yo ni siquiera contesté. Lucía me miró seria y yo solo negué con la cabeza. Al final ella contestó:
- Yo no, entré nueva el año pasado. Pero Desi fue su compañera de clase en primer y segundo curso.
Me extrañó no ver a Borja en clase, pero cuando la nueva tutora pasó lista ni siquiera le nombró ¿había dejado él también el instituto? Bea y Lidia no me habían dicho nada. Volvió a mi mente la idea de que el año pasado Borja era de parte de Checo. ¿Ya no necesitaba que nadie me salvase o acaso ya dejé de importarle? No podía ser… intenté borrar ese pensamiento de mi mente, a mi cabeza venían recuerdos de sus ojos mirándome aquel día en el parque, feliz de ver cómo había cambiado, y acto seguido venían imágenes de sus ojos mirándome con tristeza, como si nos separase un abismo… volví a sacudir mi cabeza para sacar esos pensamientos. “Tranquila Desi, quizás por fin se dio cuenta de que has crecido y ya no necesitas un escudo frente al peligro”. Intentaba repetir eso en mi mente, seguramente si lo repetía mucho terminaría por creérmelo, aunque la verdad yo ya me sentía así, me sentía fuerte, valiente, decidida y madura. Sólo flojeaba al acordarme de él, del chico al que le entregué mi corazón sin darme cuenta, del chico al que quise entregarle mi primer beso, ese primer beso que aún no había llegado. Tenía casi 17 años y aún no había besado a ningún chico, todas mis amigas ya habían tenido algún novio pero yo no, y la verdad no me preocupaba mucho, ya llegaría el momento, ahora mi corazón no estaba para amores… quizás porque mi corazón aún no había vuelto a mí por completo, se quedó aquella noche con él, en aquel último abrazo… Otra vez estaba pensando en él. Había pasado todo el verano prácticamente tranquila, con mi mente ocupada en otras cosas, pero el primer día de clase no podía dejar de acordarme de él… el curso no empezaba bien.
Los días fueron pasando. Nos enteramos de que Borja había cambiado de instituto a otro que estaba más especializado en lo que él quería estudiar después en la universidad pero también estaba en Madrid, así que nos seguiríamos viendo.
En este curso en clase había más chicos que chicas, por suerte ya nos habíamos librado de gimnasia, y yo me sentía feliz por eso. Bea siempre estaba con Miguel, y Lucía y yo hicimos grupito con Agus, David y Dani, nos lo pasábamos genial en clase con ellos, David y Dani se sentaban en segunda fila detrás de nosotras. Nos llevábamos muy bien porque los tres eran a la vez graciosos y a la vez serios en clase. Se notaba que los tres estaban repitiendo curso. Yo sabía que David era del grupo de Checo, pero él nunca dijo nada sobre él así que supuse que no sabía nada y prefería que fuese así.
Lidia empezó a salir con un chico de mi clase que se llamaba Juan. Llevaba en mi clase desde primero pero yo había hablado poco con él aunque parecía simpático y agradable, y era buen estudiante. Jugaba baloncesto igual que Agus. Cuando empezaron a salir juntos, Juan se fue acercando al grupillo que yo tenía en clase y se cambió de sitio para sentarse con David y Dani. Al final parecía que el último curso podría llegar a ser agradable.
Las clases pasaban con muchos deberes, mucho que estudiar y muchos exámenes. En los recreos y ratos libres nos juntábamos todos con muy buen ambiente. Lidia y Juan tenían una relación más sana que Bea y Miguel, o eso me parecía a mí… Bea y Miguel no se separaban ni a sol ni a sombra, juntos en clase, juntos en los ratos libres, los fines de semana siempre quedaban juntos, ellos solos, con el grupo de Miguel o con nosotras, pero siempre iban juntos… eran demasiado empalagosos. Lidia y Juan eran diferentes muchas veces estaban juntos, pero también hacían planes por separado Juan con sus amigos y Lidia con nosotras. Por eso me gustaba más la relación que tenía Lidia con Juan.
Pasaron las semanas y los meses y cambiamos del año… por fin el año 2000, aún quedaba mucho tiempo para mi cumpleaños, pero este año cumpliríamos 18 años y seríamos mayores de edad. Mi vida no iba a cambiar demasiado porque yo quería seguir estudiando después del instituto, pero ya nadie me volvería a decir que era pequeña.
Los fines de semana seguíamos saliendo a bailar. En época de exámenes sólo salíamos los sábados a bailar, pero si no había exámenes salíamos los viernes y los sábados. Seguíamos yendo mucho a la discoteca donde iba la gente del instituto, pero algunos días nos íbamos a otra discoteca o a una zona donde había pubs más pequeños en los que también se podía bailar. A veces veíamos al grupo de Checo por el barrio o en la discoteca. Yo había vuelto a saludarle como me propuse en verano, pero solía hacerlo desde lejos, con un gesto de la mano y alguna sonrisa. Él solía responderme casi siempre, y las veces que no lo hacía yo prefería pensar que no me había visto. En el barrio sólo le veíamos con los chicos de su grupo, pero en la discoteca a veces veíamos que estaban también con chicas. Era normal, todos habíamos crecido y ellos estaban cada día más guapos y más buenos, muchos de ellos hacían deporte de forma habitual así que tenían los músculos marcados y eso les gustaba a muchas chicas.
Alguna vez volví a ver a Checo con la rubia aquella… pero solo un par de veces. Mis amigas y yo seguíamos bailando en el escenario de la discoteca y ellos seguían poniéndose en la pista baja. Si veíamos que muchas chicas se acercaban a ellos, nosotras intentábamos hacernos notar con nuestros bailes en el borde del escenario, como si fuésemos las únicas y ellos se fuesen a fijar en aquella acción celosa. Cuando Juan salía con nosotras le hacía mucha gracia todo aquello, no sabía si Lidia le había contado algo, creía que no pero el pobre tampoco decía nada… sólo ponía los ojos en blanco diciendo que ya empezábamos a marcar el territorio y eso siempre nos hacía reír porque nosotras no marcábamos ningún territorio, solo intentábamos que una persona en concreto nos mirase, o más bien me mirase.
Un día salimos Lucía, Bea, Lidia y yo con María y sus amigas Natalia y Rosi. Íbamos a ir a cenar y después cuando fuésemos a bailar se vendrían con nosotras Juan, Miguel y Pablo (el novio de mi hermana). Quedamos con ellos directamente en la discoteca, y cuando llegaron ahí nos vieron a las siete en el borde del escenario bailando Livin’ la vida loca de Ricky Martin. Cruzaron la pista de baile riéndose mientras nos miraban hasta que se pusieron justo debajo del escenario pidiéndoles un beso a sus respectivas novias. Fue una escena muy graciosa, aún no había demasiada gente en la discoteca, pero después de aquella escena todo el mundo nos miraba.
María y Bea se sentaron en el borde del escenario para que Pablo y Miguel las bajasen a la pista con ellos; sin embargo Juan subió al escenario, se acercó a saludar al DJ y luego agarró a Lidia por la cintura poniéndose a su espalda y bailando con ella mientras intentaba seguir nuestro ritmo. Nos reímos muchísimo, pero al final resultó ser un gran bailarín y nunca nos lo había demostrado. Pablo se llevaba bien con los novios de mis amigas, así que podíamos salir juntos de vez en cuando y había muy buen rollo entre todos. Después de un rato Bea y María volvieron a subir a bailar con nosotras mientras los chicos iban a por unas bebidas.
Vimos llegar a los amigos de Miguel, Checo venía con ellos, y lo mejor era que sólo venían chicos. Estaba guapísimo, mi corazón dio un vuelco cuando le vi y perdí el ritmo de la música, aunque intenté no dejar de bailar. Desde donde estábamos me pareció que se estaba dejando un poco de barba, estaba serio y ambas cosas juntas le hacían parecer más mayor, recordé que pronto sería su cumpleaños y serían ya 20 años. Le vi bajar las escaleras mientras miraba al escenario donde nosotras bailábamos Waiting for tonight de Jennifer López. Yo solía ir a bailar en vaqueros, pero ese día me había puesto un vestido que mamá me regaló para Navidad, me llegaba por la mitad del muslo y tenía un poco de vuelo, mangas hasta el codo y escote en pico, María decía que realzaba mi figura.
No le saludé para no perder el ritmo con mis amigas, pero nuestras miradas se cruzaron un par de veces. Al finalizar la canción le vi sonreírme y le devolví la sonrisa. Levantó su mano en un saludo más tímido que otras veces y después apoyó su mano en su pecho, sobre el corazón. ¿qué significaba eso?
Me di una vuelta completa haciendo moverse la falda de mi vestido y mi melena suelta. Después Lidia me agarró de la mano y haciéndome dar otra vuelta completa para enganchar el momento con el baile de la siguiente canción. Miré de nuevo a Checo y seguía mirándome mientras sonreía. Aparté la mirada para seguir bailando con mis amigas, aunque vi que Miguel y Juan se iban hacia la pista de baile y se llevaban a Pablo con ellos. Seguramente fuesen a estar un rato con los amigos de Miguel.
La noche fue pasando entre bailes, risas y miradas desde lejos. Me encantaba salir a bailar pero seguíamos teniendo hora de llegada a casa. Aunque cuando salíamos con María y Pablo, mamá y los padres de mis amigas nos dejaban llegar un poquito más tarde a casa porque nos acompañaban ellos. Cuando llegó el momento de irnos, Natalia y Rosi se quedaron bailando, y Miguel y Juan se quedaron con los amigos de Miguel, pero los demás nos fuimos hacia el metro para volver a casa. Aunque me hubiese gustado quedarme más rato bailando, estaba feliz e iba todo el rato sonriendo. Me senté al lado de Pablo porque María siempre se sentaba encima de su novio, las chicas iban sentadas enfrente. Íbamos cantando y riéndonos, recordando cosas que habíamos hecho o que habían pasado durante la noche. Yo no dejaba de reírme, escuchaba a mis amigas pero sus palabras no calaban del todo en mi cabeza porque mi mente seguía recordando todas las veces que mi mirada se cruzó con la de Checo.
María me sujetó la barbilla con sus dedos y giró un poco mi cabeza para que la mirase. Ella sonreía aunque me pareció que era una sonrisa triste.
- Aún te gusta mucho, ¿verdad? – dijo.
No supe qué contestar, así que mordí mis labios y suspiré.
- Parece un chico majo – dijo Pablo.
- Sí, majo pero imbécil – se rio María, – hizo llorar a mi hermana y eso nunca se lo perdonaré.
- María… – le puse ojitos de cachorro. – Puedo manejarlo mientras mantengamos distancia.
Ella se acercó a mí y me beso en la frente.
- Mi pequeña sigue creciendo – dijo mirando a Pablo. Después me miró a mí – Sigue luchando por recuperar tu corazón, ni él ni nadie merece tus lágrimas.
Esa era mi vida de adolescente: ir a clase, estudiar, salir con mis amigos y por supuesto un amor imposible. ¿Qué sería de mí como adolescente si no tuviese un amor imposible? Las películas americanas nos hacían pensar que todos teníamos ese primer amor e incluso en los casos que parecía imposible acababa por hacerse realidad. Aunque yo no estaba muy segura de aquello, el mío no podría hacerse realidad. Quise olvidarle y no pude… debía aprender a recuperar mi corazón como decía María, se lo di todo a él y él no se lo merecía, así que tendría que recuperarlo como fuese, o al menos recuperar lo máximo posible. También tendría que aceptar que él siempre ocuparía un sitio en mi corazón, pero tenía que planear un sitio pequeñito para él, de forma que me dejase volver a fijarme en otro chico, quizás en alguien que sí mereciese la pena.