05 - Preocupaciones y sospechas.

1717 Words
Hera. Me despertó la voz de Louisa anunciando la cena. Con pesadez me levanté de la cama y sujeté mi cabello, para después salir de la habitación y bajar por las escaleras he irme en dirección al comedor. Allí se encuentra la cena ya lista y la rubia oxigenada que mi padre la hace llamar novia. Es alta, ojos azules, cabello rubio. Es una chica de 29 años de edad, contextura delgada y su voz chillona me da cáncer en los oído. Me senté en mi puesto de siempre y miré mi plato con la rica cena. —Hola, Beatrice ¿Como estás? Es un placer tenerte en mi casa y te doy la bienvenida, esperemos nos llevemos bien y que te agrade la casa, también que te sientas cómoda —tome una bocana de aire para continuar con mi discurso —. Si necesitas algo puedes decirme, yo estaré a tu servicio para ayudarte y espero nos llevemos bien — me detuve sujeté mis cubiertos y alcé la mirada hasta ella para luego sonreír. —Pareciera que lo hubieses ensayado —mi padre habló en italiano mientras alza la cejas y mirá su comida. —Me dijiste que le diera la bienvenida —me encogí de hombros. Obviamente la única en la mesa que no entendería sería Beatrice ya que no sabe italiano. —Bien, Hera ¿Cómo estás tú? —ella me regaló un sonrisa hipócrita. —Muy bien —bajé la mirada hasta mi comida que por alguna razón me hizo arrugar la nariz. —Te veo más rellena —comentó. De inmediato subí la mirada y la observé con el rostro fruncido —Y tú estás muy flaca —deslicé una sonrisa sin ganas —. Deberías alimentarte más. Todos permanecieron en silencio mientras nos miran. —¿Y como te fue el viaje? —escuché que Louisa habló para romper el momento incómodo. —Bueno… Muy bien —ella tomó un poco de vino de su copa de cristal que en la orilla tiene una franja dorada. Todas las copas de la casa son así —. Ya sabes en primera clase todos es tranquilo y cómodo. Sonreí por dentro al darme cuenta que mi padres no la mando a buscar en uno de sus Jet privados. —Que bueno —esta vez hablé yo. La rubia asintió mirando con atención. —Hera, puede llevarte a conocer un poco más la ciudad el día de hoy —espetó mi padre lanzándome una mirada. No me queda de otra. Tengo que acostumbrarme que ahora en adelante viviré con ella y que será mi madrastra. Deslice una pequeña sonrisa mirando mi comida que está intacta —Claro que si, Beatrice, no hay problema. —Esta bien —ella sujetó la mejilla de mi padre y acaricio su barba pulcra y rebajada —. Gracias cariño. La cena continuó. Yo solo probé un poquito y me dieron nauncias. —Creo que comí muchas manzanas —comenté mirando la comida —. No cenaré —deslicé el plato lejos de mi. —¿Estás bien? —inquirió Louisa mirándome con atención. Asentí rápidamente —Si, si lo estoy. Es que creo que comí muchas manzana —me levanté de la silla —. Si me disculpan iré a cambiarme —esta vez miré a Beatrice —. Dentro de veinte minutos bajó. Dejando dicho eso me alejé del comedor y subí nuevamente a mi habitación. En cuanto entré me fui al closet y busqué un vestido adecuado para la salida. Al final escogí uno de color verde oscuro. El verde es mi color favorito. Las paredes de mi habitación están pintados de verde y blanco, se ve hermoso. Después de colocarme el vestido con toda la pesadez del mundo me senté frente a la peinadora y peine mi cabello largo y después me coloqué perfume que no puede faltar. Al estar ya en la plata baja me fui en busca de Beatrice quien posiblemente esté en el despacho con mi padre. Al tocar a la puerta, escuché la voz grave de mi padre decir un ¡Adelante! Abrí la puerta y pude ver a la rubia sentado sobre el regazo de mi padre mientras él sostiene sus cintura y en su otra mano tiene un cigarrillo de tabaco, encendido. —Ya estoy lista ¿Nos veamos? —cuestioné con tranquilidad. Créanme que por dentro estoy muriendo en de los celos. Soy extremadamente celosa con mi padre. Ella dejó un corto beso en los labios de mi padre y se levantó de sus piernas. —Vamos. —Conduce con cuidado, Hera —advirtió él. Hice una afirmación. —Claro, papá. Beatrice y yo salimos de la casa. Ya Vicense se encuentra frente a está con mi auto n***o. —¿Ese Lamborghini es tuyo? —inquirió ella perpleja. Caminé tranquilamente a su lado. —Si, es todo mío. Me detuve frente a Vicense y el me entregó las llaves. —Gracias, Vicense —le agradecí en italiano. —De nada, ¿Pasaremos con tu madrastra? —él sonrió con diversión. Asentí—No me queda de otra y no es mi madrastra es solo, Beatrice. Él soltó una risita. Subí al asiento del piloto y él hombre subió en el asiento a mi lado, así que ha Beatrice le tocó en el asiento trasero. Sin perder tiempo comencé a conducir a recorre las calles de Cambridge y coloqué una de mis músicas preferidas a todo volumen. Intenté entablar una conversación con Beatrice pero ella siempre hace comentarios chocantes referentes a mi madre, cosa que detesto y esa es la razón del porque no me agrada está mujer. Siempre saca una conversación de los vestidos de marca que le gustan y otras cosas en donde se refleja la palabra dinero. Fuimos a comer helado en una heladería de la ciudad muy conocida y de calidad. Gracias al cielo tengo a Vicense siempre conmigo. Aunque él la mayoría de las veces está por su lado cuidándome en este caso le pedí que se sentara con nosotros. —Y dime, Beatrice… —con mi cuchara agarré helado —. ¿Sigues pintando? —comí de mi helado de fresa. —Si. Es algo que me gusta hacer desde pequeña —ella sonrió con alegría. —Qué bueno —volví a comer helado. —¿Y tú sigues practicando voleibol? —me miró con atención. —No, me estoy enfocando en los estudios —lamí mi mis labios. —Cierto ¿Qué es lo que estudias? —cuestionó. —Psicología. Ella afirmó lentamente —¿Te gusta? —Por supuesto —aseguré. —Muy bien. Continuamos comiendo de nuestros helados en silencio. —¿Y no tienes novio? —inquirió ella mirándome fijamente. Negué —No. —¿No piensas casarte algún día? —levanta sus cejas mientras me miró. —No lo sé… La verdad no pienso en eso. —Ya tienes 22 —sonrió ella con burla —. Deberías ya irte de casa ¿No crees? Esa idiota me está corriendo de mi casa en mis propias narices. Ladeé mi cabeza y miré a Vicense quien come tranquilamente de su helado. —¿Escuchaste lo que está mujer acaba de decir? —Por supuesto, señorita Hera. Observé a Beatrice que come tranquilamente aún con rastros de esa sonrisa burlona en sus labios rosa. —Mi padre y yo nos amamos y él está feliz conmigo en la casa —alejé mis manos de la cuchara. —Pero no te va necesitar ya —ella sonrió —. Además ya eres una mujer, Hera, ¿no crees que deberías ya vivir sola o tener ya tu propia casa? Tragué con suavidad aún mirándola y con al servilleta limpie la comisura de mis labios dando dos toques y al mismo tiempo temblando de la rabia. —Salgamos a dar un vuelta por las calles —me levanté de golpe aún mirándola —. Ha eso vinimos —solté con disgusto. —Pero aún no termino mi helado. Comencé a caminar tranquilamente —No me importa. Sin decir nada más me retiré de la heladería y después pude escuchar sus paso tranquilos detrás de mi. Caminábamos varias calles y visitamos uno que otro sitios después volvimos al auto nuevamente para irnos a casa. Al llegar bajamos Vicense se encargó de guardar el auto y yo entré junto con la susodicha. Siempre al entrar en casa se puede apreciar el gigante cuadro muy bien pulido y trazado en donde se encuentran mi madre, mi padre y mi yo de nueve años. Cuando tenía diez ella murió y es algo de que nunca me voy a olvidar, yo la amo así como ella a mi. Mi madre y yo éramos muy unidas y la extraño demasiado. Amo a mi padre pero el algunas veces es algo soberbio y su carácter es muy fuerte. Pude escuchar que Beatrice de detuvo a mi lado y suspiró. —Hermosa pintura ¿No crees, Hera? —La mejor —aseguré. —Lastima que pronto la bajaremos de allí. Giré mi rostro como el exorcista al escuchar las barbaridad que está diciendo y la observé en silencio. Separé mis labios ligeramente —Tu jamás vas suplantar a mi madre y eso cuadro se va bajar sobre mi cadáver —la miré de arriba abajo con desagrado. Ella simplemente sonrió con malicia —Ya lo veremos —luego se retiró. Me quedé unos minutos mirando el rostro se mi madre. Me parece mucho a ella. Mi padre tiene tanta razón cada vez que dice eso, la diferencia es que su cabello si era más claro que el mío. Las semanas en la casa fueron estresantes para mí ya que comenzaba a convivir realmente con Beatrice, quien siempre se encargaba de hacerme molestar pero yo no sigo su juego, simplemente la ignoro. Hera Ambrosetti estaba preocupada y no por la presencia de la novia de mi padre. Si no por otra cosa peor que estaba comenzado a sospechar y espero que no sea lo estoy pensando, porque si es así. La familia Ambrosetti estará envuelta en un escándalo por mi culpa y mi padre probablemente me va a odiar porque algo como eso no me lo va a perdonar.
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