Mateo estaba pálido, ver al pequeño Omega frágil, en el piso, inconsciente, le hizo recordar aquellos terribles días en que estuvo a punto de perderlo, corrió a levantarlo del piso, lo cargó en sus brazos como si se tratara de un delicado objeto de cristal, llegó desesperado a la enfermería, la encargada lo hizo salir, en ese instante notó no estaba solo. - ¿Tanto lo amas? -le preguntó, su corazón se había deshecho de ver la escena, sus sentimientos por Mateo no habían cambiado a pesar de los años. - ¿Tanto se me nota? -Mateo sonrió tímidamente- es la primera vez que me atrevo a decir que es mi vida entera. - Mateo, me duele oír eso. -Lo dijo con dificultad, los años habían pasado y nunca habían vuelto a hablar del tema. - La vida fue injusta con lo que sucedió entre nosotros. -contes

