El rey Bastian fue a su habitación con Gabrielle tomados de la mano, y cuando entraron a los aposentos, el rey cerró la puerta consigo viendo como su luna ya estaba quitándose todas sus joyas, pero su esposo se acercó a ella diciéndole: —No te las quites… —pide el rey Bastian yendo hacia Gabrielle para atraerla hacia él sujetándola por la cintura —me gusta verte adornada con oro y piedras preciosas —dice el rey Bastian apartándose de Gabrielle quien de inmediato responde: —Esta bien, entonces no me las quitaré —responde la chica con su vista en alto, observando al rey Bastian que le sujetó el mentón con suavidad y así le alzó el rostro solamente para darle un beso lento y profundo. El rey Bastian movía su lengua como todo un experto de una manera tan fascinante, profunda y apasionada, q

