Capítulo 1
MAX
Al día siguiente después de lo ocurrido, lo primero que hago antes que cualquier otra cosa, es entregar a mis hombres la grabación del evento de la galería de arte. Necesito tenerla a mi lado y eso pasará…hoy mismo. Llamo a Jerry y viene enseguida como siempre que requiero algo de él, es bueno tenerlo como mi hombre de confianza.
—Buenos días, usted dirá señor—dijo él—debe necesitar de algo muy importante y por eso estoy aquí tan temprano.
—Buenos días, Jerry—respondí—así es, te entrego esa cinta y necesito dos cosas: la primera que investigues quién es ella y la segunda que será la más difícil que me la traigas esta noche a mi presencia.
—¿Está misma noche? —preguntó incrédulo—es muy pronto para eso, señor.
—Por eso te lo encargo a ti, porque sé que nunca me defraudas y necesito que hoy te dediques a eso ¿cuento contigo?
—Sí, señor.
—Por último, necesito tener noticias de lo que investigues antes de mediodía ¿será posible?
—Todo es posible, las tendrá señor. Ahora con su permiso, me retiro.
—Gracias.
Me sentía con mucha inquietud dentro de mí, estaba como un león enjaulado y apenas si podía pensar. Estaba desesperado porque llegara el mediodía y saber al menos algo de ella, lo que fuera. Esa mujer se me había metido bajo la piel sin proponérselo y eso me molestaba de mi mismo. Yo nunca pierdo el control por ninguna mujer y eso que toda la vida, me han sobrado mujeres hermosas y ahora, es ella, una bella desconocida la que me tiene como un loco pensando en ella y en cómo se sentirá tocar su piel.
—No pienses en ella, Max—me dije—no por ahora. Mantén tu mente ocupada.
Me senté a desayunar y en ese momento, me avisan de la visita de mi hermana, la causa por la que anoche estuve en esa galería de arte. Ella nunca me visita tan temprano, pero ahora más que nunca, me interesa recibirla apenas es anunciada. Ella llega con su alegría característica y me saluda, antes de sentarse a la mesa conmigo.
—Maxi, ¿cómo estás hermanito? —su alegría es evidente—no sabes lo bien que me fue anoche en la exposición y, por cierto, te pienso reclamar porque no te despediste de mí.
—Me dolía la cabeza, Helena—respondí—pero, todo bien con tu exposición. Compré varios de tus cuadros y deben traerlos en esta semana. Muchas felicidades, estoy orgulloso de ti.
—Gracias, hermanito. Sabes, sé que es el inicio de mi carrera como artista y eso me emociona—dijo feliz—mira, te enseño las fotos del after party, ya que no te quedaste.
Tomé el teléfono de mi hermana como si de vida o muerte se tratara, algo me decía que ahí podía ver a esa hermosa mujer, pero mientras pasaba de una foto a otra, me di cuenta que eso no era posible. Ella se había ido de la exposición antes que yo, seguía estando como antes, con solo esa cinta y con mi hombre de confianza buscándola. Mi hermana notó mi inquietud, ella siempre fue muy perspicaz.
—Parece que no has encontrado algo que buscabas, Maxi—dijo ella haciendo un puchero—o es que ¿te interesó alguien de ahí? Dime quién.
—No Helena, nada de eso. Sabes que esos eventos son de lo más aburridos, pero tú no has venido a hablar conmigo de eso. Ahora sólo quiero preguntarte ¿cuánto vas a querer esta vez?
—Lo que sea tu voluntad, con todo el dinero que gasté en organizar ese evento, me he quedado corta de efectivo y ahora solo dependo de ti y de tu generosidad.
—Claro, cuentas conmigo. Como siempre.
Terminamos de desayunar y fui a mi despacho para darle un muy buen cheque a mi hermana, nunca escatimaba cuando se trataba de ella. Era mi adoración y la mujer más amada por mí, al menos hasta anoche. Al irse mi hermana, me puse a hacer unas cosas de mis negocios y se me fue parte de la mañana, tanto que, al mediodía en punto tenía a Jerry en la puerta de mi despacho.
—Señor, aquí tiene lo que me ha pedido—dijo Jerry dándome la información—también quiero decirle que ya la he localizado.
—Muy bien, Jerry es por eso que te tengo—sonreí maliciosamente—ahora, lo más importante ¿a qué hora la tendré aquí conmigo?
—Al anochecer, al menos necesito un poco de tiempo. Secuestrar a alguien, nunca es tarea fácil—sonrió entre dientes—pero, la tendrá. Es un hecho.
—Eso lo sé y a ti, te espera una excelente comisión. No escatimes en nada, soborna y haz lo que sea para que esta noche, ella esté aquí conmigo. Llévate a todos los hombres que necesites, cuento contigo.
—Claro, señor. Permiso.
—Es propio.
Apenas se fue Jerry, dejé lo que estaba haciendo y me puse a revisar la información que me trajo, la abrí desesperado como alguien sediento que busca el agua en medio del desierto. No entendía la ansiedad que ella me provocaba, aunque solo la había visto una vez y por poco tiempo. Leí la información con detenimiento. Se llama Sofía Linares, tiene 19 años y es estudiante de diseño de modas en la universidad. Apenas si lo podía creer, hija de papá soltero y con un hermano y una hermana, ambos mayores que ella. Por otro lado, tiene un noviecito, Sergio. Lástima que a eso le quedan solo horas, pensé. Jerry es todo un profesional, me trajo todo tal cual se lo he pedido y solo quedaba esperar a que pasara este día para tenerla a mi lado. Salí a tomar el sol, después a jugar tenis y a cerrar unos negocios más sobre una carga que tenían que enviar esta noche.
Mi tarde pasó volando y cuando menos lo esperé, ya era de noche. Me apetecía un buen trago que me quitara la desesperación. Por mi mente pasó, de manera fugaz que Jerry por algún motivo no pudiera traerme a la chica, pero me calmé al instante. Él llevaba conmigo desde que mi padre lo asignó y hasta ahora, nunca me había fallado y como si lo estuviera invocando, él se presentó ante mí y se sirvió un trago para acompañarme. Su expresión facial lo decía todo y su sonrisa lo delataba, ella estaba aquí y solo pensarlo hacía que por mi cuerpo corriera adrenalina y electricidad.
—Señor, ella está aquí—dijo Jerry orgulloso—la he dejado en el recibidor. Aún debe estar bajo el efecto del sedante.
—Gracias, Jerry. Hoy te has ganado el cielo—brindamos por eso—sabía que lo ibas a lograr. Ahora, si me disculpas iré a verla.
—Adelante, señor.
Fui al recibidor donde ella estaba sentada, tal y como la había dejado Jerry, Se veía más hermosa que anoche, sus ojos cerrados, sus pestañas enormes y rizadas, su cabello rubio despeinado tapándole parte de su rostro y ese aire de inocencia que me volvió loco anoche y que me alteró ahora, tanto que, no pude contenerme y deslicé mi mano por su piel de seda y al tocar sus labios, ella se sobresaltó y abrió de golpe sus ojos. Esos ojos verdes preciosos que me habían hechizado anoche, ahora me miraban con desconcierto y … con miedo.
—¿Dónde estoy? —preguntó nerviosa—¿quién eres tú?
—Tranquila—tomé su mano—bienvenida a tu nueva vida, estás conmigo y estás en el lugar más seguro del mundo.
—¿Quién eres? —me gritó muy alterada—quiero irme a mi casa, yo no te conozco y no quiero estar aquí contigo.
Sofía no sabía que eso que estaba haciendo, no se lo pensaba permitir. Nadie me levanta la voz, ni por error, mucho menos en mi territorio del cual ahora ella forma parte. No importa lo que haga y cuanto se resista, a partir de esta noche, ella es mía y me pertenecerá hasta el fin de nuestros días.